Muchas autoridades e intelectuales hondureños manifiestan que nuestro pueblo pobre tiene baja autoestima y que se hace necesario elevarla, haciendo entender que la causa de la pobreza e indigencia es la baja autoestima, como si una familia indigente o en la línea de la pobreza tiene la capacidad económica o la fuerza espiritual normal de levantarla así por así. Es materialmente imposible y sucede solo en casos especiales y extraordinarios.
Existen millones de hondureños que viven en los niveles de pobreza e indigencia, que sin ayuda directa o sin brindarles oportunidades reales de generarse ingresos se mantendrán allí.
Es fácil emitir juicios ligeros sobre que la gente pobre carece de autoestima o la tienen baja, cuando no tiene comida, salud, menos educación y vive en condiciones infrahumanas. No es correcta esa apreciación. Ellos necesitan oportunidades.
En este sentido, es vital establecer programas sociales agresivos, permanentes y sostenidos para poder, en primer lugar, quitar el hambre, supliendo a estas familias el alimento básico. Bajando esa presión, comenzarán a pensar en llevar a sus hijos al centro educativo y de salud. Superadas estas etapas, esta misma gente estará en la condición de valorar el camino recorrido y hará las diferencias de esa época que vivía en dificultades y tomaban sus alimentos unos de la basura otros simplemente sin acceso a la condición actual de recibir el beneficio del programa social.
En la cotidianeidad que viven las familias pobres e indigentes reciben la visita no deseada y permanente del hambre, la falta de agua potable, la falta de salud, la falta de educación y la exclusión social. La influencia de la autoestima en esos momentos es poca o nula, porque se está caminando en la línea de muerte o vida. En este caso, lo primordial y natural es resolver el problema de comida y evitar que mueran de hambre los más vulnerables: los niños.
Es urgente poner en la bolsa de esta gente pobre e indigente dinero y garantizarles su bolsa de comida, hasta un nivel de estabilización física y mental que fortalezca el mismo espíritu, solamente así su autoestima comenzará a fortalecerse y las mismas familias analizarán y buscarán poco a poco independizarse de los programas sociales.
La autoestima se empieza a formar a partir de los mensajes que recibimos cuando somos niños y no tenemos la capacidad de pensar y analizar dichos pensamientos, mantenemos el nivel de nuestra autoestima con nuestra manera de pensar. Por lo tanto, cambiando nuestra manera de percibirnos y de evaluarnos, podemos modificar nuestro nivel de autoestima.
Pero autoestima no es creer que todo lo hago bien, sentirme superior a los demás, ser egoísta, ser orgulloso, pensar que siempre voy a tener éxito. La autoestima es el reconocimiento del valor inalterable como ser humano.
Citaré al Brasil como ejemplo. Un país continental y con muchos atributos que el expresidente Luis Inacio Lula da Silva logró aprovechar llevando a esta gran nación del sur a convertirse en la sexta economía del planeta. Pero también logró reducir la pobreza y elevar la autoestima de millones de brasileños y a otros a creársela, a través de programas sociales que lograron disminuir la desigualdad. Los programas sociales, a manera de ilustración, fueron y siguen siendo: Bolsa familiar; entrega de títulos de propiedad; Fondo de manutención y desarrollo de educación básica; Programa de universidad para todos; inversión en universidades públicas, educación de calidad, pública y gratuita; Hambre cero; Plan nacional para la erradicación del trabajo esclavo.
Este programa Bolsa familiar consiste en una transferencia de dinero a los hogares más pobres, que se entrega mensualmente a las madres y que exige como contrapartida mantener a los niños en el sistema escolar y llevarlos periódicamente al medico, lo cual contribuye a prevenir enfermedades, combatir la deserción escolar y atacar el empleo infantil.
En este sentido, unámonos todos y orientemos nuestros esfuerzos, la empresa privada y pública, organismos internacionales y el pueblo mismo que se encuentra en la línea de fuego de la pobreza e indigencia, para construir esa plataforma impulsora dinámica para sacar a este pueblo de la pobreza.