Este año cierra con muertes masivas, producto de fenómenos naturales: Japón, Filipinas, pero también de guerras civiles: Siria, Irak, Afganistán, Somalia, Yemen, Sudán del Sur, Colombia.
Además, continúa la pérdida de vidas humanas a causa de enfermedades que deberían ser prevenibles, pero que se ensañan particularmente con los países tercermundistas: sida, malaria, tuberculosis, en África, Asia, América Latina; en tanto el consumo de la llamada “comida chatarra” incrementa, tanto en las naciones prósperas como pobres, la diabetes y la obesidad.
La gran recesión, iniciada en Estados Unidos en el 2008, que provocó un efecto multiplicador, aún hace sentir sus efectos sociales y económicos: desempleo masivo, particularmente entre la juventud, aun aquella poseedora de educación superior; recorte del gasto social y desmantelamiento de las redes y colchones protectores de las repercusiones de las medidas de austeridad y ajuste implementadas en Europa Occidental.
También la superpotencia ha experimentado, bajo iniciativas del Partido Republicano, intentos por obstruir y demorar la aplicación de la principal promesa de campaña del Presidente Obama: el seguro universal de salud.
El masivo espionaje telefónico e informático por parte de organismos de seguridad federales, generó una ola de protestas, tanto entre la población estadounidense como entre gobiernos aliados; Brasil, Alemania, Francia, entre otros.
Los principios de privacidad y confidencialidad, consagrados en las constituciones de varias naciones quedaron en precario, y el “Gran Hermano” está dispuesto a continuar interceptando y almacenando conversaciones, mensajes, transacciones, a escala global como parte del espionaje sistemático y total.
No es casual, entonces, que la voz del primer papa latinoamericano, Francisco, se ha hecho escuchar, para lo cual ha empezado por intentar que las instituciones de la Iglesia Católica retornen a sus orígenes de humildad, compasión, pobreza, para continuar con sus análisis y condenas al capitalismo salvaje y al mítico efecto derrame que supuestamente genera.
El narcotráfico y el crimen organizado extienden sus negocios mortales por todo el planeta, desafiando a gobiernos y organismos internacionales.
China busca no solo la expansión económica, sino que simultáneamente busca alcanzar la hegemonía militar en el Pacífico.
Así, el mundo inicia un nuevo año en medio de contradicciones y paradojas, con oscilaciones entre la preservación y la destrucción, entre el orden y el caos.