Opinión

Situación macroeconómica

Tenemos la visita de la misión del Fondo Monetario Internacional que viene a revisar las cifras del año 2011 y si todo sale bien, comenzar las negociaciones para la suscripción de un nuevo acuerdo, considerando que el “stand by” actual vence en el mes de abril de este año.

Tomando en consideración que en las revisiones anteriores del FMI los resultados macroeconómicos han sido favorables, no se esperan sorpresas en esta revisión.

De hecho, el manejo del marco macroeconómico ha sido uno de los logros más importantes de este gobierno, debido fundamentalmente a que los profesionales que están a cargo de instituciones claves como el Banco Central de Honduras y la Secretaría de Finanzas se han desempeñado con responsabilidad, tienen amplia experiencia y gozan de credibilidad ante el FMI.

Es obligatorio recordar que el presente gobierno recibió el país con serios problemas fiscales, caracterizados por un déficit del gobierno central de 6.2% del Producto Interno Bruto en el 2009, el cual se ha venido reduciendo a 4.8% en 2010 y un estimado de 3.9% en 2011, que sigue siendo alto si consideramos la disponibilidad de financiamiento externo para el país.

Adicionalmente, se encontraron compromisos de pagos por una cantidad elevadísima que, conjugado con las restricciones al financiamiento externo derivadas de la crisis política, han dado como resultado un fuerte crecimiento de la deuda interna, que a diciembre 2011 ascendía aproximadamente a L 48 mil millones, representando el 44% de la deuda total del país y el 15% del PIB.

La actividad económica, que en 2008 tuvo un crecimiento negativo de 2.1% se ha logrado recuperar creciendo 2.8% en 2010 y un estimado de 3.4% en 2011, debido fundamentalmente a la fortaleza del sector externo, con crecimientos importantes en las exportaciones, inversión extranjera y remesas familiares.

El Banco Central de Honduras ha mantenido una política monetaria muy activa, tratando de mantener la inflación a nivel de un dígito. Esto ha dado como resultado que el índice de precios al consumidor del año 2010 fuera 6.5% y en 2011 de 5.6%, que comparan favorablemente con el resto de los países de la región. Además, en julio de este año se modificó la política cambiaria y ahora se está utilizando la banda de la subasta de divisas, con el objetivo de preservar reservas internacionales y mantener la competitividad de las exportaciones.

A finales de año, el país terminó con un nivel de reservas internacionales de US$ 3,038 millones con una cobertura de 3.7 meses de importaciones, que es bastante razonable dentro de los estándares internacionales.

Tomando en consideración que este año comenzará la actividad política con las elecciones internas de los partidos y que el próximo año serán las elecciones generales, resulta importante para el país y para el futuro gobierno que se logre negociar un nuevo acuerdo con el FMI, posiblemente otro “stand by”, para evitar que -como siempre sucede- por las presiones políticas se pierda la estabilidad macroeconómica que se ha logrado en estos dos años.

Dada la situación de la economía mundial, donde la crisis de deuda Europea mantiene en vilo al mundo, y la propia situación interna de Honduras, no podemos agregar otra incertidumbre por el manejo de la economía.

Un marco macroeconómico estable es un elemento imprescindible para atraer inversión privada, especialmente ahora que la imagen país está tan deteriorada en el exterior por la inseguridad y el crimen organizado, con efectos negativos sobre el turismo, la inversión y la cooperación internacional, como lo indica el retiro del Cuerpo de Paz y de los programas de apoyo a las universidades nacionales.

Lo anterior no significa que como país debemos sentirnos satisfechos con los logros macroeconómicos. La realidad es que estos avances no se han traducido en mejoras en las condiciones socioeconómicas de los hondureños.

El desempleo y los deficientes servicios en educación y salud siguen gravitando sobre las familias pobres, mientras que los organismos contralores no funcionan, por lo que la impunidad sigue imperando en el accionar público-privado debido al débil andamiaje institucional del país.

El peligro de la pérdida de disciplina se ve acrecentado por la ambición de los que buscan el poder desde el poder, haciendo uso de los recursos públicos como si fueran propios. No lo permitamos.