Tegucigalpa, Honduras.- Stephie Morel está viviendo uno de sus sueños. Desde hace meses, la joven se encuentra preparándose para el gran día.
El viernes 11 de septiembre tendrá lugar la final de Miss Honduras Universo, certamen de belleza en el que representará al departamento de Cortés. Desde su anuncio en julio, su candidatura se ha convertido en una de las favoritas entre los missólogos, quienes la sitúan entre las cartas fuertes de una edición que promete ser reñida.
En una entrevista exclusiva con EL HERALDO, la candidata, de 22 años, 1.83 m de estatura y originaria de Choloma, Cortés, abre el mapa de esa preparación.
No es su primera vez en estos escenarios. En 2023 quedó a un paso de la corona como segunda finalista, un proceso que hoy describe como el cimiento de todo lo que vino después.
"Estar cerca de alcanzar una meta no significa necesariamente estar preparada para ella", reflexiona. "No bastaba con tener el deseo de ganar; necesitaba conocerme mejor, fortalecer mi seguridad y entender qué podía aportar más allá de una competencia."
"Ya no estoy intentando demostrar que puedo ser una reina; estoy enfocada en demostrar quién soy, qué represento y qué puedo hacer con una plataforma como esta", afirma. "La preparación física sigue siendo importante, pero hoy también le doy mucho más valor a mi preparación intelectual, emocional y humana."
De la niña que soñaba a la mujer que argumenta
Morel debutó en los certámenes a los dieciocho años. "El cambio más importante ha sido entender que prepararme no significa solamente mejorar mi imagen, sino convertirme en una mujer más completa", explica.
"He aprendido a escuchar, a manejar las críticas, a conocer mis emociones y, sobre todo, a prepararme intelectualmente." Para ella, "una mujer que quiere representar a Honduras debe poder desenvolverse en un escenario, pero también tener criterio, cultura, sensibilidad y la capacidad de hablar de los problemas de su país y del mundo."
Esa convicción se puso a prueba en Miss Supranational, donde alcanzó el Top 24 como única centroamericana en lograrlo. "Cuando representas a tu país, descubres que llevas contigo mucho más que una banda", dice. "Estar rodeada de mujeres de diferentes culturas me permitió entender que cada país tiene una historia, una identidad y una manera diferente de ver el mundo."
Y añade: "Internacionalmente no basta con destacar físicamente; necesitas tener personalidad, preparación y la capacidad de comunicar quién eres y de dónde vienes." De ahí se llevó la certeza de que "una mujer hondureña puede pararse en un escenario internacional y competir de tú a tú con mujeres de cualquier parte del mundo."
El derecho como vocación y como herramienta
Morel está por graduarse en Ciencias Jurídicas, una elección que no fue casual. "Siempre he tenido una necesidad muy fuerte de entender cómo funcionan las cosas y de poder defender aquello que considero justo", cuenta. "Después de vivir una experiencia en la que sentí que mis propios derechos fueron vulnerados, comprendí de una manera mucho más profunda la importancia de conocer nuestros derechos y saber cómo ejercerlos."
"Yo no quiero hablar únicamente de empoderamiento; quiero tener las herramientas para orientar, acompañar y defender", sostiene. "Creo que cuando una mujer conoce sus derechos deja de sentirse completamente indefensa frente a muchas situaciones." Y sobre la supuesta tensión entre "la reina de belleza" y "la profesional", es tajante: "Nunca han sido identidades opuestas. Soy la misma mujer cuando estoy en un escenario con un vestido de gala que cuando estoy estudiando Derecho." "La belleza me ha permitido abrir algunas puertas, pero mi preparación es la que me permite permanecer en ellas y aportar algo."
Choloma, la raíz que no pesa
"Choloma representa mis raíces. Es el lugar que forma parte de mi historia y que me recuerda que nuestros sueños no tienen que ser proporcionales al lugar de donde venimos", dice sobre su ciudad natal. "Me gustaría que Honduras conociera una Choloma que va mucho más allá de cualquier estereotipo. Es una ciudad de gente trabajadora, de personas que luchan todos los días por salir adelante y de jóvenes que también tienen grandes sueños."
Hija de padres inmigrantes y criada junto a su abuela, identifica en la perseverancia el valor que más la sostiene. "Las mujeres hondureñas somos imparables", afirma. De su madre, que emigró para sacar adelante a tres hijos, dice: "Espero, de todo corazón, que algún día ella pueda mirar todo lo que hemos logrado y sentir que cada sacrificio, cada día lejos de su familia y cada momento difícil valió la pena." Y de su abuela recuerda: "Crecer con ella me enseñó sobre la fortaleza, la familia y la capacidad de seguir adelante incluso cuando las circunstancias no son perfectas."
Una causa con nombre propio
De ganar la corona, trabajaría en el acompañamiento a mujeres víctimas de violencia. "Me gustaría comenzar trabajando en el acompañamiento y orientación de mujeres que han sido víctimas de violencia, especialmente acercándolas a información y herramientas que les permitan conocer sus derechos y saber a dónde acudir", explica.
"Me interesa que exista un componente de orientación y acceso a información; trabajar junto a organizaciones y profesionales que ya tienen experiencia en esta área para conectar a las mujeres con los recursos que necesitan." Su resumen es directo: "Una de las primeras formas de empoderar a una mujer es decirle: conoces tus derechos, no estás sola y existen caminos para buscar ayuda."
Del lado de la percepción social de estos certámenes, apunta a otro cambio. "Detrás de cada candidata hay años de trabajo, sacrificios, preparación, sueños y también una historia personal. Muchas veces se observa solamente el vestido, el maquillaje o el resultado final, pero existe una mujer detrás de todo eso que está intentando crecer y alcanzar una meta."
Sobre cómo quiere ser recordada, sin importar el resultado en Miss Universo, no vacila,"me gustaría que me recordaran como una mujer que utilizó la oportunidad que recibió para servir y no solamente para ser vista." "Me gustaría que una niña hondureña pudiera verme al final de ese año y pensar: 'si ella pudo hacerlo, yo también puedo soñar en grande'." "Al final, para mí, el verdadero legado no sería la corona que llevé, sino las personas que pude inspirar mientras la llevaba", cierra.
El 11 de septiembre, Honduras sabrá si esa aspiración se traduce en corona. El relato que Morel ha construido, sin embargo, ya parece sostenerse por sí solo.