Tegucigalpa
Por el altoparlante del cuartel del Cuerpo de Bomberos de Honduras se hizo un llamado.
Dos minutos después un apuesto joven de piel blanca salió del edificio y se acercó a paso rápido al parqueo, era el bombero de extinción, Erik Gómez, responsable del traslado de la pequeña Briana Ramos de dos años, quien se convirtió en la víctima mortal del incendio en la Feria del Agricultor.
Gómez extendió su mano, saludó y ofreció una sonrisa, sin embargo, su rostro se entristeció de inmediato al preguntarle sobre su experiencia con Briana.
“La vi bastante mal, la agarré con bastante pesar, la cargué en mis brazos, yo la miraba que cerraba sus ojitos yo le decía que no se durmiera, le repetía “mi amor no cierre sus ojitos”, me daba miedo que de repente fuera a morir en mis brazos”, relató a EL HERALDO.
En el trayecto al Hospital Escuela Universitario (HEU), un pequeño choque alargó a más de diez minutos el traslado “fue el tiempo de angustia más grande”, aseguró Gómez.
“Por ratitos se ponía a llorar, se quejaba del dolor, ya ella llevaba la piel como guantes, se quedaba viendo sus manos así como extrañada, como pensando “¿qué fue lo que me sucedió?” y se restregaba sus manitos, me daba tanto pesar porque yo tengo una niña de año seis meses y yo miraba a mi hija en ella”, explicó con tristeza.
“Yo le separaba sus manitos ella me volteaba a ver como diciendo ‘¡ayúdame!’, eso me tocaba el corazón”, añadió mientras sus ojos se cristalizaron.
Al llegar a la emergencia del Hospital Escuela Universitario (HEU), Goméz corrió hasta la emergencia de niños del bloque Materno Infantil con la esperanza de que la pequeña sobreviviera.
“Yo llevaba la esperanza de que la niña se iba a salvar, pensaba que en su piel solo iba a quedar ese recuerdito, pero cuando me dijeron que se había muerto me llegó al corazón, fue duro”, concluyó.