Exclusiva: Hasta por servicios de delivery se está vendiendo droga en Honduras

Hasta el narcotráfico se reinventó durante el confinamiento al comenzar a vender drogas con servicio a domicilio, según una investigación de este rotativo. Mecanismo representa un nuevo desafío para las autoridades

Sin bajarse de su motocicleta y entregando droga en plena vía pública, frente a un reconocido colegio capitalino y como si se tratara de un pedido de comida rápida, este repartidor entregó la mercancía.

Por: Redacción

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Necesito perico o mota, ¿me podés conseguir?
-¿Quién le dio este número?
-Juan (Nombre ficticio)
-Ya le procesé el pedido. El repartidor le va a escribir.

Así de fácil es pedir por delivery o a domicilio la droga que ofrecen las diferentes redes de microtráfico en la capital hondureña, una modalidad que viene en ascenso tras el confinamiento por la pandemia del covid-19.

Y fue así como la Unidad Investigativa de EL HERALDO Plus, con el riesgo de que sus reporteros resultaran descubiertos o que la operación terminara en un hecho lamentable, se internó en el mundo del tráfico a pequeña escala de estupefacientes en Tegucigalpa para descubrir que el producto ilícito está al alcance de un par de mensajes vía WhatsApp.

Este equipo detectó que este esquema representa un reto para las autoridades por la dificultad para identificar a los traficantes y vendedores.

Surgido en el confinamiento producto de la pandemia, bajo la idea de que “Si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma”, este servicio llegó para quedarse.

La Unidad Investigativa de EL HERALDO Plus también evidenció la relativa facilidad con la que se comercializan los alucinógenos a través de los métodos tradicionales de siempre: plazas clandestinas de ventas.

Sin embargo, ambos sistemas comparten el mismo protocolo que solo a través de recomendaciones se accederá a la venta.

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Pedido

Conseguir el número del servicio de delivery de droga fue relativamente fácil. Hay grupos de WhatsApp donde se informan sobre las promociones de las sustancias ilícitas, dónde se pueden comprar y hasta cómo pedir a domicilio.

Entonces, a varios contactos claves con acceso a estos canales les preguntamos por distribuidores de droga.

En menos de tres minutos, uno de ellos mandó un afiche del variado menú de drogas.

“Garantizamos el correcto pesaje y calidad de los productos finales. Pregunte sin compromiso, con gusto le atenderemos”, dice la imagen de una de las redes de microtráfico que se promociona cual si fuera un restaurante de comida rápida.

La sensación de asombro invadió a la Unidad Investigativa de EL HERALDO Plus. “Pucha, ¡qué fácil”, expresó en sus adentros uno de los miembros del equipo.

Junto al afiche se adjuntó el número del proveedor. No aparecía la firma de persona, sino el nombre de la tienda virtual.

Con el número ya en poder del staff de EL HERALDO Plus, a recomendación de un contacto (de un contacto, porque así funcionan estas redes), se tuvo que ser directo con el mensaje.

“Necesito perico o mota, ¿me podés conseguir?”, consultó uno de los investigadores.

Como sugirió el experto, también se solicitó de inmediato y de manera específica la cantidad de droga (en nuestro caso, la mínima disponible), pues la oferta de este grupo supera los 20 gramos por envío.“

¿Quién le dio este número?”, preguntaron en el WhatsApp.El equipo de EL HERALDO Plus ya estaba preparado para esta pregunta clave.

Para protegerse, y como estos negocios ilícitos operan mediante una cadena de recomendaciones, piden el nombre y el número de quién ayudó a hacer el enlace para verificar si la persona mencionada está entre sus contactos o clientes.

Fallar en la respuesta podría provocar que la compra se cayera y que el proveedor se mantuviera en alerta de un posible infiltrado.

Tras proporcionar el nombre (Juan, ficticio) y número (se omite en este caso), también se le recordó el pedido.

El vendedor corroboró que, en efecto, no había problema. El momento clave fue superado y la negociación ya casi estaba cerrada.

No pasaron ni tres minutos del primer mensaje cuando ya se estaba procesando la orden.

La persona encargada de responder por la aplicación de mensajería explicó al equipo infiltrado de EL HERALDO Plus que el pedido ya estaba en proceso y de ahora en adelante un repartidor se comunicaría para solicitar la dirección donde se entregaría la droga.

Y fue hasta una hora después que desde un número desconocido escribieron: “Soy el repartidor. ¿Dónde quiere que le lleve el pedido?

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Después de que el equipo infiltrado indicara el lugar de la entrega, pactada en una populosa colonia de la capital, frente a un reconocido colegio público, el delivery anunció que llegaría pronto.

La persona infiltrada supuso que la entrega sería en 20 minutos, sin embargo, no había rastro todavía del repartidor después de ese tiempo.

“Nos descubrieron, ya no van a venir”, “no van a llegar porque no somos clientes directos”, “será que hay muchos pedidos”, “tal vez por el tráfico”.

Esos y otros fueron los pensamiento que invadieron la mente del falso cliente tras superar la espera de 20 minutos.

A los minutos se reportó el repartidor, se excusó en varios audios: “Aquí voy, camarada, hay un pi... de tráfico”... pero pasaron otros 20 minutos. La desesperación regresó a la mente.

“Están jugando con nosotros”, volvió a pensar el encargado de recibir el pedido. Pocos minutos después cayó otro audio del delivery: “Perrón, si quiere mándeme la ubicación para caer de un solo”.

Cerca de las 7:00 de la noche, dos patrullas pasaron de manera veloz, sin detenerse, por la calle principal de la colonia donde estaba la Unidad Investigativa de EL HERALDO Plus.

Curiosamente, detrás de las unidades policiales venía el repartidor en una motocicleta sin placas, se estacionó frente al falso cliente para realizar la entrega.

A esa hora, la zona estaba despejada, ya se habían ido los estudiantes del colegio, el flujo vehicular era bajo y no había nadie más que nuestro infiltrado, así que se dirigió directamente hacia él.

“Es él”, confirmó en sus adentros la persona que simulaba ser un comprador.

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En ningún momento el sujeto, delgado, de camisa floja oscura y pantalón ceñido a sus piernas, apagó su motocicleta, ni se quitó su casco, pero, a pesar de lo poco visible que estaba su rostro, se pudo identificar que era un joven.

Se presentó al falso cliente con un código, pronunciado con su voz aguda: “La alegría”.

Después, el repartidor preguntó al infiltrado para que confirmara el pedido.

Un escueto “sí” respondió la persona.“Perdón, es que había tráfico”, agregó el delivery. “Tranquilo, ¿cuánto es?”, consultó la persona encubierta al momento de que el repartidor le entregaba un sobre color blanco que en el interior ocultaba la droga que se había solicitado.

“Son 500 (lempiras) y por el envío dame para el fresco”, pidió el sujeto, ya que la entrega se cancelaba por separado.

“Cheque, perrón. Estamos a la orden”, se despidió. Introdujo los billetes a su pantalón, volvió sus manos al timón de su motocicleta para girar a la izquierda, dio la vuelta y se marchó a veloz carrera.

No transcurrieron ni 120 segundos entre la llegada del repartidor, la entrega de la droga, el pago y que cada quien siguiera por su camino, mostrando la sencillez para comprar la sustancia a domicilio.

Esta nueva modalidad de distribución de drogas en el país hace que el tráfico ilegal sea más expedito.

Autoridades entrevistadas por EL HERALDO Plus confirmaron que este método nace desde el confinamiento producto de la pandemia del covid-19.

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Más compras

EL HERALDO Plus también utilizó la tradicional manera de comprar drogas: ir a las plazas donde se venden estas sustancias de manera clandestina a través de un bandera -un vigía- que pertenece a la mara o pandilla que tiene el control de la zona.

Y, aunque son colonias de alta peligrosidad controladas por grupos criminales, el silencio y la anormal tranquilidad se apoderan de las solitarias calles.

Así lo atestiguó un periodista de EL HERALDO Plus que encubierto realizó una compra de cocaína en un reconocido punto

Siguiendo los protocolos conocidos, este equipo contactó con personas que tenían acceso a vendedores o proveedores de droga, sin que sospecharan que se trataba de un trabajo de investigación periodística.

Uno de ellos, sin sospechar de la operación real, accedió a colaborar.

“Que se quede esperando en la cancha y ahí lo llegarán a traer para llevarlo a comprar”, dijo el enlace a EL HERALDO Plus.

El infiltrado llegó al sitio cuando la luz del sol estaba en su máximo apogeo y esperó unos cinco minutos en el sitio, cuando miró a lo lejos de una calle a unos sujetos con dirección a la cancha de fútbol.

“Qué onda”, saludaron al falso cliente. “Esperate aquí, hay que esperar que nos avisen para ir a comprar”, dijo uno de los banderas.

“Tenés que pagarme lo que vas a comprar, si querés diez brutos son 200 varas”, exigió uno de los sujetos.

Al momento que el periodista pagó, inmediatamente el que recibió el dinero alzó la voz diciendo:

-“¿Qué pedos?, también tenés que darme para el fresco”.

-“¿Cuánto?”, preguntó el cliente.

-“Dame para unos dos o tres brutos”, dijo el bandera.

Diez minutos después, los sujetos recibieron la orden de encaminar al infiltrado. El silencio y la tranquilidad se apoderaron de las solitarias calles mientras el falso cliente se dirigía a comprar el producto ilícito.

Después de caminar unos 100 metros por una calle de tierra que funciona como estacionamiento, una mujer de piel trigueña, vestida con un short desgastado y camiseta rosada que le llegaba hasta el ombligo, ya esperaba en medio de dos vehículos al infiltrado.

Cliente y vendedora se reconocieron de inmediato porque ya había acordado la manera de identificarse.

“Aquí está lo que pediste”, dijo la mujer, quien se negó a responder cuál era su nombre, pero sí brindó su número para volverla a contactar en caso de que se quiera hacer una nueva compra. Sin mediar más palabras y sin tiempo que perder, entregó los narcóticos y se marchó.

Sin embargo, este equipo comprobó que buscar drogas sin contactos o referencias es un gran peligro. EL HERALDO Plus recorrió varios puntos de la capital donde es vox populi que se vende droga.

Montado en un vehículo, el equipo de EL HERALDO Plus llegó a una de esas plazas de venta de droga. Hasta ese momento todo parecía normal y hasta en confianza, pues una posta policial regala la sensación de que todo estará bien.

Los periodistas se encontraron con dos sujetos trigueños, cabello parado, delgados, no tan altos y con vestimenta holgada.

Desde el interior del auto, un reportero dice con voz paciente e ingenua: “Disculpen, una pregunta...”, pero para los extraños sujetos solo fue una amenaza, por lo que velozmente ingresaron a una vivienda con fachada de láminas y azotaron con fuerza la puerta.

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El reportero le insistió que solo necesitaba ayuda con una dirección, mientras los tipos observaban el vehículo desde una de las hendiduras de la puerta, la cual sorpresivamente se abrió y un enfurecido hombre con ojos exaltados y venas resaltadas salió de la vivienda.

¿Qué putas quieren?, ¿qué andan haciendo aquí?, ¿qué andan preguntando?”, vociferó el furioso sujeto y, sin dar tiempo de explicación, solicitó a sus acompañantes un arma de fuego.

Y mientras esperaba la pistola, el conductor del auto pisó bruscamente el acelerador y los 70 kilómetros por hora de velocidad se sentían insuficientes para huir de la zona, incluso los túmulos no se sintieron como obstáculos, mientras que por el retrovisor del carro se miró que uno de ellos quedó con el arma en la mano.

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