Sequía
Exclusivo suscriptores
Tegucigalpa, Honduras.- A las 3:00 de la madrugada, un manto de oscuridad cubre la comunidad de El Portillo, Reitoca, Francisco Morazán. El canto de los grillos se escucha entre los árboles y los gallos todavía duermen, pero don David Álvarez ya está en un pozo comunitario del pueblo, extrayendo agua para darle de beber a su ganado.
Al igual que en el resto del Corredor Seco, la severa sequía que enfrenta Honduras ha consumido las fuentes de agua en este municipio. Mantener en pie a las vacas se ha convertido en un vía crucis diario para cualquier propietario de ganado.
A las 11:00 de la mañana, el equipo de EL HERALDO Plus conversó con el pequeño ganadero en una calle polvorienta. En ese momento, amarraba sus dos reses en la entrada de un potrero que alquilaba por 5,000 lempiras.
“Cuando empezó a llover, conseguí este terreno para que el ganado comiera, pero de nada sirvió, porque solo cayeron unas tormentas, después se fue el invierno, no creció el pasto”, lamentó el hombre, mientras se refugiaba bajo la sombra de un árbol.
Agitado y sofocado por el calor, con la camisa impregnada de sudor debido a los 34 grados centígrados que marcaba la temperatura, don David observaba el terreno reseco.
“Aquí es una quebrada, cuando hay invierno corre el agua, pero hoy todo está seco”, comentó don David mientras señalaba hacia el cauce pedregoso y seco.
Para alimentar al ganado, el hombre debe comprar forraje, generalmente en Comayagua, porque en la zona escasea. Tampoco hay guate, pues las milpas no crecieron.
Consultado sobre cómo enfrenta la escasez de agua, don David comentó que “estoy oscureando (madrugando) para conseguirla, porque sino vienen de otras casas y la agarran, por eso hay que estar a las 3:00 de la mañana en el pozo, se trata que ajuste para todos”.
Mantener con vida una vaca en tiempos de sequía no es fácil. Un animal puede llegar a consumir un balde de agua al día, suministrado de forma racionada apenas para mantenerlo en pie. De lo contrario, puede morir.
El equipo periodístico de EL HERALDO Plus encontró semovientes muertos en varios municipios. Según los pobladores de la zona, las vacas no resisten el calor, la sed y el hambre, por lo que terminan cayendo sin fuerzas en los potreros o a la orilla de las calles.
Aunque no hubo cosecha, las pequeñas matas de maíz se han convertido en la salvación de miles de ganaderos, que las cortan para utilizarlas como alimento para sus animales. Así esperan mantenerlos con vida hasta que comiencen las lluvias de postrera, en septiembre.
A un kilómetro de donde pastaban las vacas de don David, Francisco Godoy caminaba bajo el ardiente sol de la comunidad de Monte Grande Arriba, Sabanagrande, mientras cargaba sobre la espalda un bulto de zacate: sería el alimento de sus animales durante dos días.
Como si alimentara una jauría de perros, el ganadero llegó con el pasto al potrero. Los animales no se veían por ningún lado, pero al grito de “¡vaaacaaas” aparecieron los semovientes: flacos y hambrientos, pero todavía con vida.
En ellos está depositado el sacrificio de toda la temporada.El esfuerzo es tenaz: alquiló un terreno para habilitarlo como potrero y varias personas le han regalado zacate, que acarrea para alimentar a las vacas. Sin embargo, les da solo lo necesario, con el fin de que el alimento le rinda durante varios días.
“El problema de este año ha sido la sequía porque no hay agua ni en los pozos, yo tengo dos pozos ahí adentro — expresó mientras señalaba el terreno—, pero no hay agua, entonces tengo que pedirle agua a la comunidad para darle a los animalitos”.
Tiene cinco semovientes, pero tres de ellos los trasladó a una montaña donde hay más agua. Se quedó con dos animales que estaban por parir.
Una de esas vacas, con los huesos marcados a causa de la desnutrición, podría morir, comentó, pues la muerte de ganado ya empieza a marcar a las comunidades.
Durante un recorrido por los municipios del sur de Francisco Morazán, Choluteca, Valle y El Paraíso, EL HERALDO Plus observó semovientes visiblemente flacos.
