Honduras

Navidad es solidaridad, buscar la paz, abolir la violencia: mensaje de la Iglesia Católica

Tiempo de orar y reflexionar sobre el amor de Dios y asumir un compromiso de trabajar por la paz y la seguridad.

07.04.2014

La Navidad es una época que enseña a vivir en solidaridad, compartir el amor y el dolor, a luchar por la paz y abolir la violencia.

Esta es la parte toral del mensaje de la Iglesia Católica en conmemoración al nacimiento del Hijo de Dios, plasmado en el editorial del semanario Fides, titulado 'Navidad feliz'.

'La solidaridad que surge de la Encarnación de Jesús, nos hace llegar a la conclusión de la igualdad esencial de todas las personas; hermanadas como hijos de Dios que son y llamadas a vivir solidariamente. Destinadas a compartir el amor y el dolor; a luchar por la paz y abolir la violencia; a vivir para servir a los demás', cita el editorial del órgano de difusión oficial de la Iglesia Católica. 'Este es el verdadero sentido de la Navidad', destaca.

El mensaje es propicio para acrecentar la paz, la unidad y el valor del ser humano.

'Que para los hondureños esta Navidad sea un espacio de oración y reflexión acerca del infinito amor de Dios para con cada uno de nosotros. Y que en agradecimiento haya un compromiso sincero de trabajar por la paz, la seguridad y el entendimiento entre todos', cita el editorial.

Honduras es un país en donde la mayoría de sus habitantes profesa una auténtica fe religiosa. Por lo tanto se considera que la Navidad es aún una fiesta espiritual. Una fiesta que se celebra con preparación previa, en el tiempo litúrgico del Adviento. La Iglesia destaca que a través de la Palabra de Dios, la oración intensa y la vida sacramental, como propuestas de Aviento, se van suscitando cambios en el corazón de las personas que han decidido buscar a Dios con sinceridad. 'Además, se da el cambio de concepciones y costumbres egoístas, haciendo que se desarrolle en el corazón de los fieles un profundo sentido de solidaridad con el prójimo', resalta.

Amor al prójimo

La Iglesia Católica recuerda la realidad en que nació el Hijo de Dios, en un pesebre, dependiente y necesitado.

Esto hace posible que el entendimiento de hombres y mujeres se abra para aprehender los valores de un amor purificado, el amor, la alegría y la paz, 'que permiten superar la ceguera del egoísmo humano'. El Hijo de Dios que nace en los corazones, especialmente en cada 25 de diciembre, 'no se impone con su fuerza y poder, sino que se presenta pobre (para que nadie se sienta excluido de su amor) y débil para solicitar la amistad amorosa de toda persona que, libremente, quiera acoger el Reino de Dios en su corazón'.

La Iglesia valora que ese amor que Jesús pide será medido por el amor de servicio que se tenga con el prójimo. 'El prójimo es todo aquel que está delante de uno y que tiene necesidad, sin importar si es pariente o extraño; de que sea agradable o no; aunque se crea que es digno o no de ser ayudado', cita el editorial.

'El amor que Cristo pide no tiene límites; no se agota; ni rechaza la suciedad y la miseria', añade.

Dios da salvación

El 25 de diciembre se celebra el nacimiento de Jesús, un acontecimiento espiritual, de salvación.

'Es Dios mismo quien asume la naturaleza humana, para hacer posible la Salvación de toda persona. Jesús que se hace hombre, para que por el arrepentimiento y el perdón, la humanidad entera pueda ser divinizada', expresa la Iglesia Católica.

El nacimiento de Jesús es un evento único, inspirado en el infinito amor de Dios al mundo. 'Es el mismo Dios que envía a su único hijo para que se encarne en el seno virginal de María y sea el Salvador de toda la humanidad esclavizada por el pecado'.

Según la Iglesia, solo pueden captar el amor, la paz y el gozo de la Navidad aquellos que creen en Jesús y que le buscan con sincero corazón.

Este sentido espiritual solo lo perciben quienes como la Virgen María y San José han ofrendado su vida para dar un sentido profundo a su existencia, su deseo de conocer la verdad, que es Dios mismo.

'Vivir en la verdad significa estar abiertos para acoger a toda persona humana; darle el justo valor de instrumento a las cosas; y reconocer la necesidad de estar en comunión con Dios, buscando ser obedientes a su voluntad y diligentes en el cumplimiento de la misión que Él les haya designado', subraya la Iglesia Católica.

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