Honduras

Primer hospital solar garífuna

Un panel solar sirve a médicos para iluminar las salas donde atienden a diario a decenas de pacientes. En cinco años, casi un millón de consultas han sido brindadas de manera gratuita.

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07.04.2014

La ausencia de luz eléctrica no ha sido obstáculo para que los médicos del Primer Hospital Garífuna del país atiendan con normalidad a decenas de pacientes que a diario llegan en busca de atención para sus quebrantos de salud.

Esto ocurre en la comunidad de Ciriboya, Iriona, Colón, donde opera un modelo de salud que si existiera en por lo menos la mitad del país, la población no tendría tantas dificultades para aliviar sus males. En cinco años y medio que tiene de vida este centro de atención gratuita, el personal médico que labora ha atendido casi un millón de pacientes no solo de Iriona, sino de los municipios más cercanos. La falta de fluido eléctrico ha impedido que el hospital haga operaciones de cirugía mayor, pero todos los casos que tienen que ver con cirugías menores, partos complicados y la atención primaria son atendidos gracias a la tenue luz que genera un panel que funciona con los rayos del sol, que -por gracia divina- caen perpendicularmente sobre estas abandonadas comunidades.

Este hospital tiene un protagonista: Luther Castillo, un garífuna de descendencia humilde que tras los embates del huracán Mith, en 1998, fue parte del primer contingente de hondureños de bajos recursos que fueron becados por la Escuela Latinoamericana de Medicina (Elam), que funciona en La Habana, Cuba. “Para nosotros el hospital constituye el monumento a la dignidad en nuestro pueblo. Este es un proyecto de médicos egresados de la Elam, que tuvimos la idea de crearlo en el año 2000 cuando comenzamos a estudiar”, cuenta Castillo.

“Fue así que decidimos donar todos los años nuestras vacaciones para trabajar en las comunidades de difícil acceso y luego la gran interrogante en 2004, con la graduación, cómo podíamos dar un salto cualitativo, cómo podíamos diseñar una propuesta de un modelo alternativo de salud, gratuito y viable”.

Agregó: “Con todas las vicisitudes nosotros empezamos a conversar comunidad por comunidad, socializando la propuesta, la gente no creía en la teoría”.

Dificultad

El inicio de este proyecto no fue algo fácil, “nos donaron un terreno, ahí hicimos una pequeña champa con nylon y empezamos a atender la gente y les hablábamos a cada miembro de la comunidad sobre su participación en el proyecto, nuestro deseo era que tenían que donar trabajo social útil”, recordó Castillo.

Fue así que la población se incorporó a la lucha, a poner su mano de obra mediante un bien organizado sistema de trabajo. Cada casa de más de veinte comunidades donó diez días de trabajo voluntario. “Conseguimos el primer fondo con un sindicato en Sacramento, California, obtuvimos los primeros cinco mil dólares. De ahí estuvimos viajando al extranjero buscando ayuda. Había aportes de diez dólares, cinco dólares con eso compramos los materiales”, relató Castillo.

Fue así como en el año 2007 fue inaugurada la primera etapa, que consistió en dos consultas externas. La ayuda internacional continuó con buen suceso a tal punto que en agosto de 2008 se inauguró la segunda etapa (dos consultas externas, una pequeña farmacia, sala de observación, sala de parto, pequeño centro diagnóstico con un departamento de ultrasonido, un departamento de laboratorio y una clínica de odontología).

El hospital es el primer ejemplo de atención primaria que sirvió al gobierno como ejemplo para impulsar un programa en el resto del país con los egresados de medicina de la UNAH, de la Elam, de la Universidad Católica y otras universidades.

Actualmente opera con 16 profesionales, de los cuales siete son miembros de la Brigada Médica Cubana, cuatro hondureños egresados de la Elam que hacen su servicio social y cinco enfermeras también hondureñas formadas en el mismo hospital.

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