Opinión

¿Hacia dónde va la reforma educativa?

Ya es una verdad aceptada que la reforma, en cualquier actividad de la vida social, necesita de reformadores; por eso, una de las debilidades que tienen actualmente los cambios que se están dando en la educación nacional, tanto en los niveles básicos como en la educación superior, es la ausencia de propuestas de reforma al más alto nivel de la gestión pública, me refiero al Ejecutivo.

El cambio de una situación de anarquía que venían sufriendo las instituciones, Secretaría de Educación y Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), a una situación de gobernabilidad, más ha obedecido a un impulso casi individual de los titulares de las entidades responsables de conducir la educación en sus diferentes niveles; esto que pone en alto el nombre de la rectora Julieta Castellanos y Marlon Escoto, ministro de Educación, se convierte en una debilidad a la hora de valorar la continuidad de la reforma educativa, habida cuenta que una reforma en toda su extensión necesita del concurso de un amplio grupo de personas comprometidas.

Las condiciones subjetivas están dadas, un liderazgo que se percibe en amplios sectores de la sociedad hondureña es garantía para promover cambios significativos en los contenidos de la educación, mejorar las condiciones físicas y pedagógicas de las instalaciones, sobre todo en el nivel de primaria y secundaria; no hacerlo, probablemente echaría por tierra todo lo que se ha hecho hasta ahora y se malograría una oportunidad de impulsar la educación como aspecto básico, si es que se quiere que la nación transite por caminos de progreso y desarrollo social.

La responsabilidad en la continuidad de los cambios es del presidente Juan Orlando Hernández, quien hasta ahora ha sido muy parco en sus declaraciones respecto al tema, ocupado como ha estado en los aspectos que tienen que ver con la seguridad, no da señales de atender uno de los temas básicos que en gran medida ayudaría a la promoción de ciudadanía activa y responsable, de cara a la situación de inseguridad que vive el país.

EL salto hacia una reforma sustantiva no será posible si en las altas esferas gubernamentales no hay voluntad política para hacerlo; recuérdese que una reforma, en este caso en la educación, necesita de una asignación de recursos que ya en el caso de la UNAH, son recursos normados por la ley fundamental de la nación, la Constitución de la República; además, se requieren cambios institucionales que modifiquen un sistema laboral excesivamente proteccionista en favor de los trabajadores, por un sistema laboral donde, sin negar derechos, conduzca al cumplimiento de obligaciones en el desempeño de la actividad docente con pertinencia y calidad.

En Honduras, pareciera existir un destino manifiesto donde lo bueno no crece, basta que un gobierno sospeche que un funcionario adquiere prestancia ante la opinión pública por sus ejecutorias, para que este empiece a conspirar en contra de los cambios y tuerza el rumbo seguido por los mismos.

Muchas veces los gobiernos desconocen que cuando apoyan causas justas, los primeros en ser reconocidos en la historia son ellos, desde luego, esto ocurre cuando la voluntad de cambio forma parte de sus agendas y ven las transformaciones como posibilidades y no como amenazas a sus mezquinos intereses. Ojalá, en este caso, no estemos frente a una situación que nos retrotraiga a ese pasado funesto de conflictividad que tanto daño le hizo a la educación.

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