Según nuestro “Ilustrado” presidente Porfirio Lobo, los médicos son “uno de los sectores más privilegiados”; muy probablemente nuestro erudito mandatario, extrañamente, no conoce el significado de privilegio, por lo cual se lo aclaramos. Según la Real Academia de la Lengua Española, privilegio es una “exención de una obligación o ventaja exclusiva o especial que goza alguien por concesión de un superior”.
Los médicos, como todos los profesionales, gozan del respeto, la consideración y reconocimiento de la sociedad por sus méritos y, aquí cabe aclarar, que un mérito es, según la misma fuente bibliográfica antes mencionada, la “acción que hace al hombre digno de premio o de castigo”.
Dentro de estos reconocimientos se incluye el económico, pues se ciñe al principio de justicia que establece que todo trabajo debe ser remunerado, bien sea en dinero, en especie o en gratitud pura.
En el caso de los profesionales médicos, en nuestro país reciben un salario digno, pero que en algunos casos es inferior al que reciben algunos empleados de baja formación y cuyo único “mérito” es ser activista, amigo, amiga o familiar del politiquero de turno. Esto puede ser fácilmente constatado en instituciones del gobierno central, instituciones semiautónomas y autónomas.
Los médicos son un grupo de personas que se han dedicado toda su vida a prepararse; pero a prepararse de verdad --no como se menciona en un
anuncio de la onerosa campaña publicitaria del dignatario--, con estudios universitarios que van de 8 hasta 14 o 15 años en el caso de algunos subespecialistas, y que reciben un salario de acuerdo a su esfuerzo, a horas de sueño perdido, horas de sacrificio a la vida familiar .
Esto de ninguna manera puede catalogarse como un privilegio, es un mérito ganado a pulso; aparte
de la ayuda divina y el esfuerzo de la familia, nadie nos concedió nada. En muchos casos se recibe este salario 10 meses después, con deducciones para el partido en el poder, un tipo de impuesto de guerra. Si denuncia, le “cortan el contrato”.
El único privilegio que tenemos la mayoría de los médicos es influir positivamente en la vida de nuestros congéneres, salvar vidas, ser el primero en cargar un ser humano cuando viene a este mundo.
De paso, para que nuestro docto Presidente recuerde: cuando se le paga un emolumento monetario a un médico se le llama honorarios, porque el hecho de ayudar a restaurar la salud o salvarle a la vida a alguien no tiene precio, no podría pagarse con ninguna cantidad de dinero.
En nuestra sociedad, desafortunadamente, la mayoría no recibe un salario justo, no reciben lo que se merecen. Los únicos que reciben más de lo que se merecen son los políticos; ellos sí son una clase privilegiada, con honrosas excepciones, y en algunos de los casos reciben investiduras para las cuales no han hecho el mínimo de méritos a pesar que infructuosamente dedicaron toda su vida a ello.
La buena noticia es que nuestro Presidente está por hacer lo mejor que ha podido y podrá hacer por Honduras; eso ocurrirá el próximo 27 de enero.