Un joven de 15 años de edad, originario de Lempira, llegó a la capital de Honduras a inicios de los 90 con la idea de ser un tallador en madera. Al momento de enfrentar lo que estaba a punto de vivir, se dio cuenta de que era más de lo que esperaba. Y así comenzó la carrera de Adonay Navarro, en los salones de clase de la Escuela Nacional de Bellas Artes, aprendiendo y experimentando.
En 1993 se graduó, y en 1995 realizó su primera exposición individual en San Pedro Sula, “Mi barro y sus verdades”, trabajos fundidos en marmolina; en 1997 expuso por primera vez fuera de Honduras, en San Luis, Misuri, su obra era policromada con colores fuertes, con una mezcla de fibras, madera, resina y metales.
En 2013 Navarro cumple 20 años de trayectoria, tiempo que ha sido para él una búsqueda constante, de cambios fuertes, enfocada, al inicio, en el rescate de nuestras raíces antropológicas; ahora, con obras que evocan un renacer, un resurgir a las nuevas creaciones de vida, a la innovación de los procesos que el ser humano lleva a cabo para transformar la materia. Pero nadie mejor que el artista para hablarnos de su carrera.
¿Cuando inició sus estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes, cuáles eran sus expectativas? Cuando llegué ni siquiera sabía lo que era la Escuela de Bellas Artes, porque venía de un pueblo, realmente me gustaba mucho tallar madera. Cuando llegué a hacer el examen de admisión según yo era de una mañana, pero no, eran tres días, y supe que era toda una carrera y se me abrió el panorama, y me di cuenta de que era más de lo que pensaba. En aquel momento los artistas hondureños que habían viajado, de los que estaban en Bellas Artes, eran los que más hablaban con nosotros, entonces yo decía, “bueno, pero yo también quiero triunfar, voy a trabajar para eso”.
¿Cómo recuerda sus primeros trabajos en Bellas Artes? Desde que ingresé me gustaba mucho experimentar y mezclar materiales, los primeros trabajos con los que participé en 1990 como alumno de primer año fueron en técnica mixta con bastante mezcla de madera y piedras; también recuerdo una exposición de trabajos en terracota, que ha sido un recurso para todos los escultores cuando empezamos porque es lo más barato y lo más fácil de trabajar. Así recuerdo mis primeros años, siempre enfocado en una búsqueda.
¿Qué temas le inquietaban? En aquel tiempo, como yo venía de un pueblo siempre he estado muy vinculado a la naturaleza, entonces mi tema estaba basado en la deforestación. En el 92 estaba de moda el quinto centenario de América, y eso fue algo que impactó muchísimo, y a partir de ese momento comencé a trabajar temas indigenistas, basados en nuestra cultura, en nuestras raíces, temas lencas sobre todo, y utilizando siempre a mi mamá como un punto de inspiración. Esos fueron los temas, y me mantuve por mucho tiempo trabajando eso.
¿Desde el inicio se inclinó por la escultura? Sí, porque considero que me ha dado mayor libertad de poder expresarme, la pintura por ser bidimensional tiene ciertas limitantes, yo así lo veo, aunque me gusta la pintura y también pinto, pero en aquel momento sentí que con la escultura podía expresarme mejor, me da más libertad, un mejor campo de experimentación.
¿Cómo era su obra antes de dar un salto en su carrera? Los primeros trabajos que realicé eran bastante crudos, quizá en algún momento hasta bastante panfletarios, pero creo que también eso era producto del momento que estábamos viviendo, porque recién pasaba la década de los 80, y de una u otra forma esto también marcaba la influencia de los alumnos de ese momento, y eso es parte del proceso, de la obra, de lo que todos hacemos. Comparado con lo que hago ahora, mi trabajo ahora lo investigo más, tanto a nivel conceptual como técnico, y a nivel estético uno trata de simplificarlo lo más que puede.
