La denominada Primavera Árabe ha sido considerada la primera gran oleada de protestas democráticas del mundo árabe en el presente siglo.
Detrás de estas protestas se encuentran factores estructurales y demográficos, años de duras condiciones de vida marcadas por el desempleo, injusticia política y social y la concentración de los beneficios generados por economías en crecimiento en unas pocas manos, a lo que se añaden regímenes corruptos y autoritarios.
Según algunos expertos en el tema, la globalización que permitió difundir las ideas de Occidente a la población árabe y la formación de grandes redes sociales por medio del Internet, sirvió para amalgamar a un gran número de jóvenes, que a diferencia de sus generaciones predecesoras cuentan con mejores niveles educativos, en la búsqueda de transformaciones políticas y sociales.
Adicionalmente, la profunda crisis económica que afecto a los países del norte de África, así como al resto del mundo, haciendo más acuciante la precariedad social y la pobreza, fue otro detonante al producir la elevación del precio de los alimentos y otros productos básicos.
A raíz de la crisis financiera y económica mundial que ha elevado dramáticamente los índices de desempleo en países como España, Grecia, Portugal, los ciudadanos también han salido a la calle a protestar por las medidas de austeridad tomadas por sus gobiernos, exigiendo al mismo tiempo que
los burócratas tomen también su dosis de medicina amarga y aporten su cuota de sacrificio.
Ahora resulta que en un país considerado modelo para América Latina como Brasil, los ciudadanos han salido a la calle a protestar esgrimiendo como excusa la enorme cantidad de recursos que se han invertido en preparación para el campeonato mundial de futbol y el incremento en el costo del transporte.
A medida que las protestas avanzaron, los brasileños sacaron a luz las frustraciones reales que los llevaron a las calles como ser la deficiencia en los servicios públicos de transporte, salud y educación, la falta de inversión y la corrupción.
La ola creciente de ciudadanos ha obligado a la Presidenta de este país a proponer un plebiscito para una reforma política, ofrecer un plan de inversiones para mejorar el transporte público y la aprobación de una nueva ley que clasifique la corrupción como un “crimen hediondo”, al igual que los asesinatos y las violaciones.
En varios países, la ralentización del crecimiento económico es lo que ha impulsado el creciente descontento popular.
Esto pone de manifiesto que los países no hicieron la tarea que les correspondía durante los años de bonanza y dejaron sin resolver problemas estructurales, como ser la falta de eficiencia y eficacia de las instituciones del sector público, desequilibrios constantes en las finanzas públicas, falta de redes de protección social libres de intereses políticos y focalizadas hacia las personas que realmente las necesitan y funcionamiento del Estado de Derecho.
Lo que estamos presenciando en la actualidad es lo que podemos denominar el alzamiento de esas mayorías silenciosas que durante años han soportado gobiernos dictatoriales e ineficientes, el abuso de los políticos, los actos de corrupción, los malos servicios públicos, la educación deficiente que reciben sus hijos, el desempleo y el hambre.
Estas reacciones son una forma de decir a los gobernantes y a los políticos “basta ya”.
Los países necesitan cambios para atender estas demandas de los ciudadanos. No se trata de recurrir a gobiernos populistas ni a sistemas como el mal llamado Socialismo del Siglo XXI. Se necesitan liderazgos democráticos, honestos, visionarios y que actúen en función de los mejores intereses de los ciudadanos.
Se trata de crear un ambiente donde se pueda atraer la inversión privada, se logre un crecimiento alto y sostenido, se genere empleo productivo y se haga un uso eficiente de los recursos públicos.
Se trata de despolitizar las instituciones del sector público y de hacer que la ley funcione para enviar los corruptos
a la cárcel.
Si en Honduras seguimos haciendo lo mismo de siempre, los resultados que obtendremos serán los mismos de siempre y más temprano que tarde, nuestros ciudadanos saldrán a la calle a protestar.
Promovamos la transformación de nuestro país sin importar ideologías fracasadas y buscando el bienestar de la colectividad, conscientes que transformar un país toma muchos años.