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El largo camino a Roma de un técnico químico


El obispo que viajaba en Subte no es solo un ser humano humilde, sino un religioso con una trayectoria eclesiástica brillante, una sólida formación como teólogo y unas ideas propias, claras.

15.03.2014

Su espíritu de luchador incansable se desarrolló desde muy temprana edad, cuando una enfermedad lo dejó sin la mitad de un pulmón.

Hoy, el hombre de 77 años, que recorre cada miércoles la Plaza de San Pedro hasta la avenida de la Conciliazione para saludar a los miles de fieles que se congregan, es la cabeza de la Iglesia Católica.

Jorge Mario Bergoglio nació en el seno de una familia porteña católica de Buenos Aires, Argentina, el 17 de diciembre de 1936.

Sus padres, Mario José Bergoglio, un contador que tuvo que emigrar de Italia debido al avance del fascismo, y Regina María Sívori, nacida en Buenos Aires, hija también de inmigrantes italianos, lo bautizaron la Navidad de 1936 en la Basílica María Auxiliadora y San Carlos del barrio de Almagro.

Realizó sus estudios primarios en el colegio salesiano Wilfrid Barón de los Santos Ángeles. Y luego cursó su secundaria en la Escuela Nacional de Educación Técnica N.º 27 Hipólito Yrigoyen, en la que se graduó como técnico químico, lo que le permitió obtener un empleo en el laboratorio Hickethier-Bachmann, donde realizaba análisis bromatológicos destinados a controlar la higiene de productos alimenticios.

El llamado a seguir a Jesucristo llegó cuando tenía 21 años. En 1957 ingresó al seminario del barrio Villa Devoto como novicio de la Compañía de Jesús y culminó sus estudios como seminarista en el Seminario Jesuita de Santiago de Chile, ubicado en la casa de retiro de San Alberto Hurtado, donde profundizó sus estudios de historia, literatura, latín y griego.

De 1964 a 1966 fue profesor de literatura y psicología en el Colegio de la Inmaculada de Santa Fe y en el Colegio del Salvador de Buenos Aires.
Fue ordenado sacerdote el 13 de diciembre de 1969, a los 33 años de edad.

De 1973 a 1979 se desempeñó como superior provincial de los jesuitas en Argentina.

El 31 de julio 1973 es elegido Provincial de los jesuitas en Argentina. Tenía entonces 37 años. Eran los tiempos de la dictadura militar. Se produjo en esos años el secuestro de dos sacerdotes de su congregación que tenían posiciones progresistas, Orlando Yorio y Francisco Jalics.
Seis años más tarde vuelve a trabajar en el mundo académico, y entre 1980 y 1986, es nombrado Rector del Colegio de San José. En marzo de 1986 se trasladó a Alemania para completar su tesis doctoral.


A ello le sigue la vuelta a Argentina y una intensa actividad como teólogo y sacerdote, lo que le lleva ser el principal colaborador del cardenal Quarracino en Buenos Aires.

Su espiritualidad y carácter llamaron la atención del cardenal Antonio Quarracino, y el 20 de mayo de 1992 Juan Pablo II designó a Bergoglio, obispo titular de la Diócesis de Oca y uno de los cuatro obispos auxiliares de la Arquidiócesis de Buenos Aires.

Luego de desempeñarse como vicario general de Quarracino, el 3 de junio de 1997, fue designado arzobispo coadjutor de Buenos Aires con derecho a sucesión, por lo que ocupó el cargo de su mentor en el episcopado tras su muerte, el 28 de febrero de 1998.

En el arzobispado de Buenos Aires –una ciudad entonces de tres millones de habitantes- y como cardenal llevó a cabo un proyecto basado en cuatro objetivos: establecer una comunidad abierta y fraternal, protagonismo de los laicos trabajando e conjunto con los sacerdotes; evangelización y asistencia a los pobres y enfermos.

Como Presidente de la Confederación Episcopal Argentina tuvo que hacer frente a duros períodos de crisis económicas y sociales. Sus posturas sociales, su conservadurismo doctrinal y su forma de vivir humilde y ligada a los pobres le llevaron a enfrentarse con los Kirchner.

Era crítico con la política de los Kirchner, señalando la extrema situación de pobreza en la que vivían muchos argentinos, y especialmente tuvo enfrentamientos con el proyecto de legislar el matrimonio homosexual (ley de matrimonio igualitario) y el proyecto para despenalizar el aborto.

Su estilo de vida sencillo ha contribuido a la reputación de su humildad: vivía en un apartamento pequeño en vez de la residencia palaciega episcopal, renunció a su limusina y a su chofer en favor del transporte público, y cocinaba su propia comida. Disfrutaba de la ópera, el tango y el fútbol; es hincha y socio activo simple del Club Atlético San Lorenzo de Almagro. Es también un apasionado lector de Fiódor Dostoievski y Jorge Luis Borges, además de autores clásicos

El papa Juan Pablo II lo creó cardenal presbítero de San Roberto Belarmino el 21 de febrero de 2001. Tras la muerte del pontífice, el 2 de abril de 2005, fue considerado como uno de los candidatos para ocupar el solio de san Pedro, cargo para el que fue elegido finalmente el alemán Joseph Ratzinger, Benedicto XVI.

