Opinión

Que tremendo el reto que plantea nuestro país a gobernantes y gobernados. Con las amenazas externas y las debilidades internas el panorama no puede parecer más sombrío.

Como para descorazonar a cualquiera. Pero no a las hondureñas y a los hondureños.

Tareas inmensas sobresalen a otras no tan menos importantes, ni menos ingentes.

Pero aquí es donde debe volver a salir la garra catracha.

El coraje hondureño evidente en diversos momentos de la historia patria, más reciente ante el intento retrógrado y colonizante auspiciado por compatriotas confundidos y vencido desde el 28 junio de 2009, debe manifestarse en el rescate nacional.

Rescate de la corrupción, rescate de la inseguridad, rescate del desempleo y rescate del fraude electoral. Para empezar.

De este 2012 no puede pasar. Nuestro país ya no aguanta, ya dadas las condiciones pueden empeorar, para degenerar en una conflictividad incontrolable como nefasta.

No toda conflictividad lo es, pero la que se gesta ante la negligencia puede ser realmente adversa.

La rectificación hecha por el presidente Lobo al prohibir a sus ministros sesgos sectarios en la labor encomendada, es pertinente.

Nunca se entendió cómo en un momento pudo autorizarles el activismo partidario, con las deficiencias manifiestas en el desempeño de la mayoría y las descomunales tareas pendientes en un país con los problemas que afronta el nuestro.

Ahí están algunas consecuencias dolorosas e indignantemente expuestas en la Secretaría de Seguridad.

La reactivación de los sectores productivos y la atracción de la inversión nacional y extranjera, la intervención de la Policía para que funcione en protección de la población honrada y que dejen de dividirse sus elementos entre malos y arrinconados, la lucha anticorrupción efectiva en todos los niveles y la garantía de la transparencia electoral del proceso primario, exigen voluntad y acción de toda la institucionalidad y de la ciudadanía en general.

Seguridad, Empleo y Transparencia son demandas nacionales.