Honduras

Honduras: Incomunicados por emergencia de lluvias están en calamidad y urgen de atención

Las personas atrapadas en lugares de difícil acceso están solicitando a las autoridadesdel gobierno una pronta atención. Ya suman más de 67,000 hondureños afectados por las lluvias
28.09.2022

TEGUCIGALPA, HONDURAS.- “Vamos a cumplir ocho días de habernos salido de la casa, solo vemos agua, el río nos inundó todo, estamos fregados”, expresó con tristeza don Patrocinio Fúnez, habitante de la aldea, La Chumba, de El Progreso, Yoro.

Levantando la mano, para señalar una casa a la que apenas se le miraba el techo de zinc, el resto estaba cubierto de agua, el hondureño pronosticó que él y su familia por lo menos tendrán que esperar hasta enero del otro año, cuando el caudal del río Ulúa comience a bajar.

Hasta el momento han sobrevivido con lo poco que les llevan, pues solo logró sacar de su casa alguna ropa y un carrito, con el que sacó a su familia y ayudó a los vecinos a evacuar. “No podemos llegar hasta la casa, solo se va a ver en lancha, porque todo está tapado por el agua, lo que hice fue mandar a mis hijos a ver, porque siempre llegan otras personas a robar, ya nos paso cuando Eta y Iota”, recordó el hombre.

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Las personas que decidieron salir de sus hogares ante las inundaciones, deslaves y fallas provocadas por las lluvias, permanecen en distintos albergues que han habilitado las autoridades.

Cansado, con la esperanza de que la lluvia cese y pueda volver al calor de su hogar, don Patrocinio solicitó apoyo a las autoridades del gobierno central. “Nosotros esperamos que las autoridades hagan algo por nosotros, estas son zonas productivas, que generan trabajo, pero ahora todos los años hay pérdidas por las lluvias”, lamentó.

Las horas pasan y en muchos sectores de Yoro y Cortés los caudales de los ríos Ulúa y Chamelecon no disminuyen, las crecidas se extienden hacia muchas comunidades donde la gente se aferra a los bordos, sin alimento en algunos casos.

En pocas horas los afectados se duplicaron, según datos de la Secretaría de Gestión de Riesgos y Contingencias Nacionales (Copeco), ya que pasaron de 31,552 a 67,135 las personas a nivel nacional.

De estas zonas las más perjudicadas son Yoro, con 34,662 personas afectadas; Cortés, con 11,951; Santa Bárbara, con 6,057; y Copán, con 4,580.

Líderes de las familias que están incomunicadas están llegando en lanchas a tierra firme en busca de alimentos e insumos necesarios para poder sobrevivir a las llenas.

En el resto de Honduras también hay afectaciones, según la Asociación de Municipios de Honduras (Amhon). Ya son 125 municipalidades que han reportado daños y requieren ayudas.

En las riberas del río Ulúa se ven embarcaciones con rescatistas en busca de personas que se quedaron atrapadas y otras que no se quieren ir por temor a perder lo poco que tienen.

Algunas lanchas salen con alimentos, agua e insumos básicos como estufas o instrumentos para cocinar, porque las familias que han resultado afectadas no tienen cómo cocer sus alimentos.

Magdiel Hernández quiso regresar a su casa, pero a medida avanzaba por la calle, que está completamente anegada, el agua subía por su cuerpo hasta que desistió. “Allá adelante el agua me llega al cuello, no se puede avanzar expresó”.

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En varios municipios de Cortés y Yoro las casas siguen cubiertas por el agua debido a las crecidas de los ríos Ulúa y Chamelecón que los han golpeado sin piedad.

Incomunicados

El hombre, que reside en el sector del Campo Limones, La Lima, Cortés, expresó que están incomunicadas las colonias Montevideo, Lupo Viejo, Tibombo y Protección, ubicadas en Choloma. “Todas las personas de estas comunidades están albergadas (ubicadas) en los bordos”, dijo el habitante de la zona, ya que es la única área donde se pueden proteger de las embravecidas crecidas.

