Cuatro semanas antes de Semana Santa, los poblados de San Nicolás de los Ranchos y San Pedro Yancuitlalpan, México, realizan el carnaval de los pintados.
La celebración se realiza desde hace 60 años en estas comunidades y consiste en que centenares de jóvenes se cubren el cuerpo con pintura para cemento y aceite comestible.
El objetivo es solicitar una moneda a los turistas o vecinos, a cambio de no abrazarlos y mancharles la ropa. Se conforman dos grupos de danzantes, conocidos como las máscaras y los pintados.
Las máscaras son personajes protagonistas en la mayoría de los carnavales de la región. Las máscaras simbolizan la sátira del mexicano a su cultura. Bailan y recorren las calles, deteniéndose en cada puerta, para pedir dinero o un refresco y para bailar al ritmo de la música y de la banda que los acompaña.
Los que portan las máscaras utilizan una voz aguda, que es un grito como de fiesta, de alegría, mientras que los tiznados se cubren el rostro con un paño hecho de tela, no hablan, se comunican con señas, con gestos bruscos y en caso de negárseles una moneda castigan con un abrazo y manchan a las personas que no les ofrecieron la contribución económica.
Los tiznados en la actualidad además optan por los colores rojos, plateados; usan un cono en la cabeza al cual le llaman bonete que llega a simbolizar la corona. Los judíos representan la maldad, son los demonios.
Es mal visto para los demás que alguien de la comunidad elija ser un judío, pero alguien lo tiene que representar y son los jóvenes quienes deciden hacerlo.
El judío usa cadenas y el silencio como arma pero también como defensa. Este día las personas que visten colores claros son el “blanco perfecto” para los tiznados.
Desde que los ven, se apersonan y piden sean saludados con un abrazo o, cuando menos, de mano.