Caminar por sus calles con la seguridad misma de dar un paso con valentía. Envuelta entre el olvido mismo y la tranquilidad de una vida que para muchos puede ser una añoranza.
La Habana tiene dos caras: La moderna, la administrativa; pero la que enamora es la vieja. Donde está el pueblo y donde se respira más que lo antiguo, ahora el fútbol.
Al solo llegar del aeropuerto José Martí, un taxi le llevará al centro de La Habana por 25 pesos convertibles (un peso convertible es igual a un dólar estadounidense).
De allí podrá disfrutar el encanto de la Vieja Habana con un paseo al Malecón y pasar por la Plaza de la Revolución (donde son juramentados todos los atletas cubano antes de una competencia internacional) y caminar entre calles de edificios antiguos, carros de los años 50 y 60 y llegar hasta El Capitolio.
Entre esas calles, encontrará muchas plazas y parques, en ellos los viejos hablarán de béisbol mayoritariamente y los jóvenes jugarán al fútbol con camisas de “Messi, CR7, Iniesta, Van Persie, Kaká, Xavi, porque entre ellos el fútbol es la pasión”, dijo Mario Lara, comunicador cubano especializado en fútbol.
Tres bares a visitar
El primero es La Floridita, allí donde el escritor Ernest Hemingway se pasaba los días enteros. El segundo es el Club Social Buena Vista, donde nació el son cubano, y el tercero es el más modesto: El Ángel de Tejadillo, el único bar de fútbol de toda la Isla. Allí sus meseros le servirán rones por cuatro pesos o cervezas baratas mientras platican un poco del fútbol internacional, la selección cubana y, ¿por qué no?... Honduras.