Sucesos

Dan último adiós a víctimas de accidente de bus en carretera a Olancho

EL HERALDO estuvo en los sepelios de las víctimas y presenció el dolor, el llanto y el drama que los familiares viven tras el accidente de autobús
06.12.2023

TEGUCIGALPA, HONDURAS.- Recordando anécdotas sobre sus vidas, con el corazón lleno de dolor por sus decesos y reflejando en sus ojos la profunda tristeza al saber que ya no volverán a verlos, hablarles o abrazarles, familiares, amigos y vecinos comenzaron a sepultar a las víctimas del fatal accidente vial de un autobús que viajaba desde Olancho hasta Tegucigalpa, capital de Honduras.

En el percance, ocurrido en el kilómetro 32, perdieron la vida al menos 10 personas, entre adultos y niños, luego de que según los sobrevivientes, una rastra a alta velocidad sacara del carril al autobús y lo lanzara desde un puente hasta un río.

Varias personas murieron en la escena y otras fallecieron siendo trasladadas hasta centros médicos. Algunas de las víctimas eran integrantes de una misma familia y otras viajaban solas, pero compartían la particularidad de que todas tenían una historia de vida única y seres queridos que hoy los lloran.

Así quedó el autobús de la empresa Discovery tras el fuerte accidente. En los alrededor se observa a varias víctimas dispersas, siendo asistidas por paramédicos.

Primer cuerpo entregado y sepultado

La primera víctima entregada en la morgue fue un bebé identificado como Neizan Jaciel Pagoada, quien tenía 22 meses de edad y viajaba junto a su madre a una cita médica en la capital.

Al recibir el pequeño ataúd blanco donde yacían los restos de Neizan, su padre dijo con la voz quebrantada que “era un bebé especial, tenía su valvulita en la cabeza, venía a cita médica al Hospital Escuela hoy a las 10 de la mañana con la cirujana”.

El pequeño Neizan Jaciel Pagoada luchaba por su vida desde que nació, debido a un padecimiento en su salud.

El hombre relató que estaba trabajando cuando le informaron que su esposa y su bebé sufrieron un accidente. Él salió de inmediato hacia la capital y se encontró con la dura noticia de que su hijo había fallecido y que su esposa se debatía entre la vida y la muerte en el hospital.

Debido a los trámites para retirar el cuerpo sin vida de su hijo, el hombre no había podido ver a su pareja, pero imploraba que ella pudiera ver al bebé antes de llevarlo a sepultar a su natal, Olancho.

Despiden a maestra y su nieto

El dolor también era evidente entre los seres cercanos a la maestra Filomena Hernández y su nieto, Bruno Sánchez, quienes murieron en la tragedia vial. Otro pariente permanece hospitalizado tras el accidente.

Sus cadáveres fueron velados uno junto a otro en un salón al que acudieron decenas de personas, quienes lamentaron la tragedia que embarga a la familia.

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Posteriormente, sus restos mortales fueron acompañados por una multitud hasta el cementerio de la aldea San Luis de las Lajas, en el municipio de San Francisco de Becerra, Olancho.

EL HERALDO habló con Ismael Sánchez, quien era hijo de la docente y tío del pequeño Bruno. Con llanto amargo, el hombre se preguntaba cómo seguiría su vida sin sus dos parientes.

El reportero de EL HERALDO dialoga con Ismael Sánchez, quien era hijo de Filomena Hernández y tío de Bruno Sánchez.

“Lo último que me dijo fue que me cuidara y me abrazó... Yo no sabía que me estaba abrazando para siempre”, comenzó diciendo Sánchez.

“No tengo palabras, yo amaba a mi mamá, era mi soporte. Fue muy linda persona, siempre se preocupó porque los muchachos aprendieran, siempre me cuestionó porque yo soy maestro y nunca quise ejercer su vocación”, relató acongojado.

Además, explicó que para ella sus nietos eran como otros hijos, pues los crió desde pequeños. “Se llevó a Brunito con ella”, decía mientras lloraba desconsolado.

“Nunca pensé que se me iba a ir tan rápido (dijo sobre su progenitora). Brunito era mi sobrino, pero yo lo crié desde que estaba así (hizo un gesto con sus manos en referencia a un pequeño bebé)”, agregó.

Ismael también lamentó que ya no podrá cumplir sus proyectos junto a su madre, quien era el motor de su vida.

“Su sonrisa, el último abrazo que me dio, nunca se me va a olvidar... Los planes que teníamos juntos, ella era mi soporte y yo el de ella. Mi guerrera se me fue”, enfatizó.