De algunas vacas y caballos solo quedan los huesos esparcidos sobre la tierra.Don Francisco se esmera en cuidar sus vacas porque representan el patrimonio de toda una vida de lucha. “Aquí por lo menos perdería 66,000 lempiras en estos”, dijo señalando a los dos animales, adquiridos en Tegucigalpa.
Contó que invirtió unos 150,000 lempiras en cinco animales, dinero obtenido mediante un préstamo que ya canceló. Por eso no los descuida: incluso les da ramas de un árbol al que llaman “quiebra muela” y hojas de guásimo para que logren superar la severa crisis.
Muchos productores prefieren vender sus animales a precios de remate antes de que mueran, expresó con preocupación don Edgardo Núñez, habitante de La Libertad, Francisco Morazán.
“La situación es preocupante, no es para estarse riendo, le estamos pidiendo a Dios cada día y cada minuto, porque miramos que se acaba el agua, que todo se está secando y los cultivos se fueron a pique”, exteriorizó.
Lo más lamentable, expresó el poblador, es que “el ganado se está vendiendo a precio de guate mojado (barato) para no perder todo y recuperar aunque sea algo”, detalló.
Lamentó que la crisis sea aprovechada por los comerciantes, pues por vacas valoradas entre 20,000 y 25,000 lempiras ofrecen apenas 15,000 lempiras o menos. Ante la necesidad, muchos productores terminan aceptando y dejan que se lleven los animales.
Frente a esta situación, llamó a las autoridades a actuar porque, si bien la sequía es un fenómeno natural, miles de personas se están quedando sin agua y sin comida. “Al final nos vamos a morir por esta crisis”, lamentó.
Don Edgardo dijo que al habitante del campo no le queda otra opción que intentarlo de nuevo. Aunque perdió toda la siembra de primera, ya tiene listos el machete y la barreta para la siembra de postrera, que comenzará a finales de este mes.
El enérgico campesino reflexionó que la situación provocada por la falta de lluvia no solo es difícil para las personas, sino también para los animales, que carecen tanto de agua como de alimento.
Mientras tanto, en la comunidad de Las Mesas, Coray, Valle, las vacas y los toretes de don Tiburcio Domínguez regresaban al corral después de haber sido soltados a la calle para buscar algo que comer, pues todo se ha vuelto escaso.
A voz baja comentó que han atravesado una crisis severa debido a la sequía. No lograron producir nada de lo que sembraron y el ganado también ha sufrido. Como pueden, compran alimento para mantenerlo, pero el panorama no es alentador.
El ganadero comentó que la mortalidad del ganado azota los corredores más secos. Solo a él se le murieron tres vacas, valoradas en 20,000 lempiras cada una, y un semental de 50,000 lempiras. “Usted sabe que para el pobre eso es difícil”, deploró.
En toda su vida como productor nunca antes había tenido que comprar agua. Ahora debe hacerlo para mantener con vida a sus animales, porque hasta el río se secó. En años anteriores, para agosto, el agua corría con fuerza, pero ahora solo quedan unas pocas pozas.
Wilson Oyuela, alcalde de La Libertad, Francisco Morazán, calificó este año como atípico por las condiciones climáticas. La sequía ha impactado en la seguridad alimentaria: algunas comunidades reportan la pérdida de casi la totalidad de los cultivos y varias fuentes de agua se han secado.
El jefe edilicio dijo que se preparaba para llevar alimentos a la población, priorizando en una primera etapa los hogares con adultos mayores y niños. Posteriormente, el resto de las raciones alimenticias se distribuirán en otras zonas del municipio.
“Indudablemente hay crisis en todo el municipio y nosotros estamos apostando a la perforación de pozos y educando a la gente, porque hay aumento en las enfermedades virales y parasitarias”, expresó.
Al consultarle cuáles son las zonas más afectadas del municipio, no dudó en afirmar que el impacto es generalizado: tanto en las aldeas como en el casco urbano escasea el agua.
El problema de la muerte del ganado radica en la falta de agua para saciar la sed y en la ausencia de pasto. Ante esta situación, algunas personas compran alimento en otros municipios y departamentos, o lo buscan en zonas donde todavía hay agua.
Sin embargo, esa alternativa no está al alcance de todos los ganaderos debido a las condiciones de pobreza de muchas familias, manifestó el funcionario municipal.