Movidos por la fe, miles buscan seguir el camino que recorrió Jesús a través de Galilea. A la vuelta de la esquina, desde el mercado de la Ciudad Vieja de Nazaret, a la sombra de mansiones otomanas bicentenarias, hay una calle de adoquines tan estrecha que casi se pueden tocar las casas.
Ahí hay una flecha que apunta hacia arriba de unos escalones pintada en un muro rugoso, junto con las palabras “Sendero de Jesús”.
Es el inicio de una excursión de 64 kilómetros a través de la región de Galilea de Israel tras las huellas, más o menos, del hombre que hizo famosa a Galilea.
¿CÓMO SURGIÓ LA IDEA? El Sendero de Jesús es idea de dos entusiastas de las excursiones, Maoz Inon, un israelí de 37 años, que es dueño del Fauzi Azar Inn en Nazaret, y David Landis, de 30 años y escritor de guías originario de Pensilvania.
Los dos se conocieron en 2005 mientras recorrían Israel, y se les ocurrió la idea de crear un sendero que vinculara los sitios históricos claves relacionados con la vida de Jesús. Algunos de esos sitios –incluido el Monte de las Beatitudes, el lugar tradicional del Sermón de la Montaña– eran ya populares en los recorridos en autobús comerciales. Pero otros, como el camino romano donde se cree que el Cristo en ascenso cegó a Pablo (un acto que llevó a la conversión de Pablo al cristianismo), no eran accesibles desde autopistas cercanas.
Landis regresó a Israel en 2007 y, con el permiso de gobiernos locales y la ayuda de Google Earth y un GPS, él e Inon crearon lo que esperaban fuera la forma más “hermosa, lógica y viable” de conectar los puntos a través de un mosaico de tierras y parques públicos.
Juntos, los dos invirtieron unos 150,000 dólares y miles de horas. Hubo retrasos, pero todo se resolvió eventualmente. En 2008, la Sociedad para la Protección de la Naturaleza en Israel abrió el camino, que oficialmente se inauguró el año pasado.
LA EXCURSIÓN. Curioso sobre la ruta, tomé el autobús No. 955 hacia el norte de Jerusalén a Nazaret y durante los siguientes cuatro días caminé por un paisaje bíblico, alojándome en pequeños albergues a lo largo del camino. Aunque el inicio oficial es en la Iglesia de la Anunciación en Nazaret, empecé mi excursión, como hacen la mayoría de los visitantes, en el albergue de Inon, que se ha convertido en el centro de información del camino.
Acompañado por otros dos excursionistas, seguí la flecha escaleras arriba justo afuera del albergue y encontré más escalones empinados, cientos de ellos. Suspiré. Parecía que estaba a punto de pagar por mi invierno de pereza. Cuando finalmente llegué a la cima, la recompensa fue una vista panorámica de Galilea, una extensión ondulante de pastizales y huertos de olivo.
Siempre me había imaginado este territorio como árido, pero la tierra era exuberante y verde después de las lluvias invernales. Pronto estábamos caminando a través de un valle lleno de flores silvestres, dirigiéndonos hacia Capernaum, la aldea que marca el inicio del sendero y el lugar donde se cree que Jesús realizó gran parte de su prédica. Mientras caminaba, las historias de la escuela dominical inundaban mi mente. Sanar a los enfermos, levantar a los muertos, convertir el agua en vino. Ésta definitivamente no iba a ser una excursión común.
Qué fue exactamente lo que sus creadores tenían en mente. Mientras que la mayoría de los cristianos pasan su tiempo en Jerusalén y en recorridos en autobús, algunos anhelan ver el campo de Jesús.
Dos viajeros que me encontré en el sendero, Keith y Kathy Springer de Illinois, recorrían el camino en días libres de su misión como voluntarios en Nazareth Village, un museo de historia viva. “No se me ocurriría nada más excitante que seguir las huellas de Jesús”, dijo Springer.
Pero peregrinos cristianos no eran las únicas personas que Landis e Inon tenían en mente. Al dirigir el sendero a través de aldeas judías y árabes que los autobuses eludían, se imaginaron que parte del dinero del turismo cristiano –que representa alrededor de dos terceras partes de la industria turística de 3,500 millones de dólares de Israel– se canalizaría a las manos de negocios locales.
EL RECORRIDO. En la milla 5 en el primer día, llegué al Parque Nacional Zippori, que está salpicado de ruinas judías y romanas. Después de hacer un picnic con pan de pita y manzanas al lado de la Iglesia de los Cruzados, exploramos las ruinas del parque. Algunos expertos bíblicos creen que Zippori es la aldea donde creció María. Ahora el sitio incluye una villa romana con pisos de azulejos que muestran a Isaac siendo atado por Abraham, escenas de la vida del dios griego Dionisio, y a la mujer conocida como la “Mona Lisa de Galilea”, cuyos ojos en mosaico parecen mirarlo a uno sin importar dónde esté parado.
