Sequía
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Alubarén, Francisco Morazán.- “Tengo un poquito de café, si quieren les sacó un traguito”, ofreció con toda voluntad doña María Santos Velásquez, a pesar que en su cocina solo quedaba una olla con maíz recién cocido que debía durar toda la semana, mientras sus nietos saciaban el hambre con ciruelas y sal.
En la cocina no se miraban nada más que ollas con tile, el comal del fuego vacío, las cenizas sacadas, señal que no había sido encendido; los estantes de pedazos de madera tampoco daban aviso de almacenar comida.
Su rostro se mostraba cansado, su voz pausada y suave sonaba triste y su estómago se a la calamidad que está viviendo por la falta de lluvia. Los pozos se secaron y las milpas donde siembran sus hijos en la aldea Tablones, Alubarén, lucen tostadas por el calor, no dieron ni un grano.
“Uno no come , no toma agua cuando le pide el estómago, entonces qué vamos hacer, morirnos, porque qué otra cosa nos toca”, expresó la señora mientras una de sus nietas la observaba por una ventana de la rústica vivienda.
“Viera como hemos estado, sinceramente estamos tomando agua con asientos de tierra porque los pozos están cabales”, describió la longeva mujer mientras se sujetaba la cara con sus manos.
Y no era ninguna mentira sus palabras, sus hijos, nietos y una nuera que la acompañaba en el corredor de la casa lo afirmaron y fueron a mostrar la fuente de agua, que está al pie de una montaña, unos metros abajo de la vivienda, estaba seca, incluso, pueden entrar caminando hasta el fondo.
A esta crisis se suma la falta de granos básicos, “se sembró y no se cosechó nada, todo se perdió, frijoles y maíz”, comentó doña María con la voz entrecortada, mientras su familiares asentaban con la cabeza.
“Nosotros comemos de lo que se cosecha, pero ahora, qué vamos a comer, no hay nada, ya está tumbado el guate (las matas de maíz), hay que ver cómo nos va a pasar Dios, y qué le vamos hacer, frijoles no vamos a comer, maíz lo mismo, y de dónde”, comentó entre pausas.
¿Cómo están haciendo en este momento? le consultó el periodista de EL HERALDO Plus, y la señora dijo con pesar, “ahí, aguantando a ratos, comemos de lo que se consigue y cuando no hay tenemos que aguantar”.
La señora expresó que es necesario el apoyo de las autoridades, porque todos en la zona tienen el mismo problema, la gente no cosechó nada y tampoco tienen agua, “ni quiera Dios, se muere de sed uno”, exclamó.