Wilmer Herminio Cortés nació en Lepaera, Lempira, y es uno de los líderes de este grupo de hondureños que labora en la granja Nature Fresh.
Cuenta que al inicio gastaban mucho dinero en la compra de la comida, pues la compraban hecha, pero ahora todos cooperan para cocinar y “ahorrarse unos cuantos centavos”.
Wilmer es de los pocos afortunados que ha logrado participar en estos programas de trabajo temporal en más de una ocasión.
En la primera oportunidad estuvo en Montreal, Canadá, en el año 2010.
Desde ese primer viaje la vida de Wilmer y la de su familia comenzó a dar un giro favorable.
“Primero compré un solar, luego construí mi casita y ahora tengo planes de comprar otro solar para el futuro, para dejarle algo más a mis hijos”, comparte Wilmer.
Este hondureño es incapaz de esconder o disimular la alegría y el orgullo que llenan su corazón mientras cuenta su historia.
Sus ojos brillan como el agua de un lago con noche de luna llena, pero su sonrisa es más fuerte y se impone, para luego decir que “mi niña, ella es la que me sirve de inspiración para continuar haciendo este sacrificio”.
Su esposa es un gran aliciente en la distancia. Lo apoyó desde un inicio en esta decisión. “Ella sabía que nuestra situación era difícil, ella tenía muy claro que debíamos hacer un sacrificio para salir adelante y aquí estamos”.
“Ahorro cada centavo”
Wilmer recuerda que “yo trabajé en la agricultura, ganaba cien lempiras diarios, días trabajábamos otros no... A veces sacaba 300 o 600 lempiras a la semana y solo para el día y gracias a Dios encontramos este programa”.
Wilmer dice que conoce lo difícil que puede ser no “llevarse un bocado a la boca” y por eso en la cocina del cuartel hondureño no se desperdicia nada.
Ellos hacen las tortillas, cocinan los huevos, hierven los frijoles, cocinan la carne y le sacan hasta el último jugo a cada centavo.
“No estoy dispuesto a pasar lo mismo, estoy ahorrando hasta el último centavo, porque así como aquí se gana en dólares, también se gasta en dólares... y las cosas son caras”.
Lo más difícil es el clima para la adaptación, “pero ya a medida uno va trabajando y le va agarrando al asunto, uno nivela el cuerpo y se adapta muy rápido”.