Honduras

Mujeres contribuyen a la economía del hogar con el arte manual

Artesanías en barro, tejidos y bordados de telas son el oficio que han mantenido durante décadas las féminas del departamento.

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05.07.2013

Con un pulso, adquirido con el paso del tiempo, al ejercer la labor de bordado, Aída Corea, tiñe con lápiz carbón diferentes trazos sobre un pedazo de manta.

Un puñado de madejas multicolores surtirán el cuadro de la manta al forrar cada una de las líneas que formó unas cuatro horas después, según confió la señora.

Y es que el oficio que aprendió en su niñez en la actualidad se ha convertido en el medio para sostener a sus tres hijos.

“Hago bordados en mantas, fundas, bolsos de distintos estilos y con el dinero que gano lo aprovecho para comprar útiles y pagar la matrícula de mis hijos”, dijo Corea.

La entrevistada luego de adquirir mayor destreza en el trabajo decidió sumarse al grupo de mujeres que integran la Cooperativa Naciendo Bordados.

La organización está conformada por 25 mujeres, que residen en la aldea de Santa Rosita, en el municipio de Guajiquiro, fundada el cinco de octubre de 2010.

El objetivo de la cooperativa es involucrar a las mujeres que no tienen ninguna fuente de empleo para generar sus propios ingresos.

Las ganancias que logran obtener las socias al final del año son repartidas en partes iguales.

Los bordados que logran confeccionar tienen un precio de 50 a 300 lempiras, pues varía, según el tamaño.

En distintas épocas del año las mujeres salen a vender a otras comunidades que se encuentran en las ferias patronales de los municipios cercanos.

El promedio de edades de las mujeres que se dedican a los bordados está entre los 16 a 20 años, la organización en la actualidad solo hay dos integrantes hombres.

En el municipio también funciona un taller denominado Tejidos e Hilados, el que funciona en la aldea San José, integrada por cinco mujeres y un hombre.

En este establecimiento se confeccionan bufandas chales, mañaneras, ponchos, bolsos y manteles.

El producto se comercializa a través de una cooperativa de la zona, pero a menor escala, según Santos Ángel Mendoza, artesano.

Alfarería lenca

Otro grupo de artesanos del departamento y que a diario se esfuerza por ubicar en alto la zona es el grupo denominado Alfaría Lenca.

La organización tiene 27 años de funcionar con mujeres de la aldea de San José y cuenta con 26 socias, las que se dedican a la fabricación de figuras y utensilios de cocina con diseños lencas.

Una de las alfareras de la comunidad es Rosalina López, madre de cinco hijos, quien aseguró que con lo que gana apoya a la economía del hogar, debido a que su compañero de hogar labora en las faenas agrícolas y la remuneración es mínima.

Según López, las asociadas fabrican juegos de ollas, cabezas de venado, platos, entre otros artículos para la venta”, explicó la artesana.

Labor y sacrificio

De acuerdo con la artesana, lo más complicado es la obtención de la materia prima, debido a que para obtener el barro deben viajar montadas en bestia (burro), durante un día hasta llegar a la comunidad donde se encuentra el yacimiento.

“Tenemos un terreno donde sacamos el barro, pero queda fuera de la comunidad y el camino es de geografía irregular y no entra carro, por lo que lo trasladamos en sacos”, dijo La artesana.

Los mercados locales para la comercialización del barro como de los bordados y tejidos son los municipios de Marcala, Santa Ana, Santa Elena, Yarula, Cabañas y La Paz.

Producción

La aldea de Yarumela es la segunda comunidad con mayor concentración de artesanos del departamento.

De una población de 5,000 habitantes se estima que unas 50 personas se dedican a la artesanía del barro, confección de bordados y trajes con semillas y la bisutería.

La elaboración de piezas para nacimientos es la especialidad de los artesanos de Yarumela, pues logran comercializar más de 8,000 piezas en diciembre.

El mayor número de artesanos son mujeres y se dedican a tallar figuras para nacimientos.

En la labor de recrear las figuras de la familia de Nazareth se destaca María Isabel Cálix, quien con su talento ha conducido por el mismo espacio laboral a su hijo Luis Cálix.

Ambos desde el mes de febrero inician las producción de miles de piezas de barro, propias para formar los pesebres en Navidad.

“En diciembre vendemos más de 3,000 figuras”, dijo Luis.

La Asociación de Mujeres Trabajadores del barro está integrada por 27 miembros, de los cuales solo Luis es varón.

Los clientes que llegan a la aldea provienen en su mayoría de los municipios de Márcala, La Paz, Siguatepeque, Comayagua, La Esperanza, Intibucá, San Pedro Sula y Cortés.

A unas cuantas cuadras de donde vive la familia Cálix trabaja Concepción Gonzales que, además de hacer piezas de barro se dedica a la confección de vestidos típicos con semillas de frutas y vegetales.

La señora por más de 40 años se ha dedicado a confeccionar los trajes para la celebración del día del cacique Lempira en la comunidad.

Las semillas de papaya, acacias, tamarindo, maíz, frijoles sirven como elementos decorativos de las piezas que confecciona Gonzales.

“Aunque hacer trajes es más difícil que las piezas de barro siempre me esfuerzo por armarlos, pues me da orgullo que la gente admire mi trabajo, lo compre y lo utilice”, comentó la modista.

En Yarumela también se pueden adquirir llaveros hechos con semilla de ojo de venado, y madera.

El encargado de fabricar este tipo de artesanías es Roger Hernández, quien elabora unos 300 llaveros por mes.

La mayoría de este producto es comercializado en Santa Rosa de Copán.

Los artesanos de La Paz, aseguran que sus producciones se logran con esfuerzo propio, ya que nunca han recibido apoyo estatal.

A causa de esta situación las ventas en su mayoría son locales, aunque en los últimos años con apoyo de organizaciones sin fines de lucro han enviado algunas exportaciones a Europa y Estados Unidos. Así como las ventas que se realizan en comunidades turísticas como Copán, que es donde se muestra por lo general el trabajo de los artesanos del departamento.

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