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'Las primeras caricias que recibí fueron las manos callosas de una humilde partera”

El ministro de Cultura, Artes y Deportes afirma que 'si hay discriminación hay que combatirla pero no aprovecharla como dádiva, como un camino para optar a un cargo'.

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31.07.2012

Cuando era niño, Tulio Mariano Gonzales nunca se imaginó que cambiaría el trabajo de campo por una cómoda y elegante oficina.

A los 17 años abandonó su barrio natal Cristales, en Trujillo, para buscar en Tegucigalpa una mejor oportunidad de vida.

Aunque es un ejemplo de superación en la comunidad afrodescendiente, para lograrlo antes tuvo que pasar una infancia precaria.

Su vida es una anécdota que se puede sintetizar en tres palabras: sacrificio, lucha y esperanza.

Por medio de una entrevista concedida a diario EL HERALDO, reveló parte de su historia familiar y profesional.

¿Cuáles son sus orígenes?

Nací en una comunidad pobre de Trujillo que se llama barrio Cristales, donde vive la mayor parte de la población afro en el departamento de Colón. Ahí los negros vivían a un lado y los blancos y mestizos en otro, en esas condiciones crecí, habían salones de baile para blancos y salones de baile para negros.

¿Quiénes eran sus padres?

Mis padres eran campesinos sin tierra, semianalfabetos, bastante estrictos y firmes, a veces implacables, pero generosos. Mi papá tenía un trabajo duro, una vida complicada y difícil, se dedicaba al cultivo de maíz, yuca y a la cosecha de banano, eso me dejó una enseñanza.

¿Qué enseñanza?

Eso me inspiró a ser solidario con los pobres, a interpretar las aspiraciones de las grandes mayorías, a luchar por mejores condiciones de vida. Solía conversar con mi papá, él siempre me estimuló al estudio aunque él no pudo estudiar.

¿Dónde estudió?

Estudié en una escuela pública donde solo habían estudiantes garífunas, en la escuela Socorro Sorel. Luego combiné trabajos agrícolas junto con mis padres y terminé el ciclo común en el Instituto Espíritu del Siglo, en Trujillo, y luego salí de mi pueblo.

¿Cuándo salió de Trujillo?

Salí de mi pueblo a los 17 años rumbo a Tegucigalpa en busca de mejores derroteros en el marco de esa lucha por la sobrevivencia. Mis padres no tenían recursos para mi estudio y tuve que buscar una beca para estudiar en la escuela Normal de Varones Centroamérica en el Edén, de Comayagua.

¿Cómo obtuvo la beca?

Siendo ministro de Educación el doctor Napoleón Alcerro Oliva platiqué con él, no me querían dar una cita, entré casi a la fuerza al salón y le expliqué mi situación y me entendió. Lo volví a ver a los seis meses como dirigente de huelgas de la Normal, recuerdo que cuando me vio en mi nueva posición se sonrió.

¿Qué otros cargos desempeñó al ser estudiante?

Fui presidente de la regional número uno de la Federación de Estudiantes de Segunda Enseñanza en Honduras. Recorrí Honduras como dirigente estudiantil, queríamos organizar la Asociación de Estudiantes Normalistas de Honduras, conocí a varios dirigentes estudiantiles.

¿Después qué hizo?

Me gradúe de maestro muy ligado a las luchas civiles en el país, pero no me fui a Rusia después de graduarme, me quedé dos años trabajando como recepcionista en la Dirección de Fomentos Cooperativos.

¿Cómo llegó a Rusia?

Hubo varias vicisitudes en mi vida, lo que me obligó a buscar una beca para estudiar en la Universidad Amistad de los Pueblos Patricio Lumumba, de Moscú, donde me gradúe de Ingeniero Agrónomo. De forma posterior pasé a estudiar en un Centro de Investigaciones Científicas en la ciudad de Krasnodar, donde saqué el doctorado en Ciencias Agrícolas.

¿Fue fácil su estadía en Rusia?

