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'No tengan miedo... abran de par en par las puertas a Cristo”

Se cumplen 35 años del inicio del pontificado del papa Juan Pablo II, el hombre coherente y obediente a Dios, que llevó el Evangelio a todos los rincones del mundo y promovió la paz mundial.

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26.10.2013

Fue un hombre obediente con un corazón dispuesto a la voluntad de Dios.

“Recordamos a un hombre coherente que una vez nos dijo que este siglo no necesita de maestros, necesita de testigos, y el coherente es un testigo. Un hombre que pone su carne en el asador y avala con su carne y con su vida entera, con su transparencia, aquello que predica”, así definió el papa Francisco al beato Juan Pablo II, al celebrarse el aniversario de su pontificado, el pasado 22 de octubre.

El llamado “Papa amigo”, que será canonizado el 27 de abril de 2014, en la causa más rápida conocida en la historia de la Iglesia Católica, ascendió al trono de Pedro el 22 de octubre de 1978 y aún suenan en los oídos de miles de fieles sus palabras al inaugurar su pontificado en la Plaza de San Pedro. “¡No tengan miedo! ¡Abran - aún más - abran de par en par las puertas a Cristo!”.

En ese momento, en que el Papa polaco dio comienzo a su ministerio petrino como 263 sucesor del Apóstol Pedro, dijo: “El nuevo sucesor de Pedro en la Sede de Roma eleva hoy una oración fervorosa, humilde y confiada: ¡Oh Cristo, haz que yo me convierta en servidor, y lo sea, de tu única potestad! ¡Servidor de tu dulce potestad! ¡Servidor de tu potestad que no conoce ocaso! ¡Haz que yo sea un siervo! Más aún, siervo de tus siervos”.

Y así lo hizo a lo largo de los casi 27 años al frente de la Iglesia Católica, en el pontificado más largo de la historia.

Días después de celebrar su fiesta, como lo anunció Benedicto XVI en la solemne celebración en la que beatificó al Papa Wojtyla el 1 de mayo de 2011, que coincidía con el Domingo de la Divina Misericordia, recordamos el legado del seguidor de Cristo fallecido en 2005, cuando se cumple el 35 aniversario de su elección papal.

SIERVO DE DIOS.Juan Pablo II llegó a la silla de Pedro en un momento clave para la Iglesia Católica.

Su apostolado fue llevar el Evangelio a todos los rincones de la tierra, dando la idea de una iglesia cercana que acompaña a sus hijos.

El ejemplo más claro de ello fue la respuesta que él mismo le dio a un niño de 11 años, que una mañana de enero de 1980, le preguntó a Juan Pablo II en una parroquia romana: “Santo Padre, ¿por qué está siempre viajando por el mundo?”

La respuesta de Karol Wojtyla al niño romano fue rápida: “El Papa viaja tanto, porque no todo el mundo está aquí (en Roma)”. Es decir, como apuntó un estrecho colaborador del Papa: “No todos los problemas del mundo están configurados por los parámetros culturales, intelectuales y morales que aquí existen”.

De ahí que “si no todo el mundo está aquí” -parece dar a entender Juan Pablo II- “haré lo posible para que el Papa esté cerca de todo el mundo, es decir, viajaré para estar con cada uno”.

Y así lo hizo, sus más de 20 viajes a África donde visitó al menos 40 de los 52 países de ese continente, su insistencia en el continente Americano y su meta de llevar el Evangelio a una Asia dominada por religiones ancestrales como el budismo, el taoísmo y el confucionismo, fueron una muestra de su proyecto.

Y más lo fue su mensaje: “Abran a su potestad salvadora los confines de los Estados, los sistemas económicos y los políticos, los extensos campos de la cultura, de la civilización y del desarrollo. ¡No tengan miedo! Cristo conoce “lo que hay dentro del hombre”. ¡Solo Él lo conoce!”.

Karol Józef Wojtyła, nació en Wadowice, una pequeña ciudad a 50 kilómetros de Cracovia, Polonia el 18 de mayo de 1920. Era el más pequeño de los tres hijos de Karol Wojtyła y Emilia Kaczorowska.

Fue bautizado por el sacerdote Franciszek Zak el 20 de junio de 1920 en la Iglesia parroquial de Wadowice; a los 9 años hizo la Primera Comunión, y a los 18 recibió la Confirmación.

