Honduras

Enraizadas bases tiene el bipartidismo

Cuatro nuevos partidos pretenden sacar del poder al PN y al PL. La poca cultura política, el bajo promedio de escolaridad y la pobreza son las causas de la conservación bipartidista.

07.04.2014

Varios son los partidos políticos que surgieron en Honduras a lo largo del siglo pasado y no fueron capaces de derrotar al bipartidismo que parece enraizado en la sociedad hondureña.

Libre, Alianza Patriótica Hondureña (Alianza), Partido Anticorrupción (Pac) y el Frente Amplio Político Electoral en Resistencia (FAPER) participarán por primera vez en elecciones generales. Libre ya lo hizo en las primarias y sacó al rededor de 600 mil votos.

No se puede desligar de la responsabilidad histórica en la conducción de los destinos del país a las Fuerzas Armadas (FF AA), que durante unos veinte años incursionaron en el poder por la vía de los golpes de Estado, algunos de ellos cruentos, como el del 3 de octubre de 1963, propinado por Oswaldo López Arellano contra el liberal Ramón Villeda Morales. Los partidos políticos que pretendieron derrotar a los partidos históricos surgieron de desavenencias entre dirigentes de estos institutos políticos.

El primero que surgió fue el partido Sotista, en 1902.

Marco Aurelio Soto, expropulsor de la reforma liberal, se vino desde Francia inducido por el presidente Terensio Sierra, quien no tenía buenas relaciones con Juan Ángel Arias, candidato presidencial del Partido Liberal. El candidato del Partido Nacional era Manuel Bonilla, que recién había creado este partido que todavía no contaba con la fuerza legal. El buen perfil que tenía Marco Aurelio Soto por haber sido el promotor de la reforma liberal, que significó cambios significativos en la historia del país, no le fue suficiente para ganar a nacionalistas y liberales. El triunfo fue de Bonilla, que obtuvo 28,000 votos contra 25,000 de Arias y 4,800 de Soto.

Hay que destacar que Soto seguía siendo un liberal progresista, solo que en esta ocasión actuó como una tercería ante la competencia que tenía. En 1923 el Partido Liberal nuevamente se divide. Este partido es representado en las elecciones por Juan Ángel Arias, que no tenía buenas relaciones con el fundador de este partido, Policarpo Bonilla. Bonilla fundó el “policarpismo” con el cual participó en las elecciones. Ambos fueron derrotados por el nacionalista Tiburcio Carías Andino, pese a lo cual no le dieron el poder. Esto dio lugar a una guerra civil que dejó miles de muertos.

En 1928 el Partido Liberal fue representado por Vicente Mejía Colindres, en tanto que el Partido Nacional llevó como candidato presidencial a Tiburcio Carías Andino. Vicente Tosta, caudillo nacionalista, se había separado de Carías al fundar el Partido Republicano. A Tosta no le fue bien porque las elecciones las ganó Mejía Colindres, liberal.

La división en los partidos tradicionales volvió a aparecer en 1954. En aquella ocasión los nacionalistas fueron representados por Tiburcio Carías Andino, que quería volver al poder. Pero encontró resistencia en Abraham Williams Calderón y Filiberto Díaz Zelaya, que crearon el Movimiento Nacional Reformista (MNR). El Partido Liberal fue liderado por Ramón Villeda Morales, quien ganó las elecciones pero no pudo asumir la primera magistratura de la nación porque al final nacionalistas y MNR se pusieron de acuerdo para no asistir al Congreso y de esa forma evitar que Villeda Morales llegara al poder.

En esa década fue creado también el Partido Popular Progresista (PPP), que surgió del Partido Nacional y que no pudo ser inscrito. Años después, el empresario liberal Roque J. Rivera fundó el Partido Republicano Ortodoxo, sin mayores éxitos.

La izquierda hondureña siempre tuvo sus cuadros organizados, incluso desafió de manera clandestina a la dictadura cariísta.

La clase política conservadora nunca dio señales de apertura democrática y no permitió a la izquierda organizarse en un partido político. Al contrario, los dirigentes de izquierda fueron perseguidos, encarcelados y muchos asesinados. En 1968 se sientan las bases del Partido Damócrata Cristiano de Honduras. Fue en Choluteca que se reunieron dirigentes como Orlando Iriarte, Alfredo Landaverde, Hernán Corrales Padilla y Juan Ramón Martínez, entre otros, para organizar el nuevo partido político.

Sin embargo, este partido fue reconocido hasta la década de los ochenta, tras la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente.

En 1970, luego de la guerra que Honduras protagonizó con El Salvador, surgió el Partido Innovación y Unidad (Pinu). Durante la guerra, uno de los fundadores de este partido, Miguel Andonie Fernández, promovió la unidad de las familias hondureñas ante la agresión del vecino país. Esa unidad al final concluyó con la creación de un nuevo partido.

Ambos partidos surgieron con buenas expectativas pero poco a poco se fueron burocratizando y cayeron en un conformismo acomodaticio.

Sus resultados electorales apenas representaron el dos por ciento de los votos válidos. Algunos de sus dirigentes desertaron y se adhirieron al recién creado partido Libertad y Refundación (Libre).

Con la llegada del nacionalista Rafael Lonardo Callejas al poder (1990/1994) se abrieron las condiciones -por la presión internacional para que retornaran a país los exiliados políticos, brutalmente perseguidos durante la década de los ochenta.

Por primera vez la derecha conservadora permitió a la izquierda constituirse legalmente en un partido político y participar en elecciones generales. Así surgió el partido Unificación Democrática (UD), en 1994.

La UD, al igual que el PDCH y el Pinu, no lograron resquebrajar las sólidas bases del bipartidismo que tienen su base, en gran parte, en la escasa cultura política del electorado asociada estrechamente a un bajo promedio de escolaridad del hondureño (4.5 por ciento). Hay quienes piensan que al bipartidismo no le conviene que el pueblo se eduque porque estaría cavando su propia tumba.

A la poca cultura política hay que agregarle el estado de pobreza y extrema pobreza que vive el pueblo que inclina su voto a favor de aquel que le “incentiva económicamente” a través de proyectos sociales, de bonos, de becas y pequeñas obras de insfraestructura.

Coincidentemente, quien da esos incentivos son los mismos partidos tradicionales.

Mientras no se cambien estos esquemas de gobernar, el bipartidismo político seguirá siendo “tan antiguo como la existencia de la República”, como lo dice el historiador José Dolores González.