“Solo aquí me toca ponerme firme, después, con nadie”, le decía el expresidente Oswaldo López Arellano, un hombre de fuerte temple y de pocas bromas a don Juan Alejo Ardón, el sastre por cuyas manos han pasado decenas de prendas que han vestido a varios gobernantes de la nación.
El viejo medidor y una máquina de coser han sido durante seis décadas los compañeros inseparables del eterno sastre Juan Alejo Ardón.
El humilde artesano, originario de San Juancito, en su distante pensamiento nunca imaginó que una pasión que inició a sus 12 años de edad lo llevaría a conocer varios países del continente y mucho menos a convertirse en un sastre presidencial.
Y es que en su pequeño taller, con una tradición de más de 50 años, ubicado en el barrio El Manchén, han pasado por sus manos las prendas más preciadas de los gustos más exigentes de las más altas esferas de la sociedad.
Es así que mandatarios, empresarios, políticos y militares han lucido en magnos eventos las prendas confeccionadas por las virtuosas manos de este artesano.
Hoy, en la alborada de sus 80 primaveras, don Juan aseguró que su mayor orgullo es haber formado, con el fruto de su trabajo, a sus cinco hijos en prominentes hombres y mujeres del mundo empresarial y gubernamental de hoy.
Entre estos destacan dos economistas, dos ingenieros y una estudiante de derecho de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).
Formación
El éxito del apasionado de los hilos y las agujas no es producto de la casualidad, ya que en su largo valladar el tiempo lo ha llevado a capacitarse en varios países de América.
Este recorrido inició en México, con un aprendizaje avanzado de alta costura, en el que aprendió desde cómo ofrecer sus servicios a un cliente hasta los métodos más avanzados de costura de aquella nación.
Este recorrido continuó en El Salvador, Colombia, Ecuador, Brasil y Puerto Rico, entre otros.
“Gracias a mi vocación por la sastrería siempre tuve participación en eventos de alta costura en América Latina, el talento hondureño estuvo bien representado de forma discreta a través de mi persona”, consideró.
Sastre presidencial
Gracias a su perfil internacional mandatarios como Juan Manuel Gálvez, Ramón Villeda Morales, Oswaldo López Arellano, Rafael Leonardo Callejas y Porfirio Lobo Sosa, entre otros, han formado parte de la selecta lista de clientes de la sastrería El Álamo, propiedad de don Juan.
A la intensa lista de personajes que figuran como sus clientes también se suma Osmond Maduro (padre del expresidente Ricardo Maduro).
Se agregan a la lista políticos como Miguel y Sebastián Pastor, el alcalde Ricardo álvarez, Lizzy Flores, así como algunos antiguos miembros de la cúpula de la las Fuerzas Armadas de Honduras.
Ante la pregunta de cuál ha sido la forma de llegar a esta exclusiva cartera de clientes, con una amplia sonrisa contestó: “Hay algunos clientes que les ha gustado mi técnica y estilo de trabajar y son ellos los que se han encargado de recomendarme con otros amigos para que yo sea su sastre”, expresó.
En el caso del presidente Porfirio Lobo, lo describió como un hombre noble y sobre todo “buen pagador”, dijo.
Según la versión de don Juan, todos los trajes que el actual jefe de Estado compra en Europa, es él quien se encarga de ajustarlos a la talla perfecta.
De Ramón Villeda Morales recordó que era un hombre muy exigente y cuidadoso con sus prendas.
“Al expresidente Villeda Morales siempre le gustaba andar bien tirado”, confesó entre risas.
Mientras que a don Osmond Maduro lo calificó como un hombre de verdadera etiqueta y con un gusto muy selecto y detallista.
Proyecto
Es importante mencionar que todos los hijos de don Juan han aprendido su oficio, ya que del mismo se han costeado parte de su preparación académica.
Sin embargo, el veterano amante de la alta costura afirmó que hoy en día que sus vástagos son hombres y mujeres profesionales no han perdido la pasión por los hilos y las agujas que ha formado durante años parte de su patrimonio familiar.
Esta versión la respaldó su hijo menor, Jorge Ardón, quien develó que hay un proyecto de ampliar el pequeño taller y convertirlo en una maquila, en la que se confeccionaría desde ropa juvenil hasta las finas prendas que con el tiempo se han elaborado en el taller El Álamo. A esta idea se junta la visión de constituirse como microempresarios, y contribuir con la generación de fuentes de empleo en el área de la sastrería.