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'Un gobierno orientado a resultados permite generar confianza”

El experto chileno en institucionalidad y modernización estatal, quien ofreció un ciclo de conferencias en el país, dijo que las medidas que ha tomado Honduras para hacerle frente a la violencia, como la Ley de Reforma de la Seguridad Pública, apuntan en la dirección correcta.

03.06.2012

Jorge Jaraquemada, quien dirige la Fundación Jaime Guzmán en Santiago de Chile y forma parte de la Comisión de Transparencia que aplica las reformas de acceso a la información pública y rendición de cuentas en ese país, estuvo en Tegucigalpa para impartir tres conferencias acerca de las reformas necesarias para la modernización y mejora del funcionamiento del Estado.

Este experto en institucionalidad y transparencia pública habló sobre la trayectoria que ha recorrido Chile durante los últimos 40 años de reforma y modernización de su Estado.
Como consecuencia de este esfuerzo constante, según nos explica, Chile ha conseguido que en la actualidad el ciudadano chileno promedio tenga un ingreso de alrededor de 16,000 dólares anuales.

Y se encuentra a las puertas de ser reconocido internacionalmente como un país desarrollado.

Jaraquemada concedió una entrevista a EL HERALDO en la que, además de contarnos cómo ha hecho Chile para convertirse en el país latinoamericano con mayor nivel de desarrollo y estabilidad institucional, comparte sus apreciaciones acerca de cómo puede superar Honduras la situación de ingobernabilidad y debilidad institucionalidad que actualmente vive, especialmente en las dependencias encargadas de garantizar la seguridad pública y la aplicación de la ley.
A continuación la entrevista:

¿Qué papel ha jugado el respeto a la institucionalidad y el efectivo funcionamiento de las instituciones estatales en el desarrollo que ha experimentado Chile durante las últimas décadas? Ha sido clave. Diría que la fortaleza que tiene Chile en sus instituciones es lo que explica en gran parte su desempeño como país en las últimas décadas. El tema de la institucionalidad no es un tema que haya empezado con la recuperación de la democracia en los 90.

La modernización del Estado en Chile comienza bastante antes, en 1975, cuando el régimen militar, un régimen autoritario, hace un diagnóstico del país común al resto de países de América Latina, en el sentido de inestabilidad macroeconómica, cierta fragilidad institucional, falta de confianza en las instituciones, y se decide por tomar medidas que apuntan a darle una estabilidad macroeconómica a Chile. Ese fue el gran sello de la primera gran etapa de reformas en Chile, que se desarrolla desde 1975 hasta 1989, e incluso te diría que fue el precursor de las directrices que los organismos internacionales después recomendarían al resto de América Latina.

Hubo una contracción muy fuerte del tamaño del Estado. Se liberaron los mercados y el Estado dejó de ser el gran proveedor de empleos. En su momento se produjo un desempleo importante de los antiguos funcionarios, hasta que el sector privado pudo absorberlos. Ese fue un costo que, como en cualquier reforma, se tuvo que asumir para poder llevar esta mejora a cabo.

Con el paso a la democracia en 1989 se manejó con mucha responsabilidad el dar una continuidad a aquellas medidas que estaban beneficiando el crecimiento del país, y así se ha marcado un política de Estado, y no de gobierno, que ha sido respetada por gobiernos de centro-izquierda y centro-derecha hasta la actualidad.

A pesar de que Chile también tiene sus problemas, hoy en día es un país en el que el ingreso del ciudadano promedio ronda los 16,000 dólares anuales. Además, Chile recibe por parte de la comunidad internacional un trato casi igual al de un país desarrollado, a pesar de que todavía no lo somos.

Por eso nos sentimos deseosos de compartir nuestra experiencia con otros países latinoamericanos, para que puedan conocer nuestra experiencia y puedan aprender, si así lo quieren, de nuestros errores y de los aciertos que hemos podido llegar a tener.
En un país como Honduras, donde el gobierno representa el 50% de la economía nacional pero a la vez no está en capacidad de cumplir sus funciones en sus distintos sistemas y dependencias, ¿qué se puede ganar reduciendo el tamaño del Estado y haciéndolo más eficiente? Todo.