En 1938 en la Universidad Jagellónica de Cracovia y en una escuela de teatro. Tuvo que trabajar en una cantera cuando las fuerzas de ocupación nazi cerraron la Universidad, en 1939 y luego en una fábrica química (Solvay), para ganarse la vida y evitar la deportación a Alemania.

En 1942 descubrió su vocación al sacerdocio y comenzó a estudiar en el seminario clandestino de Cracovia, dirigido por el Arzobispo Cardenal Adam Stefan Sapieha y fue uno de los promotores del “Teatro Rapsódico”, también clandestino.

Al concluir la segunda guerra mundial, continuó sus estudios en el seminario mayor de Cracovia, nuevamente abierto, y en la Facultad de Teología de la Universidad Jagellónica, hasta su ordenación sacerdotal en Cracovia el 1 de noviembre de 1946.

Luego fue enviado a Roma, donde obtuvo un doctorado en teología en 1948.

Al volver a Polonia, fue vicario en diversas parroquias de Cracovia y capellán de los universitarios hasta 1951, cuando reanudó sus estudios filosóficos y teológicos.

En 1953 presentó en la Universidad Católica de Lublin una tesis titulada “Valoración de la posibilidad de fundar una ética católica sobre la base del sistema ético de Max Scheler”.

Después pasó a ser profesor de Teología Moral y Ética Social en el seminario mayor de Cracovia y en la facultad de Teología de Lublin.

El 4 de julio de 1958 fue nombrado por Pío XII Obispo titular de Olmi y Auxiliar de Cracovia. Recibió la ordenación episcopal el 28 de septiembre de 1958 en la catedral del Wawel (Cracovia). Y en 1964 fue nombrado Arzobispo de Cracovia por Pablo VI, quien le hizo cardenal el 26 de junio de 1967.

Los cardenales reunidos en Cónclave le eligieron Papa el 16 de octubre de 1978. Tomó el nombre de Juan Pablo II y el 22 de octubre comenzó solemnemente su ministerio petrino como 263 sucesor del Apóstol Pedro.

EVANGELIZACIÓN. Según una publicación de la página católica encuentra.com, Juan Pablo II ejerció su ministerio petrino con incansable espíritu misionero, dedicando todas sus energías, movido por la “sollicitudo omnium Ecclesiarum” y por la caridad abierta a toda la humanidad.

Realizó 104 viajes apostólicos fuera de Italia, y 146 por el interior de este país. Además, como Obispo de Roma, visitó 317 de las 333 parroquias romanas.

Más que todos sus predecesores se encontró con el pueblo de Dios y con los responsables de las naciones: más de 17 millones de peregrinos participaron en las 1,166 Audiencias Generales que se celebran los miércoles.

Ese numero no incluye las otras audiencias especiales y las ceremonias religiosas y los millones de fieles que el Papa encontró durante las visitas pastorales efectuadas en Italia y en el resto del mundo. Hay que recordar también las numerosas personalidades de gobierno con las que se entrevistó durante las 38 visitas oficiales y las 738 audiencias o encuentros con jefes de Estado y 246 audiencias y encuentros con Primeros Ministros.

Su amor a los jóvenes le impulsó a iniciar en 1985 las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ). En las 19 ediciones de la JMJ celebradas a lo largo de su pontificado se reunieron millones de jóvenes de todo el mundo. Además, su atención hacia la familia se puso de manifiesto con los encuentros mundiales de las familias, inaugurados por él en 1994.

Y promovió el diálogo con los judíos y con los representantes de las demás religiones, convocándolos en varias ocasiones a encuentros de oración por la paz.

Bajo su guía, la Iglesia se acercó al tercer milenio y celebró el Gran Jubileo del año 2000, según las líneas indicadas por él en la carta apostólica Tertio millennio adveniente; y se asomó después a la nueva época, recibiendo sus indicaciones en la carta apostólica Novo millennio ineunte, en la que mostraba a los fieles el camino del tiempo futuro.

En 2005, el papa Benedicto XVI dispensó del tiempo de cinco años de espera tras la muerte para iniciar la causa de beatificación y canonización de Juan Pablo II. La causa la abrió oficialmente el Cardenal Camillo Ruini, vicario general para la diócesis de Roma, el 28 de junio de ese año.

Lo beatificó el 1 de mayo de 2011 el día de la Divina Misericordia. Esta misma Solemnidad ha sido la elegida por el Papa Francisco para canonizarlo junto con el también papa Juan XXIII, el 27 de abril de 2014, que será precisamente el Domingo dedicado a la Divina Misericordia.