Opinión

Por quién votar

Hace pocos días una sampedrana que escucha nuestro programa radial me lanzó una difícil pregunta, ¿por quién debería votar el pueblo para no volver a equivocarse?

Debido a que la consulta me tomó por sorpresa, y por lo delicado de la misma, no le respondí en el momento, pero prometí hacerlo más adelante.

Esa interrogante evidencia la preocupación de estratos ilustrados de la población respecto a quién es la persona idónea para convertirse en el próximo presidente, en muchos compatriotas se percibe el deseo de no seguir errando en esa escogencia.

La Iglesia Católica y Evangélica han adelantado recomendaciones a sus fieles, indicando que para la próxima elección interna y la general el votante tiene la delicada misión de examinar con lupa a todos los candidatos a cargos de elección popular, principalmente a los presidenciables. Hoy más que nunca se debe evaluar la conducta individual y familiar de los postulantes; además, el origen de sus bienes, si los han adquirido rápidamente o son producto de una vida de trabajo honrado. También si sus palabras no contradicen sus acciones, porque la mayoría de ellos han ostentado cargos públicos y lo único que han hecho es administrar la pobreza o lucrarse de ella.

Al escoger al próximo presidente se debería analizar quién de los aspirantes tiene la firme determinación de luchar contra el mayor flagelo que mantiene en crisis esta sociedad, la escandalosa corrupción pública. La mayoría de los problemas del país se verían disminuidos o atenuados si tan solo tuviéramos un gobernante que no tolerara la corrupción de sus funcionarios y que fuera ejemplo de honradez y honestidad en el manejo de los escasos recursos gubernamentales.

Los hondureños deben preguntarse por qué la mayoría de los precandidatos no abordan ni se comprometen en el tema de la corrupción. La razón es sencilla, es porque no tienen la autoridad moral para emprender esa lucha, porque comprometerse en esa tarea espantaría a sus financistas y sus íntimos colaboradores que son los mismos corruptos de siempre.