No hubo festejos ni ceremonias ostentosas. Con un tuit “Recen por mí” en su cuenta @Pontifex de la red social Twitter, que tiene más de 12 millones de seguidores en 9 idiomas y disfrutando de un retiro espiritual en Ariccia con los miembros de la curia, el papa Francisco celebró el primer año de su pontificado.
Con la misma sencillez con la que salió al balcón hace un año, el 13 de marzo de 2013, convertido en el Papa 266 de la Iglesia Católica, Jorge Mario Bergoglio sumó sus primeros y ajetreados 12 meses en la silla de Pedro Apóstol.
El Papa que en su carta Exhortación Apostólica Evangelil Gaudium hace una invitación a llevar el mensaje del Evangelio a las periferias, dio una lección de humildad esta semana al partir en un bus acompañando a los religiosos que conforman la curia vaticana a un retiro espiritual.
Las imágenes y los videos de la página Vatican Insider muestran a Su Santidad escuchando la misa y los mensajes sentado en una banca en medio de los cardenales como una persona común y corriente.
Ese primer mensaje en el que pidió a los miles de fieles que abarrotaban la Plaza San Pedro el día de su elección, que oraran por él, fue el primer signo de la humildad de un Pontífice que ha logrado que presbíteros y laicos vivan un año de fe y cercanía nunca imaginados en el seno de la Iglesia.
Y es el mismo con el que Jorge Mario Bergoglio, el argentino “venido del fin del mundo”, como él mismo se definió, recordó la histórica fecha de su elección.
UN PAPA AUTOCRíTICO
El Papa, que se definió como un “pecador” en una entrevista que concedió al sacerdote Antonio Spadaro de La Civiltà Cattolica, la histórica publicación de la Compañía de Jesús en España y que fue difundida por Razón y Fe, se muestra crítico con una Iglesia “obsesionada” con el aborto o el matrimonio gay.
Y es que, con un lenguaje directo y sencillo, ha logrado iniciar lo que algunos llaman una revolución pacífica dentro de la institución religiosa, marcada por un primer paso, que son los cambios dentro de la curia vaticana.
Pero el Pontífice, que ha sido capaz de romper moldes, de improvisar, decir lo que sale de su corazón, como lo afirma el cardenal hondureño óscar Andrés Rodríguez, hablar sin tapujos durante sus homilías matinales y ángelus dominicales contra las injusticias sociales, la falta de ética y hasta de los chismes e intrigas, ha puesto las barbas en remojo de presbíteros y laicos comprometidos.
Además es consciente que si bien su cruzada por una conversión pastoral, que significa practicar la misericordia y llevar el mensaje del Evangelio a las periferias, es un primer paso, urgen más cambios.
Y uno de estos pasos es el papel que la Iglesia debe adoptar en este momento histórico: “Veo con claridad que lo que la Iglesia necesita con mayor urgencia hoy es una capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones de los fieles, cercanía, proximidad. Veo a la Iglesia como un hospital de campaña tras una batalla.
¡Qué inútil es preguntarle a un herido si tiene altos el colesterol o el azúcar! Hay que curarle las heridas. Ya hablaremos luego del resto. Curar heridas, curar heridas... Y hay que comenzar por lo más elemental (…). La Iglesia a veces se ha dejado envolver en pequeñas cosas, en pequeños preceptos. Cuando lo más importante es el anuncio primero: ‘¡Jesucristo te ha salvado!”, dijo en la entrevista a la revista de la Compañía de Jesús.
Esa invitación abierta a sanar heridas y llevar la palabra de Dios a las periferias, dirigida mayormente a los sacerdotes, es replicada por el cardenal Rodríguez, que en una entrevista a
EL HERALDO
dijo que “tal vez los jóvenes ya no van a ir al templo porque no están motivados, pero nosotros tenemos que ir a ellos”.
En la entrevista a La Civiltà Cattolica, Bergoglio hace una definición de cómo deben ser los pastores que dirigen la Iglesia de Jesucristo.
“Los ministros del Evangelio deben ser personas capaces de caldear el corazón de las personas, de caminar con ellas en la noche, de saber dialogar e incluso descender a su noche y su oscuridad sin perderse. El pueblo de Dios necesita pastores y no funcionarios ‘clérigos de despacho’ (…).
