El aire sopla con un intensidad extraña, como si una tormenta se aproximará en el horizonte.
El techado de la humilde vivienda de la familia Irías Tinoco, constituida por ocho personas, apenas puede soportar las fuertes ráfagas de viento, pero los soportes que el jefe de la familia le instaló al momento de su construcción han hecho su trabajo.
Pese a ello, las paredes de la improvisada vivienda, formadas con un débil plástico de color negro, no son tan fuertes como el techo, por lo que a cada momento hay que repararla.
Reparar los daños que los fuertes vientos provocan en su humilde vivienda, mientras no está buscando un empleo, es parte del trabajo que realiza a diario Luis Felipe Irías Peralta, de 56 años.
El jefe de familia se dedica a la albañilería, pero debido a la reducción de construcciones que ha afectado a la comunidad, en la actualidad no tiene un empleo para mantener a sus hijos.
La falta de un trabajo, y por ende de dinero, provocó que los dueños de la vivienda en la que residió por más de 19 años les solicitaran que abandonará el lugar, causando que su familia se quedara sin un techo para vivir.
Luis comentó que en este lugar debía cancelar 1,200 lempiras mensuales de alquiler y en muchos de los casos este era el monto que le pagaban en su trabajo, dejando sin comida a la familia.
Área verde
La situación económica que afecta a la familia obligó a Irías a invadir el área verde de la colonia Manuela Zelaya Rosales, ubicada en el oeste de la ciudad de Danlí.
Según lo mencionado por Irías, para construir la pequeña vivienda, la familia tuvo que vender un juego de sala que con mucho trabajo habían logrado comprar.
“Con el dinerito que me dieron por los muebles de sala logré comprar los materiales para crear la casita y estoy confiando en Dios que el clima no la desmorone”, dijo el entrevistado.
La necesidad de vivienda que padecen los Irías Tinoco no es exclusiva, ya que al menos 49 familias más construyeron pequeñas casas improvisadas en el lugar antes mencionado.
El principal problema con dicha invasión es que la zona donde se ubicaron las familias es considerada por las autoridades municipales como inundable, ya que por este lugar transita la quebrada La Virgen.
Ada Marina Gonzales, de 45 años, y sus seis hijos son otra familia que ante la falta de una vivienda se ha ubicado en la ribera del afluente.
“Nosotros somos conscientes del riesgo que corremos, pero o es invadir o es dormir en la calle con nuestros hijos”, afirmó la señora.
Gonzales solicitó a las autoridades municipales que les ayuden a lograr que estos predios les sean entregados a las familias que ahora los ocupan.
La petición que la señora hace a la corporación municipal no puede proceder ya que ni siquiera los lotes que forman parte de la colonia están registrados en la comuna.
Desorden
Ovidio Mejía, ingeniero municipal, explicó que debido al crecimiento poblacional y el desorden que ha existido en antiguas corporaciones municipales, los permisos de lotificación se entregaban a las empresas sin cumplir con los reglamentos, generando problemas posteriores a la comuna.
Los espacios, aunque reúnen las condiciones para construcción, ya que no son vulnerables en materia ambiental, resultan inapropiados para ser lotificados debido a que no existen los servicios básicos.
Pese a que no poseen esta condición, las lotificaciones se expanden cada día, sin que las autoridades municipales frenen esta situación. Se estima que en la comunidad funcionan unas 20 lotificadoras.