Bellos y delicados rostros femeninos, fuertes figuras masculinas, frescas y coloridas frutas, y cielos celestes con altas montañas al fondo, han recorrido países de América y Europa, y han representado a Honduras en grandes exposiciones.
Se trata de la obra de Julio Visquerra, uno de los grandes exponentes de la plástica nacional, que a más de 50 años de trayectoria ha sabido establecer un estilo único. Su obra es reconocida por muchos y criticada por otros, pero fuera de cualquier comentario halagador o escarnecedor, los años de experiencias y conocimientos lo han llevado a ser un artista seguro de su obra, de su estilo y concepto, que hace que sus pinturas sean reconocidas donde sea que se les mire.
Visquerra considera que todavía no ha logrado hacer el trabajo que quiere, no obstante su carrera y su obra es de renombre internacional, y su presencia es solicitada en eventos de relevancia mundial. A continuación lo dejamos con la entrevista que Vida le realizó al artista, en la que habla de su carrera, de su nuevo proyecto y de la plástica nacional.
El expresionismo y el renacimiento fueron sus influencias artísticas iniciales al vivir en Europa. ¿De qué otra manera le ha influenciado conocer y vivir otras culturas? Viví varias etapas en Europa, por ejemplo, cuando llegué a Barcelona me dejé influenciar por el movimiento plástico que imperaba en ese momento en la ciudad, me integré totalmente a él, estaba mucho el expresionismo y trabajé durante algunos años. Posteriormente, al año 80 me instalé con un estudio en Viena, allí me integré al grupo de los pintores de arte fantástico vienés, expuse con ellos, de ahí fui invitado a exponer en varias ocasiones y de ahí llegan algunos cuadros con mucha influencia todavía de esa etapa.
¿De qué pintores tiene influencias? He sido uno de los pintores que realmente ha buscado su propio camino y que he evitado dejarme influenciar por otros, porque siempre he estado seguro de lo que quiero hacer y dejarme influenciar manifestaba en mí una inseguridad de no saber qué camino quería seguir, y como siempre estuve seguro de a dónde quería llegar, para mí no era lo esencial tener que dejarme influenciar por otros artistas, al contrario, me perjudicaría si lo hubiese permitido.
¿A lo largo de su carrera su obra ha experimentado cambios drásticos o ha manejado un concepto específico? Han habido cambios, drásticos no porque mi obra siempre es reconocible por el trabajo, sobre todo. Ahora, la temática sí la he ido cambiando, y el colorido, el colorido que tenía cuando pintaba en Europa es diferente al colorido que hago aquí, que estoy en el trópico.
¿Considera que siempre es necesario que un artista se renueve en su obra? Un artista se puede renovar en su temática. Lo que me dice a mí la gente que no entiende muchas cosas es: “pero usted siempre pinta lo mismo”.
Si yo no pinto lo mismo, si no pinto la misma temática, dejo de ser yo; por lo tanto, mi trabajo ya no se reconoce, entonces el trabajo de uno tiene que tener una identidad, un trabajo reconocible, que cuando vean un cuadro inmediatamente sepan que es mío.
El otro día recibí una llamada de un pintor y me dice: “mire, le llamo para decirle que yo soy un magnífico pintor y le puedo hacer tanto un cuadro abstracto como impresionista, como un cubista o realista”. Y le digo yo, “bueno, entonces todavía le falta formación”, porque si ya se decide por una línea, entonces ya tiene su propia identidad.
¿Le cuesta mucho a un pintor tener su propia identidad? Es un recorrido de años, por ejemplo, yo tengo etapas que se marcan. En los años 70 yo pintaba gordas pero no conocía a Botero; cuando yo conozco a Botero, las voy adelgazando pero no de golpe, y pensé: “no quiero nunca que me comparen con Botero”. Me encantaba pintar gordas y no las hacía igual, las hacía diferentes, pero sí, fue eso que siempre quería tener mi propia identidad.
Si su carrera la pudiéramos comparar con las etapas de la vida humana: niñez, juventud y adultez, ¿en qué momento está su carrera? Si viviera 100 años estaría como a la mitad de la etapa de mi camino en la plástica, entonces dentro de 40 años si viviera 100, que eso es muy difícil, entonces diría yo que quizás habré conseguido hacer realmente el trabajo que yo quiero.
También influye mucho la sociedad en el trabajo que uno hace, porque si uno hace un trabajo muy serio, con otras propuestas más intelectuales, es invendible, y el artista tiene que vivir de su trabajo, entonces nos tenemos que adaptar a veces a lo que la sociedad acepta dentro de la plástica.
¿Qué proyectos realizará en 2013? Estoy invitado este año para un proyecto que me encanta, una exposición con obras gigantes de temas religiosos en la Catedral. Vamos a ver de aquí a diciembre qué cantidad de obras puedo presentar, 10 o 12 cuadros, estamos hablando de cuadros de tres metros de alto por dos de ancho.
Tengo invitaciones para exponer en Europa pero no, yo soy muy de estar en casa, de estar en mi país, y hasta 2014 voy a aceptar un par de exposiciones en Europa. Este año quiero estar aquí dedicarme a esta temática en cuerpo y alma, y espero que tenga buenos resultados.
¿Va a utilizar algún concepto que hasta ahora no ha manejado? La temática, es la primera vez que toco temas religiosos, ya tengo un cuadro en la Catedral que es un descendimiento de Jesús. Pocas veces me han tocado temas religiosos, pero esta vez, exclusivamente, será sobre esta temática.
Generalmente la fruta es un elemento que no falta en mi obra, pero en temas religiosos tampoco puedo hacer eso, tengo que apegarme realmente al tema, no puedo pintar a un San Sebastián lleno de flechas con un montón de frutas en el suelo. Entonces me voy a apegar realmente a la temática, si en alguno como un San Francisco de Asís lleno de pájaros y animales, que esos son temas que me gustan mucho.
¿Cómo ve el desarrollo del arte en Honduras? El artista hondureño tiene mucho talento, pero se deja deslumbrar fácilmente por el dinero. Los artistas de mi generación queríamos ser pintores, yo comencé a vivir de mi trabajo después de 30 años de pintar. Probé años de formación, de viajar, de recorrer países, de visitar museos.
El artista hondureño es muy conformista, se limita, y ya a los 20 años quiere hacer obras maestras y venderlas al precio como si tuviera 50, se salta toda una trayectoria, y la culpa también la tienen a veces los compradores porque no exigen esa trayectoria, no exigen ese quehacer diario del artista, el artista pone el precio y se lo pagan, entonces lo han mal acostumbrado a ganar dinero de una manera fácil, sin que haya habido un gran esfuerzo en proyectarse.
Y no digo que son todos, porque hay artistas que se esfuerzan en proyectarse afuera. Entonces, pienso que el artista hondureño está lleno de vicios, en el sentido del trabajo se ha limitado y se ha conformado con pintar para vender, la mayoría; hay casos excepcionales de artistas que se están proyectando.
Todo el arte que se vende es comercial, mi arte es comercial porque se vende, pero he procurado siempre mi proyección y mi trayectoria, la he marcado siempre por exposiciones, por tener obra en museos, y no es que yo los busco sino que me buscan, y la gente que tiene grandes colecciones privadas en el mundo y todo eso crea un currículo, una trayectoria.