Seguimos el sendero a través de un bosque de pinos hasta la aldea árabe de Mashhad, donde fuimos recibidos por un perro que gruñía, un gallo que cantaba y el llamado a la oración del muecín. Pasamos frente a mezquitas y el sitio sepulcral tradicional de Jonás, el profeta del Antiguo Testamento (otro sitio tradicional para la tumba de Jonás está en Irak), luego cruzamos un valle cubierto de hierba a la aldea de Caná, donde se cree que ocurrió el primer milagro de Jesús. Con un autobús lleno de peregrinos filipinos, recorrimos la Iglesia de la Boda franciscana, una estructura tipo castillo del siglo XIX construida encima de ruinas bizantinas.
Cansados después de caminar 16 kilómetros, recorrimos penosamente la calle principal, que no carece de tiendas de curiosidades que venden botellitas de vino y agua mineral “milagrosos”, y por una vía estrecha hacia la Cana Wedding Guesthouse. Ahí bebimos café en el balcón, comimos pan ácimo, hummus y cordero, y dormimos muy bien.
LAS REACCIONES. En Israel no suceden muchas cosas sin controversia, y el Sendero de Jesús no es la excepción. En noviembre pasado, en una acción que molestó a Inon, el Ministerio de Turismo israelí abrió su primera versión del Sendero de Jesús, un camino de 60 kilómetros de largo llamado el Sendero del Evangelio que recorre áreas boscosas, eludiendo Caná y la mayoría de los sitios históricos.
“¿Por qué no simplemente invirtieron en nuestro sendero en vez de gastar millones de dólares en una versión nueva?”, preguntó Inon, quien se unió a nosotros durante la segunda mitad de nuestra excursión.
Dijo que pensaba que sabía la razón: para evitar áreas que tienen problemas de seguridad. Traducción: para evitar las aldeas árabes a favor de las áreas judías.
Pero Haim Gutin, un comisionado de turismo israelí, me dijo que esa no era la razón.
“El Sendero del Evangelio era parte de un plan general que desarrollamos a lo largo de muchos años para promover Israel ante los cristianos evangélicos”, dijo.
“Además, nadie sabe exactamente por dónde caminó Jesús. Uno tiene que usar su imaginación”. Yo recorrí parte del Sendero del Evangelio, pero hay algunos problemas que le hacen impráctico. No es atendido por el transporte público y no todo está marcado todavía. Además, yo quería visitar sitios que este eludía. Así que me apegué al Sendero de Jesús.
El Día 2 empezó a las 9 de la mañana bajo el cielo azul. Caminamos a lo largo de un camino de terracería con vistas hacia el Valle de Turán, una suave pendiente llena de flores silvestres y olivos.
El camino sigue los restos pedregosos de un camino romano a través de un bosque de robles, terminando en un monumento al Holocausto erigido por los residentes del cercano Kibbutz Lavi. A la mañana siguiente, acompañado por Inon, regresamos al Kibutz Lavi en auto. Nos abrimos camino a través de campos de trigo rojo invernal ruso y continuamos hasta los Cuernos de Hattin, una formación volcánica de dos picos que se parece a los cuernos de un toro, donde dimos un primer vistazo al Mar de Galilea. En nuestro último día, esperaban algunas de las mejores vistas.
En los Acantilados de Arbel, tuvimos una vista abierta del Mar de Galilea; desde ahí recorrimos una ladera rocosa ayudados por barandales metálicos, luego descendimos cerca de cuevas y salientes donde, según el historiador Josefo, los rebeldes judíos se ocultaron de Herodes el Grande. En un valle lleno de algarrobos nos dirigimos hacia Magdala, hogar tradicional de María Magdalena.
Nos unimos a los turistas de autobús de nuevo en la Iglesia de las Beatitudes, una pequeña iglesia al lado de un puesto que vende refrescos y dulces. En un mirador donde se dice que Jesús realizó el milagro de convertir algunos peces y hogazas de pan en un festín, un predicador estadounidense estaba dirigiendo a sus 40 fieles en la entonación de Onward Christian Soldiers.
A menos de otro kilómetro, pudimos oler el final del camino, literalmente: un restaurante de pescado llamado Peter’s. Aun cuando Capernaum, que marcó el fin del sendero, estaba cerrado, elegimos descansar nuestros pies y beber una cerveza Goldstar israelí.
Mi peregrinaje ahora casi había terminado. No había encontrado a Jesús, pero había descubierto una parte hermosa del mundo.