En lugar de ser solamente una Iglesia que acoge y recibe, manteniendo sus puertas abiertas, busquemos más bien ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos, capaz de salir de sí misma yendo hacia el que no la frecuenta, hacia el que se marchó de ella, hacia el indiferente.
El que abandonó la Iglesia a veces lo hizo por razones que, si se entienden y valoran bien, pueden ser el inicio de un retorno. Pero es necesario tener audacia y valor”.
El hombre que renunció a la ostentación del apartamento pontificio y se hospeda en Santa Marta, donde comparte con los cardenales, que reza a diario, que destina una hora para saludar a los fieles en la audiencia de los miércoles y que tiene una agenda apretada, cada día da una lección de humildad, sencillez y austeridad.
“El Papa nos sorprendió a todos, pero nos ha sorprendido gratamente porque estamos preparándonos cada día para recibir los mensajes”, nos confió el cardenal Rodríguez.
Y es que su entrega hacia los demás es infatigable. Su secretario personal, monseñor Alfred Xuereb, reveló muchas veces que el Pontífice olvida sus dolencias físicas para estar cerca de la gente, y si necesita hacer una pausa no opta por tomar una siesta sino por rezar el rosario.
“Créame. ¡No pierde un solo minuto! Trabaja incansablemente. Y cuando siente la necesidad de tomar una pausa, no es que cierre los ojos y no haga nada: se sienta a rezar el rosario. Creo que reza al menos tres rosarios al día. Me dice: ‘Esto me ayuda a relajarme’. Después retoma el trabajo”.
El prelado maltés asegura que lo que más le impresiona del Santo Padre es “su determinación”. “Una convicción, que estoy seguro que le viene de lo alto, porque es hombre profundamente espiritual que busca en la oración la inspiración de Dios”.
Por la mañana medita y prepara la homilía de la misa en Santa Marta, al concluir saluda a cada uno de los 80 fieles que asisten a diario. Más tarde escribe cartas, hace algunas llamadas por teléfono, saluda al personal que encuentra y se informa sobre sus familias.
Y es que la oración es su primer alimento y luego de múltiples actividades durante el día, según el cardenal Rodríguez, “a las 7:00 de la noche en punto interrumpe lo que sea porque tiene otra hora de oración”.
Monseñor Xuereb describe a Su Santidad como un misionero que va en búsqueda de aquellos que no conocen a Dios, “que atrae hacia sí mismo la muchedumbre, esa muchedumbre que quizá se sienta perdida, con el intento de llevarla al corazón del Evangelio”.
“Se ha convertido, por así decirlo, en el párroco del mundo y está animando a todos los que se sienten lejos de la Iglesia a volver, con la certeza que encontrarán su puesto en la Iglesia”, manifestó.
SU MENSAJE
En la entrevista a la publicación de la Compañía de Jesús, habla de nuevo del tema llevado y traído del homosexualismo, que según él se ha convertido en una obsesión para la Iglesia.
“Durante el vuelo en que regresaba de Río de Janeiro dije que si una persona homosexual tiene buena voluntad y busca a Dios, yo no soy quién para juzgarla. Al decir esto he dicho lo que dice el Catecismo.
La religión tiene derecho de expresar sus propias opiniones al servicio de las personas, pero Dios en la creación nos ha hecho libres: no es posible una injerencia espiritual en la vida personal.
Una vez una persona, para provocarme, me preguntó si yo aprobaba la homosexualidad. Yo entonces le respondí con otra pregunta: ‘Dime, Dios, cuando mira a una persona homosexual, ¿aprueba su existencia con afecto o la rechaza y la condena?’.
Hay que tener siempre en cuenta a la persona. Y aquí entramos en el misterio del ser humano. En esta vida Dios acompaña a las personas y es nuestro deber acompañarlas a partir de su condición.
Hay que acompañar con misericordia. Cuando sucede así, el Espíritu Santo inspira al sacerdote la palabra oportuna”.
Sin importar la imagen que el mundo tiene del Papa, que en su mayoría es de aprobación, mucho de lo que el mundo espera quizá no ocurra, la pretendida reforma profunda a la curia romana.
Pero lo que sí es cierto es que el Papa jesuita que, guiado por el discernimiento y por el método escuchar, dialogar, orar y decidir, ha logrado ganarse al mundo y acercar la Iglesia a los fieles con una fórmula sencilla: “haciendo las cosas pequeñas de cada día con el corazón grande y abierto a Dios y a los otros”.