No, me di cuenta de que mi mamá había muerto aún estando allá, fue varios meses después. Fue un episodio en mi vida que demuestra la misión histórica de los sectores sociales y las dificultades que hay que pasar para poder sobrevivir en este mundo lleno de injusticias y necesidades.

¿Por qué pasaron tantos meses antes de enterarse del fallecimiento de su madre?

En ese tiempo no había Internet, no habían celulares y no habían relaciones entre la Unión Soviética y Honduras, y solo teníamos contacto con las personas que iban a celebrar el Día Internacional del Trabajo y el aniversario, en noviembre, de la revolución bolchevique.

¿Se pudo despedir de ella antes de salir del país?

No, no habían condiciones de seguridad para que me fuera a despedir de ella, entonces no pude hacerlo. La recuerdo como una mujer valiente, eso marcó mi vida.

¿Y qué pasó con sus hermanos?

Mi hermano mayor murió en el hospital San Felipe cuando yo cumplí 15 años. Ese día le había pedido a mi madre que no me llevara a la milpa, ella fue muy condescendiente, me llevó y luego de cuatro horas me dijo que me podía ir, pero luego regresé con la noticia de la muerte de mi hermano.

¿Este incidente marcó su vida también?

La situación económica no permitió que pudiéramos acompañar a mi madre al entierro. La muerte de mi hermano nos ayudó para fortalecer nuestro carácter, para tomar una posición social, para estar convencidos de que la pobreza es un crimen y es necesario luchar no solo para combatir la pobreza sino para erradicarla.

¿Cuándo volvió a Honduras?

Volví diez años después de estudiar en Rusia.

Cuando regresó, ¿cuáles fueron sus trabajos?

Fui catedrático universitario en la Universidad Pedagógica, trabajé como consultor de organismos internacionales, estuve en muchas organizaciones privadas de desarrollo.

¿A qué partido político pertenece?

Mi familia siempre ha sido militante del Partido Nacional, es el partido de mis amores, es el partido del cual al interior lucho para que se pueda democratizar y que sin vacilaciones podamos abrazar la tesis del humanismo cristiano.

¿Qué cargos políticos ha obtenido?

He sido convencional por Francisco Morazán, donde yo vivo desde hace muchas décadas, he sido miembro del Comité Central del Partido Nacional de Honduras, diputado al Parlamento Centroamericano; en la actualidad soy director académico de la Escuela de Liderazgo del Partido Nacional y como soldado de la democracia sirvo en esta Secretaría.

¿Cómo conoció al presidente Lobo?

En la década de los 70 cuando era presidente del Comité Regional de Derechos Humanos en Olancho, cuando los derechos humanos defendían por convicción. Lo conocí siendo catedrático de un instituto y no cobraba su salario sino que se los daba a los pobres.

¿Cuáles son sus aspiraciones políticas?

Espero algún día llegar a ser presidente de Honduras para transformarlo de forma pacífica.

Durante su desempeño en la política, ¿fue discriminado por ser afrodescendiente?

La discriminación a mí no me da ni frío ni calor. Sí, aquí hay diferentes formas de discriminación, hay discriminación social por su origen social contra los pobres. Hay discriminación racial no solo contra los negros, aquí hay discriminación contra los árabes, contra los homosexuales, contra los judíos, esta es una sociedad discriminadora.

¿Sus cargos los obtuvo por pertenecer a la comunidad afro?

Yo no quiero que me den un cargo por ser negro, quiero que me den un cargo por ser capaz, por ser inteligente y así me he ganado todos los puestos que he tenido y dejo huellas donde me ha tocado trabajar, no he llegado bajo la sombra del negocio llamado discriminación.

¿Cree que los gobiernos no dan participación a los afrodescendientes?

Nos dan migajas a las comunidades indígenas y afrodescendientes.

¿Este gobierno les ha dado apertura?

Este gobierno de Porfirio Lobo Sosa es el gobierno que ha dado mayor apertura en la historia de Honduras y no es casual, Pepe Lobo nació en Trujillo en una comunidad garífuna por lo que existe una vinculación con él y nuestra comunidad.

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