Los años no la han envejecido. La dama juguetona a la que le gusta ir de allá para acá, dando saltos, cumple medio siglo de vida. Hay quien aún enfrenta su propuesta lúdica de forma gozosa (como una fuente de renovación constante de la narrativa en lengua española) y otros que descubren graves señales de cansancio en el rostro de “Rayuela”, la novela que el argentino Julio Cortázar publicó en junio de 1963.
Pero nadie puede negar que es su obra cumbre. Como su mismo autor la definió en su momento, “‘Rayuela’ de alguna manera es la experiencia de toda una vida y la tentativa de llevarla a la escritura”.
Es una de las obras centrales del boom latinoamericano y una de las primeras obras surrealistas de la literatura argentina.
Fue incluida en la lista de las 100 mejores novelas en español del siglo XX del periódico español El Mundo.
“Rayuela” reivindica la importancia del lector y hasta cierta forma lo empuja a una actividad y protagonismo negado por la novela clásica. Para algunos críticos, la novela de Cortázar es la negación de la cotidianidad, para poder abrirse a otras realidades, donde las situaciones más absurdas se toman con total ligereza.
CRíTICA. En un artículo publicado por el diario mexicano El Universal, varios escritores latinoamericanos hablan de la obra. La escritora Ana Clavel, define a “Rayuela” como una novela entrañable, con personajes memorables y episodios de antología y la defiende de aquellos que opinan que ha perdido vigencia.
Clavel parece haberse reencontrado con el escritor argentino y su novela cumbre.
“Independientemente de la novedad estructural, aquel famoso tablero de navegación con instrucciones para que la lectura fuera más azarosa, creo que ‘Rayuela’ es una novela entrañable. No, definitivamente no creo que haya envejecido. Ahora que si le añades la propuesta lúdica de Cortázar, tampoco creo que se haya vuelto anacrónica. Por el contrario, si uno observa nuestra manera de leer en el ciberespacio, saltando de una virtualidad a otra, ‘Rayuela’ fue pionera de la literatura en la era de Internet”, detalló.
Y es que según el escritor Rafael Pérez Gay, con esta obra, Cortázar logró transmitir que la literatura podía conectarse directamente a la vida de todos los días.
“Leí ‘Rayuela’ al menos tres veces en los años 70 con esa obsesiva devoción que solo tienen los adolescentes. Recuerdo que en esas páginas sentí por primera vez, con toda seriedad, que la literatura podía conectarse directamente a la vida de todos los días y que a través de la lectura podría lograrse el módico prodigio de volvernos más aptos para la vida misma. He reencontrado muchos de los párrafos subrayados que memoricé en la parte más alta de varias noches de asombro en aquel año, cuando el joven que fui descubrió en ‘Rayuela’ una de las aventuras mayores de la libertad que, a fin de cuentas, es la sede de la intimidad”.
Recuerda Javier García Galiano que en la preparatoria se distinguían dos tipos de lectores: los de Cortázar y los de Borges. Él se ubicó siempre entre estos últimos. “Sin embargo”, comenta con ironía, “se trata de un libro muy emblemático de esos tiempos colegiales. Ignoro si los preparatorianos de ahora lo lean”.
EN CONTRA. Todos coinciden en la calidad de su obra, pero algunos la consideran demasiado vieja para este siglo.
Ana María Shua, narradora argentina, propone que la novela misma de algún modo previó estas lecturas contrastadas.
“Tal vez no resista hoy una lectura desapasionada pero vive a través de su peso en toda la literatura latinoamericana: por reverencia o abominación, sigue siguiendo un texto sagrado”.
Según Shua, para los adolescentes de los 60, como para muchos otros adolescentes de ahí en adelante y aún hoy, “Rayuela” es una especie de Biblia que propone un manual de conducta, una suerte de imitación de Julio Cortázar, como profeta de su propia religión. “Más de 500 mil entradas en el Google relacionan ‘Rayuela’ con la Biblia. Jugando a desacralizar la cultura, Cortázar la endiosó hasta alturas a las que nadie antes había llegado”.
Sobre la vigencia de “Rayuela”, dice el crítico peruano Julio Ortega: “Las novelas se leen de modos distintos en diferentes épocas. Hay que recordar, sin embargo, que el gusto no es una forma de la verdad sino una imagen en el espejo. Hoy se entiende el gusto no como la definición de una obra sino como nuestra autodefinición. Por eso se afirma que el gusto es fugaz, y un testimonio de nuestra propia fugacidad. Por ello, si nosotros creemos que ‘Rayuela’ es una novela que se lee mal hoy, ya podemos sospechar lo que pasará con las nuestras”.
Muchos críticos se refieren a “Rayuela” como una antinovela, por el carácter innovador, ya que rompe con todos los cánones de la época. Sin embargo, Cortázar busca con esta obra “ver de otra manera el contacto entre la novela y el lector”.