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Honduras está a la venta al estilo carta Rolston

A poco menos de un siglo de Rolston, la palabra concesión sufrió una metamorfosis con el sello Lobo-Hernández. Hoy se denomina Alianza Público Privada (APP), presentándola como “salvadora” de una crisis generalizada.

    27.07.2013

    El régimen Lobo-Hernández tiene en remate nuestro país con su criatura alianza público privada que, al calco de la famosa carta Rolston, florece un siglo después empeñando la patria y con diversos ardides, difundiendo angustia, mientras loan su pujante, nuevo e imperturbable señorío.

    Desde su asunción, Lobo y Hernández, ahora custodiados por el presidente de la transgredida Corte Suprema de Justicia (CSJ), Jorge Rivera Avilés, los hondureños estamos debatiéndonos entre la desesperanza en medio del presunto cotejo de grupos dominantes que intiman repartiéndose el pastel.

    El cuchillo que sirvió para dividir la empanada es el mismo que voló la cabeza a los cuatro magistrados en diciembre de 2012 y cuyos sustitutos están vigilantes para que el monarca y su ungido no sean irrespetados nunca más en sus gustosos deseos.

    No solo nos abruma el alto costo de la vida, el descuartizamiento del lempira y de cuerpos humanos, sino también todas las campañas sistemáticas de terror maquinadas desde las alturas. Nos viran los ojos para llenar sus insaciables bolsillos.

    Mediante decreto legislativo del 11 de agosto de 2010 se creó la Comisión para la promoción de la Alianza Público Privada (Coalianza), reglamentada con acuerdo presidencial 02073 en diciembre del mismo año.

    El parto estipuló que su finalidad es gestionar y promover proyectos y procesos de alianza público privada, potenciar la capacidad de inversión, lograr el desarrollo integral de la población y la administración de obras y servicios.

    Esta maquiavélica invención nos hizo retroceder casi un siglo con la célebre carta Rolston, escrita por Hiller V. Rolston el 20 de julio de 1920 a uno de sus abogados en Honduras. Sin embargo, nuestros zares avanzan con fortuna agigantada hablando de su encomiable amor por la indigencia.

    EMPAQUE.
    “Para que nuestros grandes sacrificios y nuestras cuantiosas inversiones no hayan sido hechas en vano; debemos adquirir y apoderarnos tanto de territorios de la nación como de particulares, y todas las riquezas que nos permita nuestra capacidad adquisitiva y nuestro poder de absorción”, refiere la misiva de Rolston.

    Rolston fue considerado el lugarteniente de Samuel Zemurray, un ejecutivo de la United Fruit Company que amasó una fortuna para adquirir, en 1910, cinco mil acres de tierra (unos 20 kilómetros) a lo largo del río Cuyamel. En 1923 su nombre era Cuyamel Fruit Company.

    “Debemos obtener contratos implacables, de tal naturaleza que nadie pueda sustentar competencia ni en el futuro lejano; a fin de que cualquier otra empresa que se estableciera y pudiera desarrollarse, tenga nuestro control y se adapte a nuestros principios establecidos”, sustenta la inmortal carta.

    De una manera general -explica Rolston- todas las palabras y pensamientos deben dar vuelta en torno a estas palabras: poderío, bienestar material, campos de trabajo, disciplina y método.

    “Es en nuestro interés preocuparnos porque se doblegue a nuestra voluntad esta clase privilegiada que necesitamos a nuestro exclusivo beneficio; generalmente, estos como aquellos, no tienen convicciones, carácter y mucho menos patriotismo; y solo ansían cargos y dignidades que, una vez en ellos, nosotros se los haremos más apetitosos”.

    Rolston decía en su nota que nuestro pueblo “envilecido por el alcohol” es asimilable para lo que necesita y destina. Además resaltó que se debía producir un desgarramiento de su incipiente economía, aumentar sus dificultades para facilitar sus propósitos fomentando su vida “trágica, tormentosa y revolucionaria”.

    Era indispensable hacerle creer a los “catrachos” (en 1920), que eran “avasallados” y que la única forma de “engrandecerlos” era utilizando políticos y mandones. “Tenemos necesidad de su país, de sus recursos naturales, de sus costas y sus puertos, que poco a poco debemos adquirir”, resalta el escrito.

    A poco menos de un siglo de Rolston, la palabra concesión sufrió una metamorfosis con el sello Lobo-Hernández. Hoy se denomina Alianza Público Privada (APP), presentándola como “salvadora” de una crisis generalizada pero velando con puño firme, el negocio del siglo para un desconocido imperio que trafica influencias con una bolsa solidaria.


    PORCIÓN. Curiosamente, en 1973, el ahora asesor de Lobo y también excolaborador del expresidente Manuel “Mel” Zelaya, Víctor Meza (fanático de autos europeos de lujo), detalló que las concesiones no se detienen ante nadie.

    En una recopilación de datos de esa época, Meza, cercano de “Pepe” Lobo, sostuvo que estas licencias aíslan cualquier “consideración ética y actúan audazmente interviniendo en la actividad política, sobornando funcionarios, chantajeando, promoviendo discordias internas, atizando odios fratricidas hasta lograr sus objetivos”. El festín le quitó lo “ñángara” a Meza.

    Es una copia al carbón de lo que vemos y sentimos ahora. Es el presagio del futuro cercano. Nuestro país está en venta y lotificado. Simulando ser caritativos actores, los reyes arengan división de clases, donde los vasallos nunca se quitarán el yugo de los fuertes y que solo “libres”, siendo carteristas, saldremos de las desigualdades. ¡Qué parangón!

    Todos los gobiernos tienen sus útiles tácticas, sean diabólicas o despóticas. Pareciera que la administración Lobo-Hernández con su cómplice “Chuky” está encaminada a meternos la idea de que la única forma de “protegernos” es traernos transformación si ante el mundo nos tienen como “casa de empeño”.

    Lo que ocultan es su usura rotunda. Al pobre lo saturan con quimeras y simulan llorar su penuria. Mienten orgullosos que por sacarlos de la miseria recibieron una lluvia de epítetos y los acusaron de vende patria. Todos callan porque de todos es el lote. ¡Entre más bonos colocamos más territorio vendemos!

    ALBUR.
    Las concesiones bananeras en nuestra nación se fortalecieron a inicios del siglo XX. En 1903 se produjo su mayor explotación siendo presidente el nacionalista y general Manuel Bonilla, nacido en Juticalpa, Olancho, el 7 de junio de 1849 y fallecido el 21 de marzo de 1913.

    Rolston decía en su mensaje de 1920 que al invertir en Honduras para campos bananeros era semejante a “poderío y bienestar material”, para ellos. Hoy, cien años después, otro olanchano reinventa el trinque con las alianzas público privada con su eslogan “desarrollo, prosperidad y calidad de vida” para su grupo. ¡Qué espectro!

    ¿Quién sigue?

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