Opinión

'La educación prohibida”

“Hoy en día la educación está prohibida. Muy poco de lo que pasa en nuestra escuela es verdaderamente importante. Y las cosas que importan no se anotan en ningún cuaderno ni en ninguna carpeta. ¿Cómo encontrarnos con la vida? ¿Cómo enfrentarnos a las dificultades? No lo sabemos, no nos lo enseñaron. Hablan mucho de educación, progreso, democracia, libertad, un mundo mejor… pero nada de eso pasa en el aula…”.

Con estas palabras arranca el “Discurso de los estudiantes”, que sirve de marco dramático al documental “La educación prohibida”, y que puede ubicarse en el enlace web: http://www.educacionprohibida.com

Este documental ha tenido especial acogida entre los estudiantes de licenciatura en pedagogía de la UNAH y vale la pena reflexionar sobre el mismo. Considero que la lectura de las siguientes líneas ayudará tanto al profesional de campo educativo como al lector casual, a formarse una opinión más fundamentada sobre algunos aspectos de la vida educativa.

¿En qué consiste la película-documental citada? Básicamente es una serie de entrevistas a distintos docentes, pedagogos, teóricos y practicantes de la educación de países de habla hispana que se expresan sobre el hecho educativo, estableciendo fuertes críticas respecto al estilo escolar que se maneja comúnmente en España y América Latina.

Divido entonces mis argumentos en dos partes; en un primer momento reviso ciertas propuestas a favor de una educación más a tono con las demandas que lanza el mundo moderno –que giran especialmente en torno al modelo por competencias— y en un segundo momento establezco algunos aspectos sobre los que debería tenerse cuidado y cierta reserva, pues de aceptarse acríticamente tendríamos más un retroceso que un adelanto en materia educativa.

¿Qué es lo mejor de “La educación prohibida”? Podemos coincidir radical y tajantemente en redescubrir a través de sus imágenes y discursos que es necesario un cambio en la educación. Si bien como afirma en la obra “Los fines de la educación” el autor español Juan Delval, la educación es algo que está en crisis permanente en la época contemporánea, ya que está inmersa en el mar social, que no es nada apacible, sino atravesado por fuertes oleajes, tormentas y hasta tsunamis que estremecen todo lo que está a su paso, es entonces sumamente lógico que la educación, como el resto de elementos propios de la vida social, sufra continuas transformaciones en la forma de renovaciones, involuciones, revoluciones… que por momentos nos trastornan y confunden.

Desde esta perspectiva se puede valorar la serie de competencias que la película propone para los estudiantes y para los docentes.

Así tenemos por ejemplo: el aprendizaje significativo por ambas partes; así pues, no solamente el estudiante aprende, el maestro es el primer alumno en el aula ya que por su experiencia y formación teórica es capaz de percatarse con mayor clarividencia de los cambios en los modos culturales que están surgiendo a través de la observación de las actitudes y comportamientos de los jóvenes, y por lo mismo, hacer las variantes didácticas convenientes para celebrar momentos de clase que sean atractivos y bien asimilados por los niños y jóvenes con quienes comparte jornada.

Es decir, la clase no aburre, pues hay alguien que la planifica de acuerdo a las personas que encontrará y sabrá adaptar los contenidos a sus necesidades vitales.

En esta atmósfera, los estudiantes sabrán acercarse al docente no como un “superior” en conocimientos, sino como un acompañante en la aventura de aprender.

Otro elemento a destacar positivamente es el relato histórico sobre estilos educativos... desde la antigua Grecia hasta la educación prusiana y moderna…; en el fondo se busca criticar las tendencias maquinistas y la memorización en bruto, lo que es escenificado humorísticamente por un trío de chicas que “aprenden la lección de biología” repitiendo a coro “ácido desoxirribonucleico” sin seguramente entender el sentido de esta fórmula.

Sin desprestigiar el valor de la memoria como competencia básica para todos los tipos de inteligencia, siempre es bueno recordar que memorizar por memorizar no aporta al verdadero aprendizaje.

Habría más aspectos a considerar positivamente, pero pasemos a los aspectos por mejorar: el documental establece una crítica a la educación moderna donde la institución escolar en sí misma parece ser algo más peyorativo que constructivo, donde se destacan más sus pecados que sus virtudes y se tiende a negativizar la imagen del docente y a exaltar la figura del estudiante.

Si atendemos al trasfondo, se puede adivinar una tendencia roussoniana en el tratamiento del tema. Juan Jacobo Rousseau fue un pensador francés multifacético del siglo XVIII que propuso en su obra “Emilio” la idea de la bondad natural de la persona humana.

Por ello, exalta un estilo pedagógico basado en el juego y la libertad, propiciando la curiosidad natural, atender a la reflexión activa, donde el docente deberá seguir el “curso natural de las cosas” y no forzar aprendizajes o tomar posiciones eminentemente directivas en el momento educativo, ya que como se dijo antes, el ser humano es bueno por naturaleza y la misión educativa consistirá en procurar conservar esta naturalidad (enseñando a controlar el egoísmo y otros instintos, que si bien son naturales, no son precisamente buenos para la vida social). Proporcionalmente considerado, el documental está bastante inclinado a la tendencia explicada, que si bien tiene sus riquezas a nivel de ejercicio pedagógico y didáctico, puede desfigurar el sentido de “educar”.

Educar significa entrar en una ruta de formación donde el docente acompaña pero a la vez sabe conjugar elementos que no siempre estarán en sintonía con el “gusto natural” del educando; por ejemplo, la disciplina, el rigor de la puntualidad en las tareas, la memorización de datos claves, incluso sabe aprovechar el miedo al fracaso como acicate motivador para los aprendizajes.

Todo ello mediado por la sana prudencia y la inteligencia pedagógica que logrará hacer ver a los estudiantes que estas exigencias son para su bien.

Concluyendo, entonces, la visión crítica del documental analizado invita a no venderse a los extremos, saber ser educadores equilibrados, tomar lo mejor de la propuesta y aplicarla con sabiduría a nuestro propio contexto catracho latinoamericano.

En este sentido, y haciendo conexiones con un hecho puntual ocurrido en la UNAH al iniciar este año lectivo, podemos considerar como esperanzador el conjunto de reuniones que las autoridades universitarias, comenzando con la rectora, la vicerrectora académica y decanos, están teniendo con los docentes de cada facultad.

En estas reuniones se está presentando un diagnóstico de efectividad de la gestión académica por facultad y se está invitando a lograr un desempeño por resultados. Un docente que tomó la palabra en la plenaria que cerró la reunión de la Facultad de Humanidades y Artes, exclamó: “Esta reunión debió hacerse hace chorro mil años…”, expresando con ello la necesidad de que el servicio de la autoridad en la máxima casa de estudios sea ejecutada no solamente con actos de gobierno, sino también de animación.

O sea, que el docente universitario sienta que su labor se valoriza y que la autoridad está próxima tanto para exigirle un buen trabajo como para crear momentos de diálogo y conocimiento mutuo. Esta es la verdadera potencia de la educación, dinamizar climas de crecimiento y desarrollo humano para todas y todos. Esperemos que el proceso no se detenga y que el aumento en construcciones físicas de Ciudad Universitaria sea llevado a la par de la construcción del capital humano de la misma.

Ello nos permitirá superar los peligros denunciados en “La educación prohibida”, donde el mejor docente es aquel que está abierto a seguir aprendiendo, en especial de aquellos que dirigen y animan su labor; es decir, las autoridades universitarias y también, no vale olvidarlo, los propios estudiantes.