En estos momentos en que estamos iniciando un nuevo ciclo electoral en nuestro país es importante recapacitar sobre algunos aspectos relacionados con la democracia, palabra que en los próximos 18 meses estaremos escuchando de parte de los aspirantes a cargos de elección, con mucha frecuencia.
La democracia o el “gobierno del pueblo”, es vista como la forma ideal de gobierno que las civilizaciones modernas tratan de crear o preservar. Como decía sir Winston Churchill, “La democracia es la peor forma de gobierno, con la excepción de todas las demás formas que se han probado”. La democracia tiene como finalidad central permitir una amplia representación y la inclusión del mayor número de personas y puntos de vista como sea posible, para lograr el funcionamiento de una sociedad justa y equitativa. Igual de importante, la democracia también debe servir para controlar los abusos de poder y la manipulación por parte de unos pocos en detrimento de las mayorías.
Para que la democracia funcione, en los países deben prevalecer algunos principios fundamentales como ser elecciones libres, honestas y abiertas, el cumplimiento de la ley y una separación de poderes, bajo el concepto que esta separación evitará el surgimiento de dictaduras, el autoritarismo y similares. Otros principios complementarios son el control militar por los civiles, la existencia de una prensa independiente, la libertad de expresión, la rendición de cuentas y la transparencia.
Algunos países comienzan a educar a sus niños sobre política y aspectos elementales de su sistema de gobierno, con el propósito de que al ser adultos entiendan cómo funciona la democracia y exijan a sus gobernantes que se comporten conforme a principios democráticos.
A su vez, la representatividad genuina de un gobierno depende altamente de la participación ciudadana en las elecciones. ¿Cuántas veces se han elegido presidentes con un porcentaje minoritario de la población? Esto se da por la poca concurrencia de votantes y lo cerrado que son algunas elecciones, provocando así un vacío de representatividad para algunos gobernantes. El ausentismo se da por muchas razones como ser apatía, desencanto con los partidos políticos, falta de representación de la gente y en algunos casos, hasta intimidación.
Al estar a las puertas de un proceso electoral, estamos obligados a exigir a los políticos que recapaciten y aprendan de sus experiencias y a los ciudadanos que valoren su voto. Debemos luchar porque nuestra democracia deje de ser simplemente electorera, en donde una vez finalizadas las elecciones los ganadores hacen a un lado los intereses de las mayorías y se concentran en gobernar para su propio beneficio y de los que los rodean. Entendamos que la democracia es una forma de organización del poder en la sociedad con el objetivo de proteger los derechos de los ciudadanos pero exigiendo el cumplimiento de las obligaciones a todos, evitando o limitando la dominación de individuos o grupos que impidan la búsqueda del bien común.
Cuando nos referimos a derechos, estamos hablando de libertad individual, libertad de expresión, pensamiento y religión, derecho a la justicia y a la propiedad. Además, tenemos el derecho a participar en el ejercicio del poder político o a integrar una autoridad política o como elector de sus miembros, así como a gozar un mínimo de bienestar económico y social, conforme a los estándares predominantes en la sociedad.
Honduras, al igual que otros países de América Latina, es un país donde existen fuertes desigualdades y asimetrías de poder, que se manifiestan en particular en una pésima distribución del ingreso y la concentración del poder en grupos minoritarios influyentes -políticos, empresarios y gremios-. Es el Estado el que tiene que intervenir para lograr una acción redistributiva y equilibradora que permita la convivencia armónica entre los distintos segmentos de la población.
En nuestro país no podemos seguir viviendo con base a la escasez. Es decir, como pensamos que todo es escaso entonces los más fuertes se valen del poder para acaparar lo que consideran de valor, con el contubernio de las clases políticas. Transformemos nuestra democracia electorera por una donde el bienestar del ciudadano en general sea el objetivo central y garanticemos los derechos, pero con el deber del ciudadano de ejercerlos respetando los derechos de los demás.