Opinión

Mal bolado

La palabra bolado encierra en Mesoamérica un significado incógnito: “anda en bolados raros”, “a saber en qué bolado están esos”... “Mirá qué bolado” es admiración por mujer bella pero desconocida, la esposa propia o del amigo jamás son “buen bolado”, implicaría irrespeto y confusión.

Y por lo mismo, la palabra juega dentro del argot o jerga de clandestinidad: “haceme un bolado” comprende desde un préstamo monetario a sicariar a alguien. Con todo, hasta ese nivel es solo solicitud. Pero cuando un sujeto ruega al otro “haceme el bolado” es que es imperiosa necesidad, indetenible urgencia, quizás asunto de vida o muerte. Son las sutilezas de la lengua que aprendemos a estudiar algunos pero cuyas finezas manejan otros con absoluta exactitud y naturalidad, tanto que del buen uso del sustantivo puede depender la existencia de alguien.
Bolado y medio el ocurrido sobre el río Patuca hace mes y medio.

El vocero policial mintió al instante afirmando por radio que la muerte de cuatro ciudadanos había sido ocasionada en defensa propia de la autoridad y que narcotraficantes habían disparado inicialmente desde un pipante misquito.

Luego se vino a saber que en la zona operan ahora helicópteros artillados de la DEA (agencia norteamericana contra estupefacientes) supuestamente con policías hondureños a bordo –lo que mil obstáculos impiden comprobar–.

Más tarde el gobierno del lobo aceptó que guardias locales habían hecho fuego sobre el pipante, pero casi simultáneamente autoridades norteamericanas reconocieron que el equipo letal de la nave es dirigido y operado exclusivamente por ellos; interesante contradicción.

Hace dos semanas ocurrió otro bolado. Una avioneta nocturna se estrelló en Gualaco, la que se incendió carbonizando a sus dos ocupantes, accidente “normal”.

Los vecinos entrevistados por EL HERALDO coincidieron, no obstante, en que previo al fragor último el área fue intensamente circundada por rotores de helicópteros en alta velocidad, mientras que los fiscales arribados al sitio advirtieron que las hélices de la nave exhibían perforaciones de bala. Lo cual significa, por ende, que el aeroplano fue abatido aunque ignorado por quién. El State Departament de EUA se apresuró a declarar, entonces, que existe una nueva política suya de combate a las drogas y que consiste en la intervención bélica directa, no solo de ojos tras el radar…

Lo cual no ofrece problema, es otro bolado. Excepto que el Título V de la Constitución Política vigente, “De los Poderes del Estado”, Capítulo I “Del Poder Legislativo”, “Artículo 205. Corresponden al Congreso Nacional las atribuciones siguientes. 26. Autorizar o negar el tránsito de tropas extranjeras por el territorio del país” pareciera oponerse a lo que ya es obviamente una intromisión militar en asuntos nacionales y, quién duda, otra más de las ya consuetudinarias entregas meretrices que los gobiernos hondureños hacen con la soberanía patria.

Hasta donde se conozca ninguna solicitud para ese permiso ha acontecido ni los tratados de cooperación entre ejércitos –de categoría legislativa menor, como el de 1954 ampliado entre EUA y Honduras– son superiores en letra ni espíritu a la Constitución. ¿O asistimos a otra aproximación al Estado fallido?

Pues en el instante en que el país cede cualquier ámbito de su jurisdicción estructural a agentes externos, como los de DEA, enfatiza su deterioro constitucional, agregado al potencial abuso de derechos humanos –causativo de reclamo y demandas– ya que es incorrecto prejuzgar y ametrallar sin evidencia concreta a una aeronave que ingresa al territorio (no estamos en guerra), pudiéndose tratar de un vehículo aéreo extraviado, dañado en sus instrumentos de comunicación, en procura de auxilio y no forzosamente portador de droga.

¿Qué asegura que pronto no ocurra un severo error y que por torpes cálculos se abata una línea comercial? ¿Quién autorizó a que nuestros cielos sean hoy “protegidos” por fuerzas extranjeras, con expedito derecho además a decidir sobre vida y muerte, estilo César imperial?... Torpe bolado vivimos otra vez.