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'La traviata” conmovió a la capital de Honduras

La ópera está cargada de sentimientos y emociones que usted podrá disfrutar en su segunda noche este sábado en el Teatro Nacional Manuel Bonilla.

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09.03.2013

“La traviata” de Giuseppe Verdi, después de 160 años, sigue conmoviendo a los espectadores y esta vez no fue en el teatro La Fenice, de Venecia, sino en el Teatro Nacional Manuel Bonilla (TNMB), de la capital hondureña.

Esta es la decimooctava ópera que la Fundación Musical de Honduras pone en marcha desde su inicio en 1992, y para celebrar los 20 años de esa primera vez que se realizó una ópera en el país, vuelve a poner en escena “La traviata”, con la que inició la actividad operística en Honduras.

La noche de gala fue el jueves 8 y los fondos recaudados fueron a beneficio de la Fundación para el Museo del Hombre Hondureño (FMHH).

Una noche con Violetta y Alfredo

El recinto lució abarrotado con el público que llegó a apreciar esta presentación que contó con la participación de un gran elenco nacional e internacional, y que reunió en un mismo escenario a alrededor de 90 artistas, entre operistas, coros y orquesta.

El primer acto de la ópera basada en la novela “La dama de las camelias”, de Alejandro Dumas, inició con un preludio de la orquesta, posteriormente el telón se abrió para apreciar una fiesta en la casa de Violetta, quien rodeada de sus amigos Gastón, el Barón Douphol, el Marqués y Flora, disfruta de una rimbombante reunión entre risas y vino, que finaliza con la declaración de amor de Alfredo Germont, que delira por ella desde hace un año.

La joven cortesana acostumbrada al lujo y regalos de sus amantes, solo ha sabido vivir del placer y los amores fugaces, y no ha tenido la dicha de amar ni ser amada, ella es “un alma solitaria”.

En su confusión sobre los sentimientos de Alfredo, Violetta, sola en su casa, recuerda lo modesto y atento que fue su admirador durante estuvo enferma, y ella, la mujer “sola y abandonada en el populoso desierto que llaman París”, se aferra a que debe ser siempre libre “y revolotear de placer en placer”. Pero esa renuencia hacia el amor de Alfredo no dura mucho tiempo.

En el segundo acto el tiempo ha pasado. Violetta y Alfredo disfrutan de su amor en la hacienda que la cortesana tiene en las afueras de París, la felicidad es plena y el joven siente que su amada en ese lugar ha olvidado todo por él, pero detrás de todo la dama le oculta que tiene que vender sus posesiones para poder sostenerse.

Al darse cuenta por boca de la criada Annina que Violetta está quedando casi en la calle, se va a París ocultando que el motivo de su partida es resolver el problema.

En su ausencia, su padre Giorgio Germont visita a Violetta con un solo y duro propósito: pedirle que se aleje de su hijo, porque la relación entre ambos supone una mancha para el nombre de su familia.

Violetta rechaza la proposición, pero el hombre no desiste y le habla sobre la vejez y la belleza perdida, que impedirá que el amor siga tan fuerte como lo es en el presente, la dama sigue renuente, y el padre desesperado le dice que su relación con Alfredo impidió el matrimonio de su hija, que es “pura como un ángel”, para después pedirle que se aleje de Alfredo, porque su amor “no lo ha bendecido el cielo”.


Violetta acepta alejarse, y a cambio le pide a Giorgio que al pasar el tiempo le confiese a Alfredo el sacrificio que ha hecho ella. Después de tan doloroso momento, ella abandona a Alfredo.


Al haber logrado su cometido, el padre le pide al hijo que regrese a su ciudad natal, no obstante, regresa a París para vengarse de la mujer que lo ha hecho sufrir sin motivos.

Otra fiesta vuelve a realizarse en París, esta vez en casa de Flora, y es el Barón quien está al lado de Violetta, y el Alfredo ilusionado y amoroso de aquella fiesta anterior da paso a un hombre duro que segado por el dolor y la traición, enfrente de todos los invitados, le tira a los pies una bolsa de dinero, para que todos sean testigos de que ha pagado la deuda, tratándola así como una prostituta. Tal acción es reprendida por Giorgio.

El tercer acto es la parte más triste de la ópera porque una sola, enferma y lastimada Violetta le escribe a Giorgio para informarle que le ha dicho a su hijo el sacrificio que hizo, acción que según ella provocará que su amado le implore perdón.

Y en efecto, Alfredo llega y se da cuenta que Violetta está mal de salud, y al entrar su padre le señala el mal que ha hecho. El desenlace de la ópera es la muerte de Violetta en brazos de Alfredo.

Esfuerzos

“La traviata” es una ópera cargada de sentimiento, atemporal y universal por el tema que aborda, y que ha tenido tanto éxito ahora como hace 20 años, cuando fue presentada por primera vez en Honduras.

Los actores principales que interpretaron a Violetta, a Alfredo y Giorgio Germont reconocen que hacen esta ópera porque aman el arte y la obra.

Los artistas Ángel Rivas, de El Salvador; Karin Rademann y Julia Pimentel, de Guatemala; Jehú Sánchez y Gerardo Reynoso, de México, y Óscar Cáceres, de Honduras, reconocieron el gran esfuerzo realizado por la Fundación Musical de Honduras para montar esta gran producción, la cual han apreciado niños, jóvenes y adultos en las cinco presentaciones que han realizado desde el lunes 4, y que admirarán en las dos que realizarán hoy y el próximo lunes.

El hecho de formar un público joven desde hace 20 años fue valorado por los artistas, quienes consideran que esto es importante para formar una sociedad sensible.