¿En qué momento su obra tuvo un cambio fuerte? Han habido ciertas etapas, por ejemplo la de estudiante: hacía mi obra y la exponía, pero no dejaba de ser un alumno en búsqueda. Luego me gradué y comencé a buscar una línea, un trabajo ya más personal, más propio. Después viajé a Estados Unidos y estuve viviendo allá, mi trabajo sufrió un cambio bastante fuerte y drástico, ya me enfrentaba a otro medio con diferentes herramientas, con mejores recursos, pero creo que mi trabajo siempre siguió una línea bastante tradicional. Y desde hace unos tres o cuatro años, cuando tuve situaciones personales que me llevaron a pensar y reflexionar, entonces mi trabajo se volvió más simple, tratando de ser lo más minimalista posible. Fue un cambio fuerte, y eso me ha marcado en estos últimos años.
¿Considera que su carrera ha seguido el camino que usted quería? Creo que las metas, las expectativas y los sueños de cada artista se van ampliando a medida uno va trabajando, creo que sí he logrado lo que me he propuesto y sí es como lo esperaba, no ha sido fácil, son 20 años de trabajo y aún así es una carrera bastante corta. Dentro del arte 20 o 25 años todavía es poquito, siento que todavía estoy comenzando mi carrera, apenas estoy arrancando en este momento, y siento que ha tomado el rumbo que he deseado.
¿Qué materiales utiliza en sus obras y por qué? Personalmente me gusta más la talla directa, aunque por mucho tiempo me gustaba la mezcla de materiales, el redimei, la construcción, el juego de texturas, pero me estoy enfocando más hacia la talla directa. Creo que es una de las técnicas más completas, y es ahí donde se ve el verdadero escultor; un vaciado, un modelado en arcilla o una construcción da más libertad, pero como escultor creo que la talla directa, y partiendo de eso la piedra es uno de los materiales más nobles.
¿Cuál es el concepto que ha manejado en sus últimos trabajos? Todos estos trabajos son parte de mi nueva etapa, yo he llamado a toda esta obra de transición hacia donde realmente quiero llegar. La serie que se llama Fossilis Modernus es un trabajo que va buscando más hacia donde quiero llegar, es bien difícil decir hasta dónde llegaré y qué es lo que quiero hacer porque uno como artista está siempre creando y experimentando, pero ese trabajo marcó un cambio. Partiendo de ahí el trabajo con el que gané la Bienal, o lo que llevé a Italia y después “Cielo abierto” es un proceso de búsqueda, y es un trabajo que está en un proceso de transición de mi obra, porque no me voy a quedar ahí, simplemente es como para que mi futura obra no vaya a caer muy pesada al público, porque tengo que seguir buscando, experimentando. Aunque creo que nunca voy a estar satisfecho como artista, siempre voy a estar en la búsqueda.
¿Y qué tan fuerte es el cambio que experimentará su obra? Cuando me refiero a que quiero hacer un trabajo bastante fuerte, bastante propio, y yo digo que de repente va a chocar, es por las personas del medio que conocen mi trabajo. En el caso de “Cielo abierto”, por ejemplo, causó muchas críticas en el medio, y algunos decían que por qué estaba haciendo instalación, y no es una instalación, es una escultura elevada. Me gusta la instalación, la intervención de las áreas y los espacios físicos, es ahí donde quiero enfocar mi trabajo, lo quiero enfocar más que todo hacia la intervención de las áreas públicas, entonces el trabajo que estoy haciendo en este momento, como “Cielo abierto”, es prácticamente un estudio, son los primeros pasos, porque lo que quiero hacer a futuro es un trabajo básicamente vinculado con la sociedad. Creo que el artista tiene que tratar de dejar un legado, y mi carrera es bastante joven, estoy apenas comenzando, pero ya estoy pensando en qué es lo que puedo dejar, y quiero dejar eso, una obra que quizá en su momento sea físicamente efímera, pero a nivel conceptual que sea perdurable, que salga de las paredes.