Tras la salida de Manuel Zelaya Rosales, Honduras retrocedió en todo. Se incrementó la deuda externa, la pobreza, la delincuencia, la criminalidad, el costo de la vida, se devaluó el lempira, cayó el turismo y la inversión, en medio de impunidad y corrupción.
Quedó al descubierto la porquería de políticos, periodistas, empresarios y pseudodirigentes obreros y sindicales que siempre se acomodan a la alcurnia.
Los “colgados”, por su lado, siguen hablando de “golpismo” y alegan, por conveniencia, que siendo gobierno, el menesteroso se convertirá en “rico”. Los ignorantes son blasfemos.
LOS MISMOS. Pareciera que los hondureños todavía no aprendemos la lección. Desde 1982 tenemos presidentes que “pelándose” la barriga formaron parte de una constituyente.
Hoy, tres décadas después, los “cerebros” de nuestra actual Constitución dicen que no sirve; claro, los intereses son otros, pero los pícaros son los mismos y, “si mueren, dejan al hijo”.
Un diputado llegó al extremo de decir que la “Constitución era como una prostituta que había que violarla cuantas veces fuera necesario”. Este ‘furcio’ ya murió.
Para los alacranes de la política, la carta magna es un remedo de leyes que no se ajusta a la realidad y como todos son un “combo de delincuentes”, se debe redactar una nueva para meter a los corruptos a la cárcel.
Las leyes son claras y contundentes. El que roba, mata, estafa, viola y quiebra bancos, entre otros delitos no fiables, debe estar preso y condenado en forma expedita.
Sin embargo, los mismos que tienen tres, cuatro o más décadas viviéndose al pobre, tienen el privilegio de quedar libres solo porque se les violentó el debido proceso y con singular descaro quieren seguir gobernando.
Todos, sin excepción, hasta los falsos resistentes, se tapan con la misma sábana, apestosa y maloliente de la impunidad.
A tres años de “pijamamel” los mismos corruptos pretenden darle sepultura a nuestra Constitución. No piden perdón al Creador porque en su mundo ateo, “los dioses son ellos”.
¿Qué estaremos pagando los hondureños? La respuesta es sencilla: por ignorancia y emotividad hemos electo de todo y tenemos un circo gubernamental de maleducados, “marihuaneros” y “coqueros”.
Estos vagabundos y dundos no se dan cuenta de que gracias a nuestra Constitución fueron y son por ahora presidentes de Honduras.
Solo falta que un chusco de estos salga con un desaguisado diciendo que “debemos reformar la Biblia” pues es culpable de los crímenes, de la impunidad, de la corrupción, de la pobreza, de la muerte y violencia contra tanta mujer en Honduras.
La Constitución podrá ser otra, pero los delincuentes seguirán siendo de la misma cloaca.
AMBICIONES Y PERSONAJES. Quienes hablan de socialismo, de solidaridad, de amor y de tantas cosas, ya gobernaron y saquearon nuestro país y pretenden seguir mamando porque son “liebres y dedocráticos”.
Son los mismos, en eso estamos más que seguros. En los años ochenta, “Mel” y “Pepe” ya andaban en política, con sombrero y caballo. La única diferencia era el partido, sus vicios y sus negocios son iguales.
A cuatro meses de un nuevo proceso electoral primario en nuestro país, las ambiciones y sus personajes son idénticos. El que antes fue presidente liberal hoy aparenta ser lo que no es escudándose bajo otra bandera, las uñas son las mismas.
Por su parte, los “cachos” no están nada contentos con un “Pepe” desorientado pero con su mente puesta en la taquilla “azules uñudos”. Todo lo pueden en “Mel” que los fortalece.
Para estos reptiles de la política al pobre solo se le puede ayudar estando en el poder.