“Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero. Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre”. 1 Tesalonicenses 4:16-1.
Con ese versículo bíblico que cala en lo más profundo del corazón, comienza la carta que Fabricio Boquín Suazo le dedica a su hermano y a cinco de sus primos que perecieron producto del siniestro que azotó la granja penal de Comayagua.
La carta de Boquín es un tributo a la memoria de su hermano, Elías Ponce, recluido en el módulo 7 y a cinco de sus primos: Fabián de Jesús Navarro, German Baides, Walter Cerrato, Ramón Zavala y Roger Nahún Cruz.
“Mi idea es que cuando el Señor regrese por su iglesia, nos reencontraremos todos y seremos felices por toda la eternidad”, dijo Boquín.
El joven de 21 años recuerda con cariño y dolor a cada uno de los seres queridos que perdió hace una semana y encontró en su carta un medio para desahogar su quebranto.
“Es un gran dolor perder seis personas de un solo, estamos devastados, a veces me despierto en la noche y comienzo a llorar recordando la última vez que vi a mi hermano, lo siento tan cerca”, dijo con la voz entrecortada.
En la misiva se observan seis tumbas dibujadas, que representan las irreparables pérdidas, y un llamativo corazón de “foami” que sobresale del triste mensaje.
“Eso representa el amor incondicional que sentíamos el uno por el otro, con cada uno de ellos compartí momentos inolvidables y jamás los olvidaré, jamás”, se repetía el muchacho dominado por el dolor y la impotencia, al momento que asomaban las primeras lágrimas.
Sin embargo, su dolor también era compartido por los demás deudos que colocaron sus cartas en el extenso mural.
El amor sobrepasa límites
Con llanto incontrolable, Fanny Leticia Morales, otra de las dolientes, explicaba el significado de la carta que le hizo a su querido hermano Dagoberto Morales, recluido en el hogar 7.
“Yo solo quiero que él sepa que lo amo mucho, que lo extraño y que lucharé para que se haga justicia en su caso porque yo no quiero que su muerte quede impune”, manifestó la acongojada mujer. Su mirada se perdía entre el mar de letras que le escribió a aquel hermano que fue casi su padre, y con su mano acariciaba una y otra vez la frase “donde quiera que estés te sigo amando”.
El sentimiento que todavía la embarga sobrepasa los límites de una mente humana tan reducida y que va más allá de la muerte que los separa.
Lo mismo ocurre con Carlos Roberto Aguilar (25), quien hoy llora a su amigo Luis Amílcar García, un año mayor que él y quien murió dentro del módulo 10.
“Eras casi mi sangre y hoy que ya no estás te extraño. Tus papás, hermanos y yo te recordaremos siempre, porque fuiste y serás importante en nuestras vidas”, se leía en el texto plasmado por el alma adolorida.