La antigua capital de Honduras volvió a ser este Viernes Santo el epicentro de la fe católica.
La devoción cristiana una vez más se desbordó por las calles de Comayagua, en las que se aglutinó una multitud para participar en el tradicional Vía Crucis.
Miles de feligreses de distintas partes de Honduras llegaron para ser testigos de la crueldad del hombre en contra del hijo de Dios y que fue revivida en la procesión de la Pasión y Muerte de Jesucristo.
La conmemoración inició la noche del Jueves Santo con la procesión del Silencio que salió de la Iglesia La Merced.
En su recorrido las personas asombradas tomaban fotografías de la majestuosa anda que portaba el Nazareno.
Penitencia y reflexión
El Vía Crucis inició a las 9:00 de la mañana, partiendo de la iglesia San Francisco.
Este año la alegoría de la procesión era el rosario de los penitentes, cuyo diseño fue elaborado por la cofradía de Jesús Nazareno.
Para observar el tortuoso camino hacia la cruz del Mesías, la gente buscaba la mejor vista desde barandas, terrazas de las casas y hasta en las copas de los árboles.
Carla Lozano, una de las visitantes, expresó que siempre llega a la cuidad para presenciar lo que para ella es un espectáculo impresionante.
“Vengo de Santa Bárbara para mirar el mejor Vía Crucis que se hace en Honduras, su ambiente es único producto del esfuerzo de todos para hacer las procesiones”, comentó.
Las muestras de fe también se extendieron a comunidades cercanas a Comayagua como Siguatepeque y La Paz, donde los pobladores recrearon el sufrimiento del Salvador este Viernes Santo.