Tegucigalpa, Honduras.- El Programa de Educación para la Paz (PEP) continúa transformando la vida de miles de personas privadas de libertad en Honduras, a través de una iniciativa impulsada por Liquidámbar en alianza con el Instituto Nacional Penitenciario (INP) y The Prem Rawat Foundation.
De acuerdo con Pamela Ayuso, presidenta de Liquidámbar, el programa ha alcanzado a 6,031 internos en años anteriores y en lo que va de 2026 suma 2,499 participantes adicionales, desarrollándose en centros penitenciarios como PNFAS, Comayagua, Siria, Danlí, Morocelí, Juticalpa, Ilama, El Progreso y centros de máxima seguridad.
El PEP se estructura en diez módulos enfocados en valores como dignidad, esperanza, claridad y fuerza interior, con el objetivo de promover la reflexión personal, la responsabilidad y la reconstrucción del proyecto de vida de los participantes.
Uno de los elementos destacados del programa es la formación de internos como facilitadores, quienes replican el conocimiento dentro de los centros penitenciarios. Actualmente, 450 privados de libertad desempeñan este rol, generando redes de apoyo y liderazgo positivo.
“Detrás de cada cifra hay historias de cambio”, expresó Ayuso, al señalar que el programa busca fomentar una sociedad más consciente y en paz.
En el marco de su expansión, recientemente se inauguró el Salón de Programas “Pamela Ayuso” en el centro penal de Danlí, El Paraíso, así como el Instituto Gubernamental de Educación “Pamela Ayuso” en Siria, Francisco Morazán, espacios destinados a fortalecer la educación dentro del sistema penitenciario.
Autoridades penitenciarias han destacado el impacto positivo del programa. El director del centro penal de Comayagua, mayor Juan Carlos Reyes, lo calificó como una iniciativa que ayuda a fortalecer valores y mejorar conductas. En tanto, la directora del Centro Penitenciario de Mujeres en Támara, teniente coronel Dinora Medina, afirmó que los módulos contribuyen a mejorar la convivencia.
Los testimonios de los participantes reflejan el alcance del programa. “Paso a paso, de adentro hacia afuera, estamos comenzando a cambiar”, expresó un privado de libertad de Juticalpa, mientras otros han manifestado su agradecimiento por las herramientas recibidas para mejorar su vida en reclusión.
Desde Liquidámbar, Mirka Betanco reiteró que la iniciativa trasciende los centros penitenciarios, al buscar la construcción de una cultura de paz desde el interior de las personas hacia la sociedad.