Bergoglio fue presidente de la Conferencia Episcopal Argentina durante dos períodos consecutivos, desde noviembre de 2005 hasta noviembre de 2011. Impedido por los estatutos de asumir un nuevo mandato, durante la 102ª asamblea plenaria de ese organismo se eligió al arzobispo de la arquidiócesis de Santa Fe de la Vera Cruz, José María Arancedo, para sucederlo.

El 13 de marzo de 2013, el cónclave que se celebró tras la renuncia de Benedicto XVI eligió como papa a Jorge Mario Bergoglio, quien manifestó su voluntad de ser conocido como “Francisco” en honor del santo de Asís. Bergoglio es el primer papa jesuita y el primer pontífice originario de

América, el primer hispanoamericano y el primero no europeo desde el sirio Gregorio III, fallecido en 741. Además de su español natal, Francisco habla fluidamente latín, italiano, alemán, francés e inglés.

La elección

Pero no se llegó al papado solamente con la “sencillez”. El papa Francisco es un argentino con una trayectoria eclesiástica brillante, una sólida formación como teólogo, y unas ideas propias, claras, que le han llevado a mantener una postura independiente dentro de la Iglesia Católica.
Pero, ¿cómo fue ese camino a la elección?

Monseñor Guillermo Karcher, ceremoniero pontificio de la Santa Sede, fue el primer argentino fuera del cónclave en saber que el 13 de marzo de 2013 los cardenales habían elegido a su compatriota Jorge Mario Bergoglio a la Sede de Pedro.

El prelado argentino que vive en Roma desde hace 20 años, dijo a la página católica AICA, que “recuerdo el 13 de marzo de hace un año con gran emoción y gozo interior.

Estuve junto a él, como uno de los primeros testigos, y pude celebrar con el corazón la elección del nuevo Papa, mi ‘exobispo porteño’, a quien desde el primer día no he dejado de ver y a quien le dispuse mi veinteñal experiencia romana y mi trabajo en el protocolo y ceremonial de la Secretaría de Estado”, dijo.

El obispo detalla que “aquella noche una percepción muy grande, una presencia de la Virgen de los Desatanudos. Me fui a rezar y sentí el aplauso, era el momento en que había sido elegido. En el fondo del corazón pensé: acá hay algo relacionado con Bergoglio. Todavía no se habían abierto las puertas de la Capilla Sixtina. Fue una premonición, una experiencia mística, llamémosla como sea, pero yo no soy devoto de la Desatanudos, es su devoción.

A mí no me tocaba tener el micrófono sino el libro de las bendiciones, pero le dije a otro ceremoniero: ‘Si sale Bergoglio, ¿me das el micrófono?’.

Eso me aseguraba que iba a estar en todo momento junto al nuevo Papa incluso para darle una mano, si le fallaba el italiano iba a tener a alguien que le ayudara”, recuerda.

El padre Karcher, como ceremoniero pontificio, asiste en las liturgias que preside el Santo Padre y otros tantos actos habituales. Siendo aún muy joven, tuvo la oportunidad de estar en la misa de ordenación episcopal del jesuita Jorge Mario Bergoglio el 27 de junio de 1992.

El ceremoniero también es una figura destacada en las audiencias generales de los miércoles, en donde se ha convertido en nexo para que miles de argentinos puedan estrechar la mano del Papa.

Cada miércoles, alrededor de las 9:00 aparece en la Puerta Santa Ana con un listado en mano y encabeza la fila de connacionales que se ubicarán a la derecha del escenario para saludar al Santo Padre, darle algún presente y conversar brevemente con el Pontífice.

UN PAPA INCANSABLE

Desde ese 13 de marzo de 2013, el Papa no ha dejado de trabajar.

Según el ceremoniero, su ritmo de trabajo no tiene pausas. Disminuyó un poco las actividades, pero por respeto a todos los empleados que sí estaban de vacaciones. Pero siguió trabajando en su despacho, planificando y encontrando amigos y personas allegadas.

“Francisco sabe que su servicio a la Santa Sede es único, y su liderazgo moral es reconocido e influyente. Los católicos, pero también los cristianos de otras confesiones y los feligreses de otros credos, así como los agnósticos y los hombres de buena voluntad, están fascinados por su figura austera y su vida coherente, y esto lo vuelve alguien al que no se puede hacer oídos sordos… así mueve las multitudes”, dijo.

Y es que el Papa ha logrado que Roma comience a caracterizarse por su servicio a la caridad, esa es su vocación. Y él, como obispo de Roma, está poniendo todo en juego para que así sea.

Por si fuera poco, sigue rompiendo esquemas al decidir vivir un retiro espiritual junto con los responsables de los dicasterios de la Curia Romana en una casa de ejercicios ubicada cerca de la capital.

“Es un verdadero retiro –dice el sacerdote-, con el fin de ‘purificar el corazón’ y renovar la vida en Cristo, con vistas de un mejor servicio a la Iglesia. Como buen jesuita, la vida del espíritu es fundamental, lo vive y lo propone con el ejemplo”.

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