Opinión

Salud, educación y campaña política

Durante las campañas políticas, independientemente del partido al que pertenezcan los candidatos o la ideología que profesen, siempre hay algo en lo que coinciden: que los sistemas públicos de salud y educación son básicos para mejorar las condiciones de vida de la población.

Por supuesto, todos -que también coinciden en que gobernarán para beneficio de los pobres, los marginados, los más débiles- prometen que al llegar al poder invertirán “más en la salud y en el educación del pueblo”.

Mucho de eso, en diferentes tonos, formas e intensidades, se escucha con más fuerza en estos días cuando se acercan las elecciones internas y los precandidatos a Presidente de la República, a alcaldes de ciudades y pueblos y a diputados al Congreso Nacional, aparecen por doquier.

La mayoría de ellos ya han estado antes en puestos de decisión y no han hecho nada ni por la salud ni por la educación ni por ningún otro asunto de interés para el pueblo.

Entre tanto, en el mundo real, en el que vive la inmensa mayoría de los hondureños, el abandono en que se encuentran la salud y la educación nacional es cada vez más obvio, más patético, más dramático.

Las enfermeras auxiliares siguen en huelga y también anuncian que harán lo mismo sus colegas profesionales y los trabajadores sociales. Los maestros anuncian “asamblea informativa” para mañana y los empleados administrativos de la secretaría de Educación también están en “pie de guerra”.

El hecho de que ayer en la mañana debieron suspenderse las operaciones quirúrgicas de emergencia de tres menores de edad en el principal hospital del país por la falta de enfermeras en los quirófanos es solo ejemplo de cómo las huelgas perjudican a los más necesitados.

Enterarnos que solo 22 lempiras por alumno ha invertido el Estado hondureño en la compra de libros en los dos últimos años nos dice la verdadera importancia que los políticos ya en el poder le conceden a la educación y a sus demás compromisos y promesas.

El ruido electoral irá in crescendo, con un escenario cada vez más equipado para estridencias y hasta espectáculos mágicos; pero esa dura realidad diaria que vemos en las escuelas y colegios y en los hospitales y centros de salud, debe servir para que los votantes lo piensen mejor y nieguen de plano el apoyo a quienes ya antes prometieron y ya antes incumplieron.

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