Él mismo define su poesía como un estudio de la totalidad de la realidad.
Y es que sin ser referencial ni personal, su obra, que no está escrita para las masas, se origina a partir de sus reflexiones para comprender el entorno.
Considerado el creador de la antipoesía, el escritor chileno Nicanor Parra es el autor de un vasto y profundo corpus poético que emerge de la conjugación de su visión de artista y formación de físico y matemático.
Parra es reconocido como uno de los poetas vivos más importantes de América Latina, pues además de innovar en la composición y estructura estética, escribió con base en su sensibilidad y a partir de la observación de diversas situaciones dentro de una sociedad.
Y es que, el autor chileno cuya obra marca una indeleble influencia en la poesía latinoamericana, celebra el centenario de su nacimiento este cinco de septiembre con un viaje “Temporal”, un poema social que el autor recuperó 27 años después.
Se trata de una composición poética que traspapeló y en la que creía haber impregnado el “lenguaje de la tribu”, esto es una combinación de la academia, la calle y la feria. Buscar las palabras adecuadas, crear inusitadas combinaciones métricas, conciliando lo alto y lo bajo, lo solemne y lo vulgar.
“Temporal”, una obra en la que trabajó en abril de 1987 coincidiendo con la visita del papa Juan Pablo II al país andino y unas terribles inundaciones, es, según el mismo Parra, “un poema largo, es un libro. En ‘Temporal’ está todo hecho en lenguaje de la tribu y con el tema de la tribu”.
HOMENAJE
El libro, que será publicado en los próximos meses por Ediciones UDP, sería el primero con material original del poeta chileno en más de una década.
Y es el primero de la serie de homenajes que se preparan para celebrar el centenario del autor, que incluyen la reedición de su obra clásica “Poemas y antipoemas”, que fue publicada por primera vez hace 60 años por la editorial Nascimiento, y un concierto que tendrá lugar en el Palacio de la Moneda, sede del gobierno chileno. Este incluye la proyección en los muros del edificio patrimonial de imágenes históricas del poeta, de una exposición que se exhibirá en el Centro Cultural Gabriela Mistral (Gam) a finales de agosto y la voz del propio Nicanor Parra leyendo sus poemas, a través de grabaciones que hizo en los años 70.
Galardonado con el Premio Nacional de Literatura 1969 y con el Cervantes 2011, lo único que sus seguidores no saben a ciencia cierta es si Parra dejará su casa de Las Cruces con vista al mar, ese día para disfrutar de los homenajes en su honor. Sin importar si asiste o no a la celebración de su centenario, sus obras continúan vivas como su autor.
“Cada vez que se nombre al autor y sus antipoemas y ecopoemas, se les dará vida y existencia, como menciona el filósofo Soren Kierkegaard (…). De esta forma, creo que mientras la obra del poeta sea nombrada, seguirá viva y puede hacer el cambio en quien lo desee”, indica Luis Serrano, investigador de la Universidad de Guadalajara.
“Nicanor presenta su obra como un hijo que tiene libertad y autonomía; el poema una vez publicado es de todos, o más bien dicho, es de quien lo elige, podríamos identificarnos con él o adoptarlo de acuerdo a la situación que se vive”, continúa.
QUIÉN ES
Nació en el seno de una modesta familia en San Fabián de Alico, cerca de Chillán, el 5 de septiembre de 1914. Creció en un ambiente artístico, su padre, Nicanor Parra, era profesor de primaria y músico, y su madre, Rosa Clara Sandoval Navarrete, era tejedora y modista, también tenía aficiones artísticas y cantaba canciones folclóricas. En 1937 comenzó su carrera como profesor de matemáticas y física en el Liceo Coeducacional Narciso Tondreau, el mismo en el que estudió años antes.
Nicanor fue el primero de los Parra en llegar a la facultad. Estudió matemáticas y física en la Universidad de Chile, en Santiago, mientras colaboraba en revistas literarias de la capital. En 1937, dos años después de que Neruda se consagrara con “Residencia en la tierra”, y cuatro antes de que Gabriela Mistral llegara a ser la primera chilena en ganar el Nobel, publicó su primer libro, “Cancionero sin nombre”, ahí incorporó la figura métrica del romance, el desarrollo narrativo de los poemas y el hablante poético como personaje de los versos.
La poesía de Parra comenzó a transformarse en el período en que vivió en Inglaterra, donde desembarcó en 1949 para especializarse en cosmología.
Luego de estudiar mecánica avanzada en la Universidad de Brown, regresó a Chile para dar la cátedra de mecánica racional, y diez años después es nombrado director interino de la Escuela de Ingeniería.
Más tarde, con Violeta, investigó la música folclórica, género de los rincones más pobres del país. Fue el gran impulsor de la hermana más joven, que en la década del cincuenta y sesenta exaltó las culturas tradicionales de América Latina y compuso canciones celebradas en todo el continente, como “Gracias a la vida” y “Volver a los 17”. Y en Oxford profundizó en el modernismo y en la vanguardia, pero también en la poesía medieval declamada en la plaza pública y llegó a la intuición esencial de la antipoesía.
En 1954, de vuelta en Chile, lanzó “Poemas y antipoemas”, que presentó la expresión que definía su obra y algunos de sus versos más conocidos hasta hoy.
Y es que, la contradicción aparente de una poesía que “niega” la poesía, lejos de ser incoherente, es la base del trabajo de Parra.
POR DENTRO
En una reciente entrevista para el diario mexicano El Universal, Parra, quien habla sobre literatura, música y filosofía, dice que dejó de escribir para dedicarse a anotar frases de niños.
No participa en eventos, no le gustan las entrevistas ni ser fotografiado. Hay algunos días en que no recibe a nadie. Hay otros en que le ofrece a sus visitas muestras generosas de su memoria y su afilado sentido del humor. A los 99 años mantiene el gusto por conversar, leer y escribir en cuadernillos (dice que guarda más de 300).
“La gran cuestión de la literatura es cómo hacer una frase. Dejé de escribir cuando comprendí que ningún poema se compara con las frases de un niño. Ahora lo que hago es anotar lo que ellos dicen”, cuenta Parra, citando a uno de sus nietos: “¿Por qué maullar? Si yo fuera gato, haría AU”.
En la entrevista se detalla además que en su retiro en Las Cruces, una de las alegrías de Parra son los nietos y los niños de los vecinos que alimentan su colección de frases.
“Yo me apropio de todo, de Shakespeare a Homero. Pero de las frases de las personas, no. Siempre les doy el crédito”, dice Parra, mostrando un poema reciente publicado en una revista chilena, compuesto a partir de una conversación con su empleada doméstica, Rosita, sobre las razones que la llevaron a abandonar la escuela. “Hoy solo me interesa el discurso infantil y el discurso limítrofe: el de los borrachos, locos y marginales”, agrega.
Aunque lleva años apartado de la vida literaria, el antipoeta es cada vez más festejado. En 2006, el Palacio de la Moneda, sede del gobierno chileno, acogió una exposición con sus artefactos. Señal de los tiempos: un lector insistió en registrar en una carta al periódico El Mercurio que todo eso le pareció “una gran falta de respeto que le hace mucho bien a nuestra democracia”. En 2011, salió en España el segundo volumen de sus “Obras completas & algo +”, con recepción que lo consagra (en el prefacio, el crítico Harold Bloom lo llama “poeta esencial”). Y el mismo año, ganó el premio Cervantes, máximo honor en la literatura en lengua española.