En los bordos las personas han hecho covachas con plásticos, pedazos de tela y lo que hallaron al paso. Cuando la llena todos corrieron por sus vidas, a lo lejos vieron cómo el agua cubría lo poco que habían logrado recuperar después de las últimas inundaciones.

La única forma de llegar hasta esa zona es en lancha, porque las calles están anegadas; en esos lugares hay niños, personas adultas y mujeres que necesitan alimentos.

Aguas arriba, algunas personas fueron a ver qué había pasado, comprobando que la reparación de los bordos se hizo mal, por eso se vivió otra catástrofe.

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Las inundaciones el martes comenzaron a afectar varios municipios del lejano departamento de Gracias a Dios, donde la población también reclama la presencia de gobierno central.

En Pimienta, Cortés, una señora sacaba los escombros con esfuerzo, lamentando que ya no pueden vivir en paz. “Yo no saqué nada, el río se llevó todo, porque uno con el agua hasta el pescuezo, como dicen, no puede sacar nada, este río no nos da tiempo, a mí se me fueron muchas cosas”, mostró con angustia.

Mientras ayudaba a sacar la basura solicitó ayuda, porque en las condiciones que están se enferman, son picados por los zancudos y se desvelan atemorizados por las llenas. “Necesitamos apoyo de la Presidenta (Xiomara Castro), que mire que nosotros sufrimos con estas llenas, que nos ayuden y nos aporten aunque sea comida, en lo que ella tenga voluntad”, dijo con humildad la acongojada mujer.

Con la mano en el pecho confió que le daba gracias a Dios por tener con vida a su familia, pero se cuestionó que con qué confianza van a volver a sus casas si aunque las limpien vuelve a llover y quedan nuevamente inundados.

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Algunas personas e instituciones está llevando alimentos y medicamentos a ciertos lugares de fácil acceso, pero hace falta más agilidad de las autoridades encargadas de la emergencia.

Hasta el momento, según el reporte de Copeco, a nivel nacional hay 2,456 familias incomunicadas, que en promedio tienen cinco integrantes, es decir, suman unas 12,280 personas.

En Lupo Viejo, una comunidad del polo bananero de Choloma, su población permanece aislada sobre un largo e inseguro bordo tras salir de sus casas porque el agua alcanzó los techos y arrastró la mayoría de sus pertenencias.

A los dos costados del bordo sobre el cual instalaron covachas improvisadas pasan las aguas de los ríos Ulúa y Chamelecón.

Debido a que aquí sufren de escasez de alimentos y agua, la población infantil está deshidratada, hay mujeres enfermas con sus bebés. Los pequeñitos lloran porque no tienen leche, pañales, agua ni comida, mientras que los ancianos están a punto de colapsar por falta de medicinas y víveres, y los adultos, que parecen los más fuertes, difícilmente resistirán más.

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Mientras la población sufre, las autoridades que trabajan bajo en decreto de emergencia PCM 24-2022 no muestran agilidad en sus acciones, ya que muchas familias se quejan de que la ayuda humanitaria no llega o es tardía.

Las inundaciones se extendieron el martes al departamento de Gracias a Dios, donde miles de familias claman por atención de las autoridades.

Las lluvias comenzaron a azotar las zonas central, sur y suroriental del país, provocando desbordamiento de algunas quebradas y ríos.

Francis Argeñal, jefe del Centro de Estudios Atmosféricos, Oceanográficos y Sísmicos (Cenaos) de Copeco, informó que debido al impacto del huracán Ian las precipitaciones seguirán en el centro, occidente, sur y suroriente del país, cuyos acumulados de agua andarán entre los 40 y 80 milímetros

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Los cultivos de muchas familias se perdieron. Esta señora trata de rescatar parte de las mazorcas de maíz que tenían como reserva para alimentar a su familia, ahora no queda nada.