Más de 200 kilómetros recorrió el equipo de EL HERALDO con su insigne campaña La Maratón del Saber para estar presente en esta postergada comunidad.
Las polvorientas calles que llevan hasta Soloara y otras zonas que anteriormente pertenecían a la República de El Salvador hacen contraste con la exuberante vegetación de los elevados árboles de liquidámbar y pinos.
Ese camino lo conocen perfectamente Don Lápiz y Don Borrador, los famosos personaje de la campaña educativa más grande del país, promovida por este rotativo.
Y es que por cuarto año consecutivo Soli-Diario, en su undécima edición, llegó a esta remota comunidad no solo para contribuir con la educación, sino para reafirmar en sus niños y jóvenes los sueños y esperanzas de superación.
La misión de los personajes de La Maratón del Saber era equipar con útiles escolares a estos alumnos que, a pesar de sus limitantes, no abandonan por nada las aulas de clases.
Los índices de deserción en estas comunidades son nulas, pues pese a la adversidad, los niños asisten a la escuela.
Realidad repetida
Con sus pies descalzos, una vieja camisa y un pantalón lleno de parches, asiste a clases el pequeño José Antonio López.
Pese a que no tiene el privilegio de lucir un uniforme como los niños de la ciudad, ni la escuela le queda a escasas cuadras de su casa, sino a tres kilómetros, sabe bien que el estudio le dará una vida más digna de grande.
“Je, yo mejor estudio porque quiero ser maestro, dar clases y ganarme un salario”, comentó aún agitado por la caminada de dos horas que hizo para llegar al punto de encuentro con La Maratón del Saber.
La vida de este menor que cursa el cuarto grado en la Escuela José Trinidad Reyes no es nada fácil.
Luego de asistir a la escuela, corre a su hogar para involucrarse en las labores del campo o halar agua y leña.
Su historia se repite en cada uno de los niños que asiste al centro educativo, pues la comunidad de Soloara es tan pobre que no se pueden dar el lujo de solo ir a la escuela.
Reencuentro solidario
Por la lejanía de la zona y lo intransitable de las vías hasta Soloara, pedimos a los maestros de la Escuela José Trinidad Reyes reunir a los niños en un viejo campo comunitario.
Después de haber caminado durante tres horas, se sumaron los estudiantes del Centro Educativo Enemecio Rodas de la aldea de Tapuymán.
Allá lejos nos esperaban Bartola y María Margarita Pineda López, a quienes les costó conciliar el sueño la noche anterior de tanto pensar en la visita de EL HERALDO.
“Mamá, ¿verdad que van a venir los de EL HERALDO a dejarnos cuadernos?”, preguntaban constantemente las pequeñas a su progenitora, hasta que por fin se quedaron dormidas.
Y mientras otros pequeños como Alex David Martínez se ponían en camino desde Tapuymán a Soloara, el grupo de La Maratón del Saber recorría kilómetros tras kilómetros para hacer posible el reencuentro de la solidaridad.
Pocos minutos separaban de las 10:00 de la mañana cuando EL HERALDO llegó a su destino.
“Vienen los de EL HERALDO, aquí nos traen los cuadernos y las mochilas”, gritaban a una sola voz los niños, mientras se acercaban al vehículo.
La cálida bienvenida por parte de los padres de familia hacia los visitantes fue increíble.
Don Jorge Hernández, en representación de la comunidad, agradeció el gesto de solidaridad y el interés y voluntad de este rotativo de apoyar las comunidades pobres y abandonadas del municipio.
“Le agradecimos de todo corazón a EL HERALDO, a La Maratón del Saber por el apoyo que nos brinda, por traerle útiles a nuestros hijos. Este es el único medio de comunicación que conoce la realidad en la que vivimos”, expresó con emoción Hernández.
Momento esperado
Después del recibimiento, el momento esperado de hacer realidad el sueño de que los niños inicien el año escolar con útiles nuevos llegó.
Los alumnos de la Escuela Enemecio Rodas, por lo remoto de su comunidad, fueron los primeros en ser atendidos.
Formados en fila, esperaban impacientes recibir sus útiles.
Santos Sarahí López de 4 años de edad fue la primera en recibir una mochila y un kit de cuadernos.
Una tímida sonrisa se dibujó en su rostro inocente, donde se advierten los rasgos de la etnia lenca.
No solo ella le dio las gracias a EL HERALDO sino que también su madre, quien manifestó lo difícil se que se le hace reunir dinero para comprar aunque sea lo indispensable para iniciar clases.
“Cómo no agradecerle a EL HERALDO por esta importante donación que nos dan para nuestros niños, este es un gran regalo”, declaró Santos López.
María Clorinda López, de 7 años, alumna del segundo grado, también se cuenta entre las beneficiadas. En su carita tostada por los rayos del sol y acostumbrada sin duda a caminar largas distancias, se dibujó una sonrisa seguido de un “muchas gracias”.