Revistas

Al encuentro del mensajero

Como un pastor que viene a cuidar su rebaño, el papa Juan Pablo II pisó suelo hondureño hace 30 años, en un encuentro inédito que transformó vidas y sacudió los cimientos de la Iglesia en medio del clímax de la Guerra Fría.

09.03.2013

Su visita sigue fresca en la mente de miles de fieles católicos, ya que para muchos fue una bendición para un pueblo que buscaba con anhelo la paz en medio de los estragos de la llamada Guerra Fría.

Hace 30 años, que se cumplieron el viernes 8 de marzo, el fallecido papa Juan Pablo II, ahora beato de la Iglesia Católica, se convirtió en el primer y único pontífice en visitar Honduras, en un momento inédito que marcó para siempre a los hondureños.

Más de 400 mil personas asistieron al Santuario de Suyapa para escuchar al “Mensajero del amor”, quien veneró a la Patrona de Honduras y le pidió por la paz de Honduras en un emotivo mensaje que arrancó las lágrimas de los presentes.

“Señora de América, Virgen pobre y sencilla, madre amable y bondadosa, tú que eres motivo de esperanza y de consuelo, ven con nosotros a caminar para que juntos alcancemos la libertad verdadera en el espíritu que te cubrió con su sombra, en Cristo que nació de tus entrañas maternas, en el Padre que te amó y te eligió como primicia de nueva humanidad, amén”.

La llegada del pontífice paralizó no solo la capital sino el país entero, que lo recibió con los brazos abiertos, contrario a lo que ocurrió en Guatemala, donde se puso en riesgo su llegada debido al fusilamiento de varios presos y en Nicaragua un grupo de manifestantes sandinistas gritaron consignas y le hicieron interrumpir su mensaje.

Juan Pablo II llegó a las 9:15 de la mañana de un martes 8 de marzo de 1983 en un Boeing 727, fue recibido en el aeropuerto Toncontín por el nuncio apostólico Andrea Cordero, el arzobispo de Tegucigalpa Héctor Enrique Santos (QEPD) y el presidente Roberto Suazo Córdova. Tuvo una bienvenida acorde a su investidura como jefe de Estado Vaticano en la que se entonaron los himnos nacionales de Honduras y la Santa Sede y se dispararon 21 cañonazos.

“Amadísimos todos, desde el primer momento de mi llegada me habéis abierto las puertas de vuestro corazón, yo también os reitero mi profunda estima y afecto”, dijo.

Luego del acto en Toncontín, seguido de una multitud, se trasladó en el Papamóvil al Santuario de Suyapa, que fue insuficiente para los miles de fieles que lo esperaban y que portaban pancartas con mensajes de bienvenida y que tuvieron que trasladarse a la explanada, donde se celebró la eucaristía.

Más tarde se trasladó a la Nunciatura Apostólica, donde almorzó con el presidente Suazo Córdova y la Curia hondureña.

Luego partió al aeropuerto Ramón Villeda Morales de San Pedro Sula, donde también ofició una misa y entregó un mensaje a los representantes obreros de la zona. A las 7:10 de la noche dejó Honduras después de un día de fe y bendición que marcó a miles de personas de todos los estratos sociales.

La histórica visita de Juan Pablo II no solo movió masas, sino que sacudió los cimientos de la Iglesia Católica, reconoció el padre Juan Ángel López, en una entrevista a EL HERALDO. “La presencia del santo padre revitalizó la vida de la Iglesia hondureña, la certeza y la cercanía del pastor que viene a visitar a su rebaño”, dijo.

Además, “nos hizo comprender un montón de cosas sobre la realidad de Honduras y muchas de esas cosas han cambiado”, detalló López, quien en ese entonces era un alumno del instituto San Miguel que formaba parte de un grupo de muchachos que le cantaron al Papa.

Y es que ese encuentro fue memorable para muchos, entre ellos el cantautor Tony Sierra, quien a petición del entonces obispo óscar Andrés Rodríguez, compuso a en honor de Su Santidad el tema musical “El mensajero del amor”, que quedó inmortalizado y que aun en pleno siglo XXI continúa tocando corazones.

“La visita del Papa fue una muestra de espiritualidad que jamás se ha visto en el país”, esta reflexión de don Nahúm Valladares resume, sin duda, un día memorable.

Años más tarde, el 2 de abril de 2005, Carol Wojtyla, de 84 años, cerró sus ojos para siempre para marchar al encuentro del Señor, el pontífice que guió la Iglesia de Pedro durante casi 27 años dejó un legado de paz que no será olvidado por el mundo.