Opinión

Un hombre superior

Nació el 22 de noviembre de 1777 en Choluteca y falleció a inmediaciones de la ciudad de Guatemala el 2 de marzo de 1834. En esos 57 años de existencia llegó a ser uno de los dos más prominentes próceres centroamericanos.

Evocar la memoria y trayectoria de José Cecilio del Valle es no solamente un acto justiciero, es también reconocer la vigencia de su ejemplo cívico y de su legado intelectual.

Su compleja y polifacética personalidad abarcó tanto al pensador que ahonda con igual talento y disciplina en las Ciencias Sociales, en las Naturales, en la Estadística, como al pragmático que exitosamente aplica el pensamiento abstracto a la realidad específica que le circunda.

Ese exitoso equilibrio entre teoría y práctica lo materializó en la administración pública, como auditor, alcalde, diputado, canciller, triunviro y lo aplicó al periodismo, al buen gobierno.

Su prédica constante incluyó la urgencia de difundir la enseñanza entre el pueblo centroamericano como medio para desterrar la ignorancia, el fanatismo, la intolerancia, productos del generalizado analfabetismo y la exclusión educativa presentes a lo largo de más de trescientos años de colonialismo.

Su ideología ilustrada le permitió confiar en las capacidades humanas para descifrar y domeñar los misterios del mundo material, para así construir el bienestar y superación colectivas.

Su afinidad con el liberalismo lo hizo oponerse a los monopolios y absolutismos, favoreciendo la propiedad privada, la libertad comercial, la igualdad jurídica, el laicismo, la separación Iglesia-Estado.

Como generalmente ocurre con las personas ejemplares, su deceso no significó ni el olvido ni la reprobación: por el contrario, sus contemporáneos y las generaciones futuras comprendieron que se había perdido la voz del intelecto, el patriotismo, la racionalidad y la sabiduría.

Paralelamente, empezaron a estudiar y divulgar su vida, su ejemplo, su legado, rescatando sus escritos dispersos, interpretándolos y difundiéndolos, misión aun inconclusa dada la vastedad de su conocimiento enciclopédico, forjado a base de lecturas, correspondencias, exhortaciones y prédicas constantes.

Que su trayectoria y su herencia constituyan fuente de permanente inspiración hoy, mañana y siempre.