El cariño que despertaba Filomena no se limitaba a sus hijos y demás familiares, pues varios vecinos de la comunidad la describieron como una persona servicial y amable, que a pesar de no nacer en ese lugar, se convirtió en una buena hija del municipio. También era muy querida por las diferentes generaciones a las que formó y educó desde su rol como maestra.

“Era una persona muy querida por la comunidad y nos va a hacer falta. Siempre era la primera persona que miraba cuando yo estaba barriendo la iglesia”, relató un hombre que ayudó a cavar la tumba de la fémina y su nieto.

“Fue una excelente docente, trabajó en diferentes comunidades, en todas las comunidades deja un gran legado. También participó en juntas de agua, patronatos, era una líder comunal”, relató otro vecino.

La abuela y su nieto viajaban ese fatídico martes en el autobús para después trasladarse hacia la casa de una hermana de ella y darle una sorpresiva y cariñosa visita, la cual no pudo realizarse.

Velan a emprendedor en Juticalpa

Otra de las víctimas fue Ignacio Ayala Hernández, quien era un reconocido emprendedor en Juticalpa, Olancho, y quien ese martes 5 de diciembre viajaba a la capital y posteriormente a Puerto Cortés, para recoger unos vehículos que planeaba vender.

Ayala, se dedicaba a la compra y venta de automóviles y viajaba seguido a Estados Unidos para hacer las transacciones. Sus familiares relataron que siempre destacó por su habilidad como comerciante.

Una imagen de Ignacio Ayala Hernández fue colocada sobre su féretro en su velatorio en Juticalpa.

“Ese era el último carro que iba a traer. La mamá de él no se daba cuenta del accidente y ella creía que ‘la había librado’, pero como a las cinco de la tarde se escuchó la noticia de que estaba entre los muertos”, dijo un hombre cercano al fallecido.

“Era un guerrero, un hombre que no se sentaba, que luchaba por la vida, por su madre, por sus hermanos. Tenía un mes de estar aquí, porque iba y venía (de Estados Unidos), era un luchador”, agregó.

Un empleado de Discovery entre las víctimas

En el autobús cargado de pasajeros también viajaba Santos Javier Sánchez, de 66 años, quien era empleado de la empresa de transporte que cubre la ruta Juticalpa-Tegucigalpa. Sin embargo, en ese momento, no era él quien conducía la unidad.

Según sus familiares, él viajaba como pasajero porque al llegar a la capital recogería otro autobús que debería conducir de regreso a Olancho.

“Era el hermano mayor y como hermano era muy especial... Era tan lindo, vamos a tener buenos recuerdos de él”, dijo Elena Sánchez, hermana del fallecido, quien era originario de Choluteca.

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Tras su velatorio, fue llevado hasta el cementerio Santa Cruz Memorial de la capital en una caravana vehicular para darle el último adiós.

Santos era padre cuatro hijos y tenía seis nietos, con quienes era muy amoroso.

Murió una fiel seguidora de Dios

En el autobús también viajaba María de la Paz Borjas, conocida como ‘Doña Pasita’, de 69 años de edad.

Familiares, amigos y hermanos de la iglesia lloraban acongojados por la irreparable pérdida y expresaron su pesar por el inesperado accidente en el que ella falleció cuando planeaba llegar a la capital para una cita médica y para visitar a sus parientes.

“Antier ella dijo que venía a Tegucigalpa a ver a mi mamá y que venía a una cita médica, nos dijo: ‘Espérenme para que nos divirtamos’, porque éramos una familia muy unida, pero mi hermana nunca llegó para divertirnos”, lamentó su hermano, quien es pastor de una iglesia.

Durante el velatorio de ‘Pasita’ se realizó una oración por su familia, Borjas-Montoya, quienes están devastados.

“El gozo que sentimos es que ella tiene vida eterna en Jesucristo”, concluyó con lágrimas en sus ojos.

La mujer fue velada en la capital y posteriormente sería llevada a su última morada.

Músico es despedido con caravana

En Catacamas, otro sector de Olancho, el cuerpo de Franklin Omar Meza, de 24 años, fue escoltado por decenas de personas a bordo de carros y motocicletas, pues era muy apreciado.

Franklin era muy talentoso y se había convertido en un saxofonista, además, estudió en la Universidad Nacional de Agricultura (Unag) y viajaba ese día para su acto de graduación, a la cual no pudo llegar.

Varias personas lloraban sobre su ataúd y lamentaban que su vida haya terminado de esa manera, pues era un joven con un futuro prometedor.

Así fue llevado Franklin Omar Meza a su lugar de sepultura en Catacamas.

De ese modo, mientras estas familias lloran la partida de sus seres queridos, otras permanecen angustiadas en las salas de espera de los centros médicos, pues varias víctimas permanecen hospitalizadas a causa del accidente que quedará grabado en la mente de los hondureños.

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