Se puede ganar todo. Me parece que un gobierno orientado a resultados, orientado al usuario, a ofrecer un servicio de calidad, es lo que permite, entre otras cosas, generar confianza, y la confianza genera capital social. El capital social orientado a otros factores genera una mayor fortaleza institucional y eso levanta tanto la democracia como el desarrollo.

Si tú me preguntas si es fácil visualizar esto desde un país como Chile, pues es probable que sí. Pero nosotros ya hemos hecho un camino de 37 años que no ha sido fácil. Para cometer una reforma del Estado es básica la perseverancia.

Te quise remontar a esa primera oleada de reformas que hubo en Chile en 1975, hace 37 años, para ahora decirte que Chile todavía tiene una agenda de reformas pendientes. Con eso te quiero explicar que se trata de un esfuerzo constante y siempre habrá aspectos a mejorar, pero es importante empezar por las bases.

¿Qué puede tomar un país como Honduras de la experiencia chilena? Una de las lecciones que se pueden sacar de la experiencia chilena es que para arrancar un proceso de reforma se requiere de cierta institucionalidad mínima, que ciertas instituciones funcionen.

Si estas instituciones no funcionan, el primer paso para implementar esa reforma es hacer que lo hagan. Tengo claridad respecto a que en Honduras existe un problema con la Policía, el Ministerio Público y el Poder Judicial.
Entiendo que estas instituciones presentan una falta de eficacia y problemas de corrupción. Eso obviamente repercute en la confianza que la ciudadanía puede tener para caminar tranquilamente por las calles o en confiar que las instituciones realmente funcionen.

Honduras atraviesa tiempos difíciles, tal vez en una forma en la que nunca antes hemos experimentado como nación. ¿Ve algo positivo en el panorama nacional actual de hondureño? Hay tres hitos relevantes en Honduras recientemente que me parecen importantes.

Uno de ellos es que el presente gobierno llamó a un Gobierno de Unidad Nacional. Eso me parece muy relevante porque la reforma del Estado requiere de un consenso transversal (de todas las facciones políticas), para que se estimule y apoye el avance de la reforma.

Si no hay consenso, las reformas se detienen. Por lo que ese consenso tiene que cruzar al espectro político y unir a las diferentes facciones de forma sostenida en el tiempo. Además, este consenso se debe extender y sostener en el tiempo también con la sociedad civil.

Piensa tú que en 40 años del avance del proceso de reforma en Chile han sido muy importantes las instituciones como la fundación Jaime Guzmán, que apoyando la discusión, el debate público y formando parte de lo que en Chile se llamó el Consorcio para la Reforma del Estado (un grupo de ocho centros de estudio e investigación y tres universidades), se ha dedicado a diagnosticar cuáles son los problemas que enfrenta el país para proponer soluciones que permitan superarlos.

Volviendo a la situación de Honduras, entiendo que en enero se dictó una Ley de Reforma de la Seguridad Pública, que pretende intervenir la Policía Nacional, el Ministerio Público y el Poder Judicial para solucionar estos problemas que han sido diagnosticados.

Me parece que es un paso muy relevante, precisamente porque un proceso de reforma y modernización del Estado se afirma en ciertas instituciones básicas.

Si uno no tiene un Poder Judicial lo suficientemente confiable para la población, la reforma del Estado obviamente va a flaquear.

Hay un tercer elemento que me parece bastante relevante en la situación actual de Honduras. Se trata del Acuerdo Nacional para el Crecimiento Económico y la Equidad Social, que se acaba de firmar en febrero de este año y busca estimular el crecimiento y el empleo, racionalizar el presupuesto nacional, entre otras metas.

Esto es uno de los pilares que contribuyen a la estabilidad económica.

Estos tres sucesos (llamado a un Gobierno de Unidad Nacional, Ley de Reforma a la Seguridad Pública, Acuerdo Nacional para el crecimiento económico y la equidad social), que han sucedido durante los últimos años en Honduras, me parece a mí que apuntan en la dirección correcta.

Una de las maneras por medio de la cual se está intentando actualmente mejorar el desempeño del gobierno, en todos sus sistemas y dependencias, es a través de leyes que promulgan la transparencia en la gestión del Estado, la cultura de rendición de cuentas y el acceso a la información pública.

¿Qué tan importante es implementar la cultura de la transparencia para mejorar la situación de un país? Esta una reforma que es sumamente compleja de incorporar en América Latina porque en la región hay un cierto sesgo hacia la opacidad, hacia el secretismo. En Chile por ejemplo esta ha sido una reforma que ha costado mucho que penetre. Pero piensa tú que esto es algo que viene de una cultura, y la rendición de cuentas apunta a un cambio cultural. Por lo tanto, solo vamos a poder ver los resultados en el largo plazo.

¿Esta cultura de la transparencia lleva a la confianza? Absolutamente. Uno de los grandes aportes que puede hacer esta ley es generar mayor capital social. Mayores redes interpersonales de confianza que finalmente mejoran la calidad de las instituciones.
Tal vez uno de los principales problemas que tiene América Latina, en términos globales -y es la razón por la que se tenido tanta fragilidad institucional- es porque hemos permitido por mucho tiempo que se impongan ciertos vicios institucionales.

Estos vicios son el clientelismo, entendido por solicitar apoyo político o económico, a través de uno brindar un favor cuando ya está en el poder; el nepotismo, que es darle cargos de poder a amigos o parientes; la captura del Estado, que es cuando un grupo de interés influye indebidamente en la definición de una determinada ley o política; y la corrupción, que se puede definir como apartarse del deber como funcionario público para obtener un interés particular.

Estos cuatro vicios son muy nefastos y generan mucha desconfianza en las instituciones y fragilidad institucional. Generan la atomización de una sociedad, su fragmentación. Por lo tanto deben ser atacados fuertemente porque están en la base del estancamiento de un país.

No se puede hacer una reforma y modernización del Estado sólida si se permite que se enseñoree la corrupción. Porque todos los Estados tienen corrupción. Chile también la tiene. A lo mejor no tiene una corrupción sistemática, pero sí ha tenido importantes hechos de corrupción.
Una cosa curiosa es que en muchos momentos de nuestra historia, las reformas de modernización del Estado han avanzado porque se han abierto ventanas de oportunidad a partir del conocimiento de hechos de corrupción, de los que la sociedad se ha enterado, ha rechazado, y a partir de eso se ha sostenido un consenso para implementar una modernización específica para superar ese problema.

¿La población en su país no ha visto estos escándalos de corrupción con impotencia, sino con intolerancia a que sucedan más? Exactamente. Cuando la población se ha dado cuenta del costo de tener corrupción sistémica, se han abierto ventanas de oportunidades para mover la estructura del Estado hacia sistemas más modernos y menos permisivos al abuso de poder.
Esa es la forma positiva de abordarlo, la otra sería pensar que la corrupción es absolutamente sistémica, es imposible hacer nada y por lo tanto mejor no luchar contra ella. Pero eso es como bajarse del barco porque las ratas lo carcomen.

¿Es posible regresar de la ingobernabilidad a la gobernabilidad; de una institucionalidad débil a una institucionalidad fuerte? Absolutamente.

Puede que en algunos casos específicos de países en donde la corrupción es más sistémica o se tengan problemas de ingobernabilidad más fuerte, sea más difícil, pero si tú miras la experiencia internacional, la experiencia comparada a nivel latinoamericano, te das cuenta de que hay países que han logrado superar fracturas bastante más relevantes.

Piensa tú en una Colombia fracturada por un grupo guerrillero, un grupo insurgente como las FARC, que generaban zonas en las que el Estado simplemente no era capaz de imponer la ley.

Esa situación pudo perfectamente conducir a un Estado fallido, sin embargo Colombia ha sido capaz de revertir esa situación y mejorar su país, aunque sigue luchando por superar ese problema.