Análisis
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Tegucigalpa, Honduras.- En Honduras tener vivienda propia no es únicamente una meta material, es para miles de familias la consolidación de un sueño que representa seguridad, estabilidad y dignidad.
Dejar de pagar alquiler significa liberar una carga económica constante. Un hogar propio reduce incertidumbre, mejora calidad de vida y permite a familias proyectarse a largo plazo; sin embargo, alcanzar este objetivo sigue siendo difícil, pues el déficit habitacional en Honduras es enorme, entre casas inexistentes y aquellas que no cumplen con condiciones adecuadas.
Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) indican que más de 1.6 millones de hogares presentan algún tipo de déficit habitacional; es decir, aproximadamente seis de cada 10 hogares viven en condiciones inadecuadas por falta de vivienda propia, hacinamiento o precariedad en infraestructura.
Según otro informe basado en la Encuesta Permanente de Hogares de Propósitos Múltiples 2024, el país contabilizaba 2.6 millones de viviendas, de las cuales más del 58% estaban en zonas urbanas y el resto correspondía a áreas rurales.
Las limitaciones económicas, empleo informal y acceso restringido al crédito son algunas de las principales barreras. A esto se suma el aumento en costos de materiales de construcción y encarecimiento del suelo.
Programas impulsados por el Gobierno y entidades financieras han buscado reducir esta distancia, ofreciendo financiamiento accesible para viviendas de interés social y media, pero aún queda mucho por hacer para garantizar que más hondureños puedan acceder a una casa.
Desde el punto de vista económico, adquirir una casa también representa una inversión a largo plazo.
A diferencia del alquiler, una casa puede aumentar su valor con el tiempo y convertirse en un activo clave para la estabilidad financiera familiar.
El economista Jorge Interiano señaló que las condiciones actuales dificultan aún más que las familias puedan construir o adquirir casa propia. Interiano explicó que el aumento en precios del petróleo ha tenido un efecto directo en los costos de construcción.
“Sus derivados impactan en materiales como el cemento, hierro y transporte, lo que encarece levantar una vivienda”, indicó.
El analista comentó que, más allá de factores coyunturales, Honduras arrastra deuda estructural en materia de planificación.
“No hemos tenido estrategia clara desde los Gobiernos orientada a resolver el problema de vivienda, no hay norte definido en un plan nacional de desarrollo que atienda estas necesidades”, afirmó.
A esto se suma una de las principales barreras: los ingresos de la población. Según Interiano, la mayoría de hondureños destinan sus recursos a subsistencia diaria, lo que limita cualquier posibilidad de ahorro o acceso a crédito.
En el ámbito financiero, otro obstáculo es el acceso al crédito, las exigencias de garantías bancarias dejan fuera a amplios sectores de bajos ingresos, mientras que, aunque existen programas estatales con tasas más accesibles, estos suelen verse afectados por la burocracia y la injerencia política.
Frente a este contexto, Interiano resaltó el papel de organizaciones no gubernamentales como Hábitat para la Humanidad, que desarrolla proyectos de vivienda social ajustados a la capacidad de pago de los beneficiarios.
En medio del creciente déficit habitacional y encarecimiento del crédito en la banca privada, el Banco Hondureño para la Producción y la Vivienda (Banhprovi) ha sido uno de los principales motores de financiamiento, ofreciendo tasas de interés preferenciales que buscan facilitar el acceso a casa propia.
Banhprovi mantiene dos líneas claves de crédito para vivienda: social y para clase media.
La primera, orientada a sectores de menores ingresos, ofrece tasas de interés de apenas el 4% anual para proyectos con montos de hasta L1.3 millones, mientras que la segunda, dirigida a familias con mayor capacidad económica, maneja tasa del 7%, para inmuebles valorados entre L1.3 millones y L4 millones.
Ambos programas permiten plazos de hasta 30 años, lo que reduce el monto de cuotas mensuales. Por ejemplo, un préstamo de casa social puede implicar pagos desde poco más de 2,000 lempiras mensuales, mientras que en el segmento de clase media las cuotas pueden superar los 9,000 lempiras, dependiendo del monto financiado.
A pesar de las condiciones favorables, expertos señalan que el acceso a estos créditos aún enfrenta limitaciones.
Uno de los principales obstáculos es que los préstamos no se gestionan directamente con Banhprovi, sino a través de bancos intermediarios, los cuales aplican sus criterios de evaluación.
Esto implica requisitos como historial crediticio, capacidad de pago y aportación de prima, lo que deja fuera a una parte importante de la población, especialmente en el sector informal.
Otras de las alternativas es el financiamiento con el Régimen de Aportaciones Privadas (RAP). Este esquema presenta una alternativa más flexible, aunque con tasas de interés superiores.
La tasa bajó recientemente del 10% al 9% para quienes devengan hasta dos salarios mínimos, mientras que para quienes superan ese nivel se redujo del 11.5% al 10.5%.
El monto máximo a financiar se fijó en cinco millones de lempiras, tanto para compra como construcción de vivienda, con plazos de hasta 30 años.
“Este es un paso importante para construir un sistema más inclusivo, donde más trabajadores tengan acceso a protección social y más empresas puedan cumplir de manera ordenada y sostenible”, comentó su presidente Juan Carlos Sikaffy.
La cuota mensual puede representar entre 45% y 60% del ingreso del solicitante, lo que amplía el acceso, pero también incrementa el nivel de compromiso financiero.
Banhprovi ofrece tasas más bajas, aunque su acceso es más limitado y los procesos suelen ser más lentos. En contraste, RAP presenta tasas más elevadas, pero con mayor disponibilidad de fondos, mayor flexibilidad y tiempos de aprobación más ágiles.
Recién se aprobó el decreto legislativo Nº 40-2026, reforma que permite reorientar miles de millones de lempiras del Régimen de Aportaciones Privadas hacia financiamiento habitacional.
Edwin Araque, expresidente ejecutivo de Banhprovi, señaló que urge fortalecer la oferta de casa, sobre todo en sector social, donde el déficit es más evidente.
Araque manifestó que, aunque Banhprovi ofrece condiciones atractivas, los recursos disponibles resultan insuficientes frente a la alta demanda.
“La gente quiere acceder a estos programas, pero los fondos se agotan rápido. Existe un exceso de demanda y capacidad limitada de financiamiento”, explicó. El presupuesto de Banhprovi para 2026 es de 3,055 millones de lempiras
NOTA
Un reportaje periodístico de EL HERALDO y LA PRENSA en el marco de la campaña Hogares dignos, vidas plenas, con el apoyo de Hábitat para la Humanidad y el patrocinio de Banpaís.
Hábitat para la Humanidad Honduras
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