Honduras

Cuartel general de Francisco Morazán en Texíguat se resiste a caer

Este edificio tiene un legado histórico como pocos porque aquí estuvo el Ejército Aliado Protector de la Ley

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12.09.2019

TEXÍGUAT, HONDURAS.- Al bajar una empinada cuesta llena de numerosas curvas y con profundos abismos se llega a Texíguat (El Paraíso, oriente de Honduras), un pueblo humilde que esconde el edificio que sirvió de sede al Ejército Aliado Protector de la Ley liderado por Francisco Morazán.

Muchos quizás no lo creerían, pero al visitar esta vieja casona de casi 200 años constatarán que aún conserva las tres piezas, una privada que servía al mártir de la Unión para planificar sus estrategias y las otras dos -comunicadas entre sí por una puerta- donde pernoctaba el Estado Mayor, los mandos intermedios y parte del cuartel.

La parte de atrás, donde actualmente operan un kínder y un juzgado de paz, era el espacio destinado al descanso de los caballos, y al frente, muy cerca de la también histórica iglesia, aún está intacta la plaza que servía de escenario el entrenamiento del ejército libertador.

En los alrededores de este pueblo de tan solo nueve mil habitantes hay dos cerros donde una fuerza morazanista montaba guardia vigilando los pasos del enemigo, si es que se atrevía a llegar.

Las paredes del edificio tienen una anchura de un metro, levantadas con adobe cruzado con la finalidad de evitar el cruce de las balas del adversario.

Los corredores frontal e interior, hasta las últimas décadas del siglo pasado, aún tenían los pilotes de madera rolliza (no aserrada) sobre bases de piedras, de las que solo están los cimientos.

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Este edificio tiene características parecidas a la casona de Gualcho, El Salvador (visitada por EL HERALDO el año pasado), con la diferencia de que la del vecino país es más grande.

Esta fue escenario el 6 de julio de 1828 de la histórica Batalla de Gualcho donde el mártir libertador derrotó al general Vicente Domínguez.

15 de septiembre de 1942

fue asesinado el fundador de la Patria Centroamericana.

El historiador local y maestro de Ciencias Sociales de Texíguat, Francisco González Velásquez, asegura que los adobes para construir el cuartel del Ejército Aliado Protector de la Ley fueron hechos por la comunidad y que para acarrear el agua del río, que está a pocos metros del edificio, “utilizaron cueros de vaca y la traían en palancas”.

El techo primero era de paja, pero para evitar un incendio provocado por el enemigo se le cambió por teja la cual “para detenerla usaron bejucos de la montaña”.

Los clavos que aún conserva esta histórica casona digna de mejor suerte eran hechos por herreros a base de fuego. Este edificio, centro de operaciones durante unos seis meses de las tropas de Morazán, merece mejor suerte.

El viejo cuartel de Francisco Morazán ahora sirve de bodega a la alcaldía de Texíguat. Fotos: Emilio Flores / EL HERALDO.
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¿Por qué Morazán prefirió Texíguat?


Hay varias versiones que sustentan la preferencia de Morazán por Texíguat. La lealtad de sus soldados que, además de amigos, eran rebeldes, visionarios, de pensamiento progresista.

Otra es que parte del pueblo de Texíguat había trabajado en la mina Monserrat, El Paraíso, operada por el abuelo de Morazán, y una tercera posibilidad es que Texíguat fue, y sigue siendo, un lugar estratégico para estas operaciones.

Otra tesis está basada en que el padre Benito Morazán, hermano menor del benemérito, fue cura párroco de la iglesia de Texíguat como también lo fue el padre Francisco Antonio Márquez, un sacerdote que abrazó la causa morazánica.

Fue él quien, en compañía de su sacristán, Joaquín Rivera, leyó los pliegos de la Independencia cuando estos, en tránsito a Nicaragua, pasaron por Texíguat el 1 de octubre de 1821.

Rivera -que posteriormente fue jefe de Estado de Honduras- fue otro morazanista perseguido y ejecutado en Comayagua en 1845, tres años después de la muerte del héroe.

La presencia de los sacerdotes Benito Morazán y Márquez en Texíguat es sustentada también por el historiador Rolando Sierra Fonseca en “Iglesia y Liberalismo en Honduras”.

“Y cuando en 1826, Francisco Morazán se refugie en la parroquia de su hermano durante un tiempo, Márquez entablará con él una amistad que ya nunca abandonará', dice el también analista.

1702

Texíguat recibió el título de municipio y durante mucho tiempo fue un curato.

Usualmente Morazán usaba la ruta Ojojona-San Buenaventura-Salalica (río abajo) hasta llegar a Texíguat, llamado camino real desde tiempos de la Colonia.

La guardia personal de Morazán estaba integrada por texíguats y esto llena de orgullo a este pueblo.

Justamente fueron los padres Márquez y Morazán los encargados de “preparar y formar a los texíguats que formaron la guardia personal de Morazán hasta su última batalla en Costa Rica”, dice Sierra Fonseca.

Texíguat fue reducido territorialmente después de ser un curato al que pertenecían Curarén y otros. Fotos: Emilio Flores / EL HERALDO.

Texíguat fue reducido territorialmente después de ser un curato al que pertenecían Curarén y otros. Fotos: Emilio Flores / EL HERALDO.
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Texíguat, un pueblo rebelbe, valiente y pensante


Por ser fieles a Morazán y por continuar con su pensamiento, los texíguats fueron perseguidos, capturados, asesinados y emigrados.

Fue tal la persecución que muchos tuvieron que abandonar el país hacia El Salvador, donde formaron un pueblo que hoy se conoce como Nueva Esparta.

La rebeldía del texíguat lo llevó a crear su propia bandera negra con una cruz y de fondo una calavera con la consigna “libertad o morir”, recuerda el historiador Ismael Zepeda.

“Construyeron una nación imaginada en el contexto de la rebeldía como identidad étnica comunitaria”, añade el académico.

Posterior a la muerte de Morazán, Texíguat fue ocupado por los gobiernos para hacerlos cambiar e instalaron sus tropas en el cuartel de Morazán.

Por ser fieles a Morazán y por continuar con su pensamiento, los texíguats fueron perseguidos, capturados, asesinados y emigrados. Fotos: Emilio Flores / EL HERALDO.

Por ser fieles a Morazán y por continuar con su pensamiento, los texíguats fueron perseguidos, capturados, asesinados y emigrados. Fotos: Emilio Flores / EL HERALDO.