Una hoja blanca y una caja de crayolas la transportaron a otra dimensión.
Las líneas verticales y al final un poco inclinadas dieron forma al castillo de sus sueños en donde ella sería una princesa, su mamá una reina y su papá el mejor rey del mundo.
Pequeñas rayas verdes formaban parte de una pradera inundada de flores amarillas, rojas y naranjas.
A un costado las enormes piedras rodeaban un pequeño río que albergaba tres diminutos peces de colores con los nombres Neto, Calito y Coco, como denomina a sus dos hermanos y a su hermanita menor.
Así trascurrieron las dos horas y media de la octava quimioterapia de la pequeña Valeria, de 10 años, acompañada de su padre Óscar Herrera, que con su tierna voz le sugería a su “trigueñita” qué colores utilizar.
Aunque el dolor y los malestares provocados por el tratamiento siempre se presentaron, su alegría por tener una obra de arte que luego enseñaría a su madre opacaba cualquier efecto secundario que amenazara su bienestar.
Mientras su amoroso padre llamaba a una enfermera para desprender el catéter de la mano de su pequeña, un joven que portaba en su mano una guitarra tomó una silla y comenzó tocar.
De inmediato las sonrisas empezaron a formarse en los rostros de los pequeñitos, que recibían su quimioterapia de forma ambulatoria en la sala de consulta externa de Oncología del Hospital Escuela.
Ritmos conocidos de canciones infantiles permitían que los tiernos angelitos empezaran a tararear las canciones que antes de enfrentarse con el cáncer habían aprendido en las escuelas de sus comunidades.
Y así, poco a poco, el dolor y el temor se alejaron de los corazones de estos valientes guerreros que agradecen a cada visitante los minutos de alegría que llevan a la sala.
“Me gusta la guitarra porque cuando vienen yo les digo que cantemos y ni cuenta me doy cuando la enfermera me pone la inyección”, comentó Maryori, otra de las menores de 14 años que recibe quimioterapia para combatir la leucemia.
“Aquí así pasamos, a veces nos traen regalos y otras veces juegan con nosotros y yo me siento bien porque nos hacen reír”, expresó la pequeña.
Terapia
Estas son parte de las actividades que voluntarios de colegios, escuelas y otras organizaciones realizan una o dos veces al mes con el fin de apoyar con su visita a estos menores.
Y es que son las actividades recreativas la otra parte humana y necesaria que va de la mano en el tratamiento de los menores, según Graciela Flores, psicóloga de la Fundación Hondureña para el Niño con Cáncer.
La especialista explicó que la necesidad es que los menores puedan encontrar, en un ambiente de dolorosos tratamientos, una salida que brinde la alegría meritoria de cualquier infante.
“El niño debe dejar la escuela, lo sacamos de ese ambiente y lo traemos a un ambiente más agresivo de muchos ‘puyones’, de medicamentos con sabores desagradables, del cambio físico cuando empiezan a perder el cabello y de amputación de sus miembros en otros casos”, comentó la especialista.
Aunada a la recreación, señaló que durante el proceso de tratamiento de un niño con cáncer es necesario también la atención psicológica tanto del niño como de la familia.
“La Fundación le da mucha importancia a lo que es el apoyo psicológico porque la comunicación de un diagnóstico de cáncer genera un gran impacto no solo en los niños, sino en los padres de familia y en el núcleo más cercano”, explicó Flores.
Detalló que se deben realizar terapias psicológicas con el uso de técnicas que permitan a todos los miembros de familia aceptar la enfermedad y evitar fases de impacto que conlleva el diagnóstico de cáncer.
“Hay fases como la de negación, donde el padre de familia no lo puede creer, piensa que es un sueño y que va a despertar de esa pesadilla, porque talvez vino acá por una gripe de su niño y nunca se imaginaron que sería un cáncer”, explicó la especialista.
La relación familiar también se ve afectada, según la psicóloga, debido a la separación que se genera en la búsqueda de tratamiento.
“La mayoría de nuestros pacientes son del interior del país, lamentablemente se da una desintegración familiar, en algunos de los casos comienza en celos de los otros hermanos porque papá o mamá dedican mayor tiempo a su hermanito enfermo”, comentó Flores.
Sumado a esto, los padres también se deben enfrentar con el sentimiento de culpa, que es el mayor problema psicológico que presentan los progenitores.
“Existen muchos mitos alrededor del cáncer, los padres sienten culpa, piensan que son responsables porque por su posición económica no pudieron darle una dieta completa al niño”, señaló.
“Creen que esto desencadenó una anemia y que luego la leucemia y no es cierto, la leucemia o cualquier tipo de cáncer le da al pobre y le da al rico”, expresó.
Lo importante, según la especialista, es lograr al lado de la familia la superación de estas etapas para garantizar que el ambiente familiar será el adecuado para que cada menor reciba su tratamiento de